CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Diálogo de sordos

26/04/2020

Perdonen el escepticismo: que Moncloa haya distribuido la fotografía en la que Fernando Simón entrega a Pedro Sánchez el informe sanitario para la Estrategia de Transición parece una broma de mal gusto. El flamante director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias desde los tiempos del PP tomó iniciativas importantes en el pasado, sobre todo cuando la crisis del ébola, pero en lo relacionado con el corona virus ha acumulado errores. Uno detrás de otro. Empezando porque no advirtió que el covid 19 llegaría a España, y cuando le preguntaron por la manifestación del 8-M dijo que su asistencia no suponía ningún riesgo y que le diría a su hijo que acudiera si quisiera ir. En la mayoría de sus comparecencias diarias se le ha visto más como un agente de propaganda del gobierno que como epidemiólogo de prestigio. Que lo tenía.

Pedro Sánchez hace como que consulta a todos los implicados y que se rodea de reconocidos asesores. También presume de su transparencia con sus prédicas de los sábados en las que nada es transparente, sino una sucesión de autoelogios en la que no despeja ni una sola de las muchas incógnitas sobre la eficacia de sus decisiones que, por otra parte, tampoco aclara en sus comparecencias parlamentarias, en las que no responde ni una sola de las preguntas que le hacen los portavoces de los partidos ajenos a su gobierno. Los domingos los dedica a una conversación telemática con los presidentes regionales, que algunos de ellos califican como diálogo de sordos porque no escucha ninguna sugerencia. Solo le importa imponer su criterio. Y tampoco le ha ido bien con los alcaldes, ni siquiera con el presidente de la FEMP Abel Caballero, que antepone su lealtad a los vigueses a su lealtad al presidente socialista de gobierno.

Sánchez no acaba de comprender que en la famosa desescalada saben más los presidentes autonómicos y los alcaldes sobre qué hacer en sus territorios, cómo, cuándo, y con quién, que lo que proponen una serie de asesores del presidente que diseñan el proceso teniendo en cuenta las repercusiones políticas, no lo que conviene a los ciudadanos según edad, estado de salud, incidencia del virus en su comunidad, entorno social, hábitos y clima del lugar en el que residen.

La España autonómica tiene muchos fallos, probablemente el mayor de ellos fueron algunas transferencias que nunca debieron haberse hecho, y también que gobiernos necesitados de apoyos parlamentarios favorecieran a unas comunidades en detrimento de otras. Pero cuando hay que tomar decisiones sobre el fin del encierro, seguro que son los gobiernos regionales y municipales los que mejor saben cómo hacerlo, porque conocen a sus vecinos, sus necesidades, su estilo de vida, y la calidad de los servicios que puedan necesitar.

Que las órdenes lleguen de Moncloa, con su record de desaciertos y que ni siquiera ha sido capaz de hacer los tests que eran necesarios, es un disparate.