COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Teletrabajo real y gubernamental

Los tres poderes del Estado están ya afectados por la incidencia del coronavirus. Incluso la primera magistratura, el Rey y su familia se han sometidos a las pruebas para comprobar si han contraído la enfermedad. La publicación del positivo por el virus de la ministra de Igualdad, Irene Montero ha motivado que todo el Gobierno se haya visto obligado a someterse a ellas y lo que les obligará a hacer lo que muchos compatriotas, teletrabajar desde sus casas y mantener contacto con sus colaboradores mediante las nuevas tecnologías.    

Sería insensato dar una imagen de que la nueva situación produce algún tipo de desgobierno en un momento de crisis nacional, de carácter sanitario y económico, y que haya quien quiera pescar en este río revuelto, cuando los habitantes de la ciudades en los que se han cerrado todos los centros educativos ha descendido significativamente sus movimientos por las calles, que demostraría que las medidas preventivas están comenzando a calar entre la ciudadanía.

Toda la actividad política prevista para estos días estaba programada que se realizara mediante teleconferencias para evitar los contactos personales, tanto la reunión con los agentes económicos y sociales de ayer por la tarde, como la conferencia con los presidentes autonómicos y los contactos con los líderes de la oposición.  

Ni el Gobierno deja de trabajar ni el Congreso tampoco, a pesar de que el Hemiciclo se encuentre vacío.  "El Congreso no se cierra ni en guerra" , dijo en una acerba crítica la portavoz popular Cayetana Álvarez de Toledo, tras suspenderse la actividad de la Cámara Baja al conocerse el contagio por coronavirus del diputado de Vox, Javier Ortega Smith, que motivó la cuarentena de todo su grupo parlamentario, al que ha seguido el de la vicepresidenta segunda de la mesa, Ana Pastor, para dos días después, en la Junta de Portavoces, votar a favor de la suspensión de actividades durante quince días. Por razones evidentes se suprimió la comparecencia del ministro de Sanidad, Salvador Illa, bajo observación médica, y dentro de unos días se producirá la votación telemática de una serie de reales decretos a punto de caducar su tramitación. Paralización que no cierre, por lo tanto. Y es  necesario preservar la salud de los diputados porque la enfermedad no puede alterar el sentido de las votaciones.     

La posibilidad del contagio también ha rondado a la Familia Real. En el colegio de la princesa Leonor y la infana Sofía se registró un caso y las hijas de los reyes acudieron a clase antes de que se decretara el cierre de los colegios en la Comunidad de Madrid, y la propia reina Letizia acudió, el pasado día 6 de marzo, dos días antes de la manifestación por el Día de la Mujer, a una reunión de trabajo de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención de la Mujer Prostituida, en compañía de Irene Montero, motivo por el que los reyes se han sometido a las pruebas del coronavirus a pesar de encontrarse asintomáticos. 

Y entre todas las noticias procedentes del mundo político en el que los compromisos de lealtad con las decisiones de Gobierno están siempre en la cuerda floja, la presidenta in pectore de Ciudadanos, Inés Arrimadas, se ha mostrado dispuesta a aprobar unos presupuestos de emergencia nacional con una actitud bien distinta a la manifestada desde el Partido Popular.  Habrá que esperar el recorrido de esta propuesta y la generosidad de que son capaces todos los partidos.