Vidal Maté

Periodista especializado en información agraria


Porcino, un modelo de éxitos y amenazas

Con un empleo directo e indirecto de 1,3 millones de personas en una gran medida en el entorno del medio rural; un volumen de negocio en origen cercano a los 7.000 millones que suponen el 37% de la producción ganadera y el 1,4% del Producto Interior Bruto, y unas exportaciones de 2,2 millones de toneladas en 2018 por valor de unos 5.000 millones de euros, el porcino constituye un sector de referencia en el conjunto de la actividad económica. Menos de tres décadas marcan la diferencia desde que era un sector en ruinas afectado por la peste porcina africana hasta el momento actual, en el que es el segundo productor de la Unión Europea y con posibilidades para competir en todos los mercados comunitarios y de terceros países. Este milagro del sector ha tenido dos ejes claves: sanidad, bioseguridad e integración, según se destacaba esta semana en el VI Foro Internacional del sector porcino.
En el momento de la entrada española en la UE en 1986, el sector se hallaba hundido por la existencia de la peste porcina africana cuyos escenarios se concentraban en las provincias en la raya con Portugal con las que nadie quería tener relación. Los esfuerzos de control acabaron con la zona prohibida en los primeros años de los 90 para proseguir en las décadas siguientes con estrictas medidas de control sanitario en las explotaciones.
A este éxito en la prevención en materia de sanidad, se sumó el ajuste progresivo de explotaciones que ya se venía gestando y que supuso pasar de más de 200.000, con mayoría de granjas familiares, a la actual estructura de unas 86.000 donde hay un claro dominio en volumen de la producción de las granjas integradas que iniciaron su desarrollo en los años 70 y que en la actualidad suponen casi el 70% de la ofertas de porcino. A finales de la década de los 80, la producción de porcino se situaba en solo 1,6 millones de toneladas y hubo una manifestación histórica de 50.000 ganaderos reclamando medidas para evitar excedentes provocados por la entrada de reses de  países comunitarios. En los últimos años de la década de los 90, la producción era ya de 2,6 millones de toneladas y el sector reclamaba ayudas parar el almacenamiento. Hoy, el porcino tiene una producción de 4,5 millones de toneladas, nadie pide medidas de almacenaje y, lejos de pedir controles de importaciones desde otros países comunitario, España es el principal exportador a Francia, Italia y Portugal y coloca igualmente sus carnes en países en su día líderes como Holanda, Dinamarca o Alemania.
Desde el sector, el director de la organización sectorial Anprogapor, Miguel Ángel Higuera señala la estructura de la producción como la fortaleza más importante de la actividad productiva dominada por las políticas de integración que han permitido una mayor especialización en cada una de las granjas. Para el responsable de la sectorial, dicha estructura, cuyo volumen de animales viene ya limitado por la normativa de 2000, ha supuesto una mayor capacidad para competir en todos los mercados con una reducción de costes.
Fruto de esa competitividad, las exportaciones han experimentado un progresivo aumento hasta los 2,1 millones de toneladas en 2018, volumen que se ha incrementado este ejercicio fundamentalmente a la sombra de la peste africana en China donde las ventas de -unas 320.000 toneladas han aumentado más de un 50% superando ya ampliamente a las ventas a Francia en volumen y en facturación.
Pero, además de esas fortalezas, el porcino también tiene sus puntos débiles.
Como el resto de las producciones ganaderas, se enfrenta a la reducción de la demanda de carnes, aunque sea en menor medida que otras cabañas ganaderas. Tomando como referencia los datos del último año, frente a un descenso del 3,8% en el vacuno, del 3,2% en el ovino y caprino, del 10% en el conejo o del 1,2% en las aves, el porcino registraba un crecimiento de casi el 1% para situarse en casi un millón de toneladas de carne frescas. La demanda de carnes se ha visto afectada ya por los movimientos vegetarianos y veganos. 
El porcino, en un proceso de expansión permanente en los últimos años, se enfrenta además en algunas zonas a un problema de rechazo en el medio rural, tanto desde organizaciones ecologistas como de los propios habitantes de ese medio despoblado por cuestiones como los olores o la eliminación de los residuos. En esta línea, se han producido movilizaciones y manifestaciones contra la instalación de granjas de gran tamaño en el marco de los techos marcados por la normativa del año 2000 que contempla un máximo de 864 Unidades de Ganado Mayor (UGM) (cada UGM equivale a una vaca) y que, en el caso del porcino supondría un máximo de 900 cerdas en ciclo cerrado o a 8.600 cerdos de entre 20 y 50 kilos. Estas protestas han afectado a numerosas provincias como Zamora, Burgos, Granada, Zaragoza, Salamanca y muy especialmente en Castilla-La Mancha donde tiene un gran peso la cárnica Incarlopsa. La empresa sacrifica anualmente casi dos millones de cerdos y, en asociación con la cooperativa Copiso, de Soria, a través de Icpor desarrolla un programa de promoción de nuevas instalaciones entre cuyos objetivos se halla lograr la producción de más de un millón de animales por razones de logística para el transporte, no lejos de sus instalaciones del matadero en Tarancón. Frente a las críticas de organizaciones ecologistas y de plataformas de habitantes de las zonas elegidas, desde la empresa se ofrecen datos para señalar que en la provincia de Cuenca la densidad de cerdos por kilómetro cuadrado es solo de 13,2 animales, lejos de los 362 de Lérida de los 247 de Huesca, de los 181 de Murcia o de los 181 de Segovia y que no ha bajado el turismo rural. Lo que no indica Incarlopsa, señalan las organizaciones medioambientalistas, es la densidad que habría solo en la zona de Tarancón por kilómetro cuadrado, algo a lo que se oponen. Para el responsable de Anprogapor, el sector ha fallado en la comunicación a la sociedad de su actividad.