ENTRE HOY Y MAÑANA

Juan Manuel Pérez

Periodista


Todos al carajo

01/05/2020

Lo mejor que podría sucedernos cuando termine todo esto es que se cumpla la profecía del presidente de la Junta de Extremadura. Dijo hace unos días Guillermo Fernández Vara que esta crisis se llevará por delante a toda la clase política de nuestro país. Y yo espero que se cumplan sus pronósticos. Lo espero, pero no lo creo. A medida que avancemos lentamente en las fases de la desescalada se acelerarán otras fases paralelas: las de la agitación y la propaganda. Si durante los momentos más duros del estado de alarma han sido frecuentes las trincheras mediáticas, ahora que empezamos a ver la luz al final del túnel la maquinaría comenzará a funcionar a pleno rendimiento. Ya ha comenzado a prepararse el terreno para la dura batalla que se avecina. Cada uno con sus armas y bagajes intentará sacar rédito político de una catástrofe sanitaria y una previsible hecatombe económica.
No sé si nos merecemos o nos dejamos de merecer esta clase política. Al fin y al cabo no son extraterrestres. Están donde están porque les ha votado la ciudadanía. Pero no han respetado el contrato, porque sus ombligos han estado muy por encima de sus compromisos. El jueves comenzó el congreso telemático de Ciudadanos. El cónclave con el que los militantes naranjas pretenden pasar página y olvidarse de forma definitiva de la etapa de Albert Rivera para dar paso al reinado de Inés Arrimadas. Pero Rivera no ha pasado desapercibido. Ahora que estamos viendo las costuras al Gobierno y que sus socios independentistas no son de fiar, nunca lo han sido, muchos añoran la estabilidad que un Ejecutivo afianzado sobre una mayoría de 180 diputados, de haber fraguado una alianza entre Pedro y Albert. Ni el socialista puso mucho de su parte para lograrlo, ni el naranja movió un dedo para conseguirlo. Al segundo las urnas se lo llevaron por delante por su egoísmo, al primero le ha tocado gestionar la peor crisis imaginable con el ejecutivo más débil posible.