Los incunables perdidos desde 1904

Aurelio Martín
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Roberto García, izquierda, junto con Fermín de los Reyes - Foto: ROSA BLANCO

Segovia llegó a contar con 44 libros impresos entre 1471 y 1500, de los que 10 fueron enviados a la Biblioteca Nacional, en 1904, desconociéndose el paradero del resto.

La Biblioteca Provincial de Segovia llegó a contar con 44 incunables, impresos entre 1471 y 1500, según los distintos inventarios, pero en la memoria de 1899 quedaban 34, que ahora están en paradero desconocido, después de que 10 fueron enviados, en 1904, a la Biblioteca Nacional, dirigida entonces por Marcelino Menéndez Pelayo. ¿Qué ha ocurrido con los demás?, es un misterio, sostiene el investigador de la Universidad Complutense Fermín de los Reyes, doctor en Filología Hispánica.

De los Reyes, que encabeza un proyecto de investigación cuya finalidad es recopilar y describir los incunables españoles, ha seguido las pista de estas joyas del patrimonio bibliográfico que estaban depositadas en Segovia, aparte de otros fondos, pero llega un momento en que se pierde su destino.

Está documentado que, por una Real Orden fechada el 18 de febrero de 1904, se debían enviar los incunables y manuscritos de la Biblioteca de Segovia a la Nacional, justificándolo con que los eruditos pudieran consultarlos con facilidad sin tener que ausentarse de Madrid, y para evitar riesgos para los libros. 

El 27 de febrero de ese año se factura un cajón desde Segovia con 78 volúmenes, entre ellos 10 incunables, 30 manuscritos, 26 volúmenes del siglo XVI y dos del XVII, que se reciben dos días después, catalogándose y registrándose, el 12 de marzo. En 1909 quedaban cuatro, pero, a día de hoy, no se sabe qué ocurrió ni con ellos ni con los otros hasta los 34 que quedaron en Segovia, apunta De los Reyes. 

El número de incunables españoles controlados está en torno a los 1.060, impresos en al menos 26 localidades, y se calcula que puede aumentar en un centenar, sobre todo por la localización de bulas de indulgencias y otros impresos menores en archivos y bibliotecas. El periodo incunable español transcurre desde 1450,  hasta el 31 de diciembre de 1500. 

En Segovia es anterior, en 1472, fecha que se imprimió el ‘Sinodal de Aguilafuente’, llevada a cabo por Juan Parix de Heidelberg.  La capital segoviana continúa encabezando la imprenta española, aunque hubo poblaciones como Barcelona, Valencia o Sevilla que contaron con imprenta en 1473.

Los diez incunables enviados desde Segovia a la Biblioteca Nacional están datados entre 1476 y 1497 y son de diversos temas, sobre todo religioso, sostiene De los Reyes. Hay dos españoles, uno de Zaragoza (1482) y otro de Zamora (hacia 1482-1484). La mayoría tienen tejuelo de la Biblioteca Provincial de Segovia y de tan solo uno se conoce el origen: el convento de San Francisco, actual sede de la Academia de Artillería. 

Hay un libro litúrgico, varios sobre las Sagradas Escrituras, otro con las obras del erudito latino Boecio y un tratado de Angelus de Gambilioni sobre los delitos.

Entre los manuscritos destaca el Seniloquium, colección de refranes de carácter popular, del siglo XV, unas obras de Petrarca, un tratado  contra el Talmud y disputa contra los judíos, del médico judeoconverso aragonés Jerónimo de Santa Fe, también del siglo XV.  

De Segovia, una crónica de Enrique IV, el libro de la fundación del Monasterio del Parral, unas informaciones sobre la vida y milagros de fray Juan de la Cruz (1616 y 1626-28), con firmas notariales autenticando los documentos, y otro libro con parte de los documentos que utilizó Colmenares para su Historia de Segovia, así como una historia de san Geroteo (1617) y otra de La Fuencisla (hacia 1690).  Para Fermín de los Reyes,  el problema de las bibliotecas se debe a que con la desamortización, en 1836, se movieron muchos fondos, incluso se vendieron. 

En los conventos en Segovia había unos 30.000 volúmenes,  de los que solo se conservan unos 4.256, por lo que se venderían más de 25.000.  Desde que se expropia y se expulsa a los frailes hasta que se hace un inventario y se va a por los libros pasan algunos años prácticamente sin control lo que conlleva una pérdida muy grande para el patrimonio, según De los Reyes. 

A partir de entonces surgen las bibliotecas provinciales que, en el caso de Segovia, abre en 1842, cuyo fondo antiguo proviene principalmente de la desamortización.  En el fondo antiguo existen ahora 549 libros, del siglo XVI; 752, del XVII; 2.535, del XVIII, y 420, del XIX; hasta 1836.
Cientos de religiosos salieron y los conventos quedaron abandonados a la espera de ser subastados. Mientras se hacían los inventarios, las bibliotecas y objetos de arte sufrieron el abandono, expolios y pérdidas notables de ahí que no esté todo lo que fue el patrimonio bibliográfico de Segovia, ya que muchos libros se quedaron por el camino o fueron a parar a otras bibliotecas, como la Biblioteca Nacional. 

En Segovia se realizaron inventarios de algunos de los conventos entre 1835 y 1836 con grandes diferencias: en unos las bibliotecas se conservaban bien y se relacionan los libros, pero en otros se habían perdido o estaban en pésima situación, por el suelo y faltos de hojas, por lo que ni se hace relación de ellos. Los inventarios más completos son los de Santa Cruz, San Gabriel y Los Huertos, en la capital, y el de San Francisco, de Ayllón, con miles de libros.

Tuvieron menos suerte el de San Francisco de la Hoz (Sebúlcor),  antiquísimos en pergamino, y algunos en tabla, pero en desorden e incompleto, con 1.263 volúmenes de los que hoy quedan solo tres; o el de San Bernardo, en Sacramenia,  una cantidad grande de volúmenes muy deteriorados, incompletos y desencuadernados.  A juicio de Fermín de los Reyes,  los inventarios conservados describen unos 20.000 volúmenes de 13 conventos, pero se desconocen los libros de otros 13, el más importante El Parral. Se puede calcular en unos 30.000 volúmenes los existentes en los conventos en 1835. Se vendieron de forma legal libros considerados inútiles, entre 1842 y 1845, para pagar los sueldos del bibliotecario y del portero, y para compra de otros libros.  Fueron un total de 2.200 arrobas (25.304 kilos) que, a kilo por libro, darían esa cifra. 

SINODAL. Aparte de los incunables que estuvieron depositados en la Biblioteca, en la capital se cuenta con otros en fondos de la Catedral de Segovia, del Obispado y de la Diputación Provincial. De los nueve libros que salieron de la imprenta de Juan Parix, seis se encuentran en la Catedral, desde el famoso Sinodal al vocabulario de términos jurídicos ‘Exposiciones nominum legalium’.   

El 24 de abril próximo la Biblioteca de Segovia acogerá la jornada ‘Incunables y patrimonio Bibliográfico’, para investigadores y directores de bibliotecas,  donde se abordarán estos temas, junto a una exposición también centrada en la imprenta en España y el fondo antiguo.  
De los Reyes y el director de la Biblioteca,  Roberto García Arribas, opinan que la muestra puede servir, incluso, para quien quiera reconstruir bibliotecas, como el Convento de la Hoz, el de San Francisco, o el de El Parral, pudiéndose estudiar encuadernaciones artísticas, platerescas o renacentistas debido a que el fondo antiguo es muy variopinto. 

Además, se pretende que la sociedad sea consciente de este patrimonio, con el fin de preservarlo, estudiarlo y difundirlo, ya que, a juicio de Fermín de los Reyes, «hay un valor que si se pusiera en euros a lo mejor cambiaría la perspectiva de las instituciones». 

 

La Biblioteca de Segovia cuenta con 245 ejemplares antiguos únicos en España 

La Biblioteca Pública de Segovia cuenta con 245 ejemplares de fondo antiguo, entre los siglos XVI y XIX, hasta 1835, únicos en España,  desde una traducción al francés de la Odisea y la Ilíada, de Homero, o un diccionario del viajero en francés-alemán-latín, que pone de relieve el interés por la cultura de fuera y en libros que no eran de habitual circulación. En su mayoría, según el investigador y profesor de la Universidad Complutense de Madrid Fermín de los Reyes,  procede de los antiguos conventos segovianos que se desamortizaron en 1835, al que se sumaron algunas donaciones y compras hasta fechas recientes.  Además hay 172 libros de los que solo hay un único ejemplar fuera de Segovia. 

El director de la Biblioteca Pública de Segovia, Roberto García Arribas, cifra las obras que hay en la actualidad en 17.412. Hasta llegar al moderno edificio actual, en 2016, también pudo influir en la merma de los fondos los continuos traslados a diferentes sedes:  la primera, el Hospital de Viejos, antiguo palacio de Enrique IV, que se abrió el 25 de junio de 1842, para trasladarse, en 1886, a la sede del Instituto Provincial de Segunda Enseñanza, actual instituto ‘Mariano Quintanilla’ que, al no reunir suficientes condiciones,  pasa a ocupar la iglesia de San Quirce y, desde 1948,  la antigua cárcel, en la Calle Real.

El fondo antiguo se encuentra en unas condiciones de conservación exquisita, tanto con temperatura y humedad reguladas y un sistema especial de prevención de incendios.  García Arribas subraya que este cuidado es esencial, hasta el punto de que el público no sabe que existe, cuando hay un gran contenido tanto de literatura, como de clásicos griegos o de ciencia.  No obstante, aclara, que solo se autoriza a investigadores acreditados, con el fin de preservarlo de problemas como mutilaciones, mal uso, incluso robo.

EXPURGADOS. Se pueden observar las marcas de procedencia de los conventos (ex libris), como el de San Francisco,  el de Villacastín o el de la Hoz. Hay ejemplares expurgados por la Inquisición, teniendo en cuenta que los llamados visitadores iban por las bibliotecas tachando parte de obras con tinta o colocando encima un papel.  De los Reyes afirma que hay desde una biblia políglota, con obras de historia, un tratado sobre relojería en francés (París, 1763), las obras de Newton (Lausana, 1744) que estuvieron en el Parral, o un tratado sobre las obras de Descartes y Newton (París, 1764), ejemplar único en España. Único también un diccionario del viajero francés-alemán-latín (1770), o una traducción al francés del Amadís de Gaula (Amsterdam, 1780), con tan solo dos ejemplares en España. También hay una buena colección de clásicos greco-latinos, la mayoría ejemplares muy raros.

Además hay que añadir una curiosidad,  las anotaciones, rastros de lectores que iban dejando, aparte de las indicaciones,  como una que aprovecha el papel en blanco para poner un remedio contra el mal de bazo, u otra informando sobre el terremoto de Lisboa, el 1 de noviembre de 1755, y notas de compra de los ejemplares. Una de las rarezas, por el contenido, es un arte de destilar aguardientes y licores (Madrid, 1824). Son muy pocos los libros procedentes de mujeres, incorporados más tarde, como Erasto o El Amigo de la Juventud. Reflexiones familiares (Madrid, 1797) de Fermina López. Las procedentes de San Francisco tienen la antigua signatura en la parte superior del lomo, con número de estante, de cajón, y número en él.  Otros ejemplares tienen hojas de otros impresos, o manuscritos, como guardas, con notas e incluso música, como el de la Historia de Antonio de Herrera (Madrid. 1601), de El Parral.

Para el investigador, si estamos hablando de 400 ejemplares muy escasos en España, quien quiera verlos tiene que pasar necesariamente por la Biblioteca Pública de Segovia donde también la perspectiva de los historiadores será muy amplia al tener un panorama de cómo se van moviendo los fondos, como los que en su día fueron de la Sociedad Económica de Amigos del País, que luego se devolvieron. 

En la actualidad, la Biblioteca cuenta con un centro de interés de libros censurados, desde los Versos satánicos,  de Salman Rushdi, a Las mil y una noches, una recopilación medieval en lengua árabe de cuentos tradicionales del Oriente Medio, censurada en algunos países musulmanes, o libros prohibidos en Estados Unidos, como El guardián entre el centeno, de Salinger, o Lolita, de Nabokov.

 

El investigador Fermín de los Reyes ROSA BLANCO
El investigador Fermín de los Reyes - Foto: ROSA BLANCO
Roberto García Arribas, director de la Biblioteca Pública ROSA BLANCO
Roberto García Arribas, director de la Biblioteca Pública - Foto: ROSA BLANCO