Ifema apaga las luces

Javier D. Bazaga (SPC)
-

Con el alta del último paciente, el hospital de campaña más grande de Europa cierra sus puertas, aunque permanecerá disponible al menos un mes por si se hay un nuevo repunte de la pandemia de la COVID-19

Vista de las instalaciones de Ifema. - Foto: Ballesteros

El día 1 de mayo, Día Internacional del Trabajo, ha sido el elegido para poner el broche, precisamente, a uno de los trabajos más extraordinarios que se han llevado a cabo en España en su Historia. Este 1 de mayo se apagan las luces del conocido como «el hospital de campaña más grande de Europa». Es el que fue habilitado en el recinto ferial de Ifema, en Madrid, para hacer frente a la pandemia del coronavirus ante la saturación de los otros hospitales de la Comunidad frente a la ola de contagios en los primeros momentos de la crisis de la COVID-19. 
Se apagan las luces, pero sus puertas no se cerrarán del todo. Las instalaciones permanecerán «disponibles» al menos durante todo el mes de mayo «por si hace falta». Así lo explican a este periódicos los responsables de este macro hospital provisional que fue habilitado y puesto en funcionamiento en apenas tres días haciendo frente a un reto organizativo y logístico sin precedentes en nuestro país.
«Imposible no, nunca pensamos que fuera imposible»,  asegura el director médico del hospital de campaña, Antonio Zapatero. «Puede sorprender la estructura, pero lo que había que hacer dentro lo teníamos en la cabeza desde el primer día», pero matiza que sí que fueron conscientes de la dificultad que suponía levantar algo así desde el principio. Un recinto que se ha convertido ya en el símbolo de la lucha contra esta pandemia.
El alcade de Madrid, Martínez Almeida, agradece su labor al personal del hospital de campaña.El alcade de Madrid, Martínez Almeida, agradece su labor al personal del hospital de campaña. - Foto: Emilio NaranjoYa a mitad de semana, cuando visitamos las instalaciones, sus responsables tenían la vista puesta en esa fecha. «El viernes, si todo va bien, daremos el alta al último paciente», afirmaba el coordinador general del centro, Fernando Prados, que nos recibía en la planta superior del pabellón 9, desde donde se divisa toda la extensión de módulos y camas de último lugar donde quedan pacientes. El pabellón 7 ya se cerró el pasado 17 de abril. Juntos sumaban 35.000 metros cuadrados de superficie para un hospital de más de 1.300 camas en el que, en los momentos críticos, han llegado a trabajar 1.150 sanitarios, además de centenares de personas de otros colectivos entre militares, bomberos, fuerzas de seguridad, limpieza y servicios.
El pabellón 7 no tiene ya pacientes, pero sus instalaciones se siguen limpiando y desinfectando tres veces al día. «Es para que esté preparado por si hay que volver a abrirlo», explica Jenifer, profesional de la empresa de limpieza encargada de esas tareas, con un gesto de deseo para que eso no ocurra. A nuestro alrededor se extiende un mar de camas alineadas y listas para acoger una nueva ola si fuera necesario, pero confían en que no ocurra porque los hospitales de la Comunidad «ya tienen un saldo negativo de pacientes» y pueden asumir esa labor. Una vez cerrado el 9, se realizarán las labores de limpieza y desinfección que ya se vienen realizando en el pabellón 7.
Prados, que fue también subdirector general del Samur, informa de que lo que se quedará «para siempre» será la instalación de 35 kilómetros de tuberías para el oxigeno y el gran tanque instalado entre los pabellones 7 y 9 por si vuelve a darse una situación parecida y poder reaccionar «en poco tiempo». De hecho, el material médico quedará almacenado en el pabellón 10 para «poder ser trasladado en minutos», por lo que la respuesta sería mucho más rápida todavía.

 

Implicación

A la entrada nos recibe un sensor de temperatura. Todo está en orden. También centenares de dibujos hechos por niños que dan un colorido especial al vestíbulo de acceso y donde la palabra más repetida es «gracias». Esos dibujos están diseminados por todo el recinto ferial, para que los profesionales que allí han trabajado desde el 21 de marzo no olviden que fuera se les reconoce enormemente el esfuerzo.
Aquí han llegado a trabajar 1.150 sanitarios. Aquí han llegado a trabajar 1.150 sanitarios. - Foto: JUAN LAZAROEs como entrar en un mundo paralelo. Hay silencio, respeto máximo en las distancias. Los ojos dicen más que los labios allí dentro, las mascarillas también obligan a ello. Es la calma que reina en los días previos a su desmantelamiento, y la que llegó tras la tormenta de casos con la que las urgencias de los hospitales madrileños se vieron sobrepasados. Por allí han pasado más de 3.800 pacientes, la mayoría leves, pero todos infectados por este virus, un 10 por ciento del total de los casos de la Comunidad. No llegó a la treintena los que necesitaron pasar por la UCI. Los primeros momentos fueron de «mucha incertidumbre», confiesa Prados, que resalta la voluntad de «arrimar el hombro» de todos y cada uno de los que colaboraron en su puesta en funcionamiento.
«La implicación de todos ha sido increíble», dice con orgullo, y explica que muchos eran conscientes de que estaban haciendo algo extraordinario, por lo que no duda en señalar como uno de los aprendizajes de esta experiencia que «esta sociedad tiene capacidad de actuar ante algo inesperado. Te das cuenta de que así se puede llegar al fin del mundo». También gracias a la ciudadanía: «Si no hubiera sido por el empeño de toda la población esto hubiera sido horrible, el pico que tuvimos fue salvaje». En este hospital perdieron la vida 16 pacientes. En comparación con las cifras absolutas no son muchos «pero te planteas si debieron perderla», reflexiona Prados.

 

Ambiente positivo

El jefe médico de este hospital de campaña, Antonio Zapatero, fue de los primeros en llegar aquel sábado 21 de marzo. «Empezamos en el pabellón 5, estaba vacío, tengo fotos con las tres primeras camas que se montaron, pero había mucha ilusión y ganas por sacarlo adelante».
En el lado sanitario también ha sido una experiencia positiva, porque lejos de la supuesta pérdida de intimidad de tener a todos los pacientes juntos en un espacio tan abierto, se ha conseguido que hagan amistad y se ha logrado una convivencia entre pacientes, sanitarios y otros colectivos que es imposible que se de en un hospital convencional. «Empatizaban mucho y formaban su propia familia».
Isabel Ayuso (i) sostiene una pancarta de agradecimiento junto a una sanitaria.Isabel Ayuso (i) sostiene una pancarta de agradecimiento junto a una sanitaria. - Foto: Emilio Naranjo«Ha habido una relación entre pacientes y sanitarios, pacientes y pacientes que no se podría haber dado en otro hospital». La amplitud de unas instalaciones abiertas contribuyó a ese ambiente que invitaba a compartir. Se repartieron tabletas y se les puso conexión a internet para que pudieran comunicarse con sus familiares. Momentos que acabaron por convertirse en auténticas reuniones de familiares y pacientes. «Se nos criticó por los bailes», recuerdan, pero reconocen que era un acto espontáneo que se daba tras cantar el Resistiré de todos los días a las ocho. Hasta se jugaba al bingo gracias a que estaban todos juntos y se creó la Biblioteca Resistiré, con una paciente que hacía de bibliotecaria. «Aún estando malos se ha conseguido que la estancia aquí sea feliz», subraya Zapatero.
Ya fuera del hospital propiamente dicho se respira ese compañerismo y voluntariedad de los que han contribuido a que este enclave haya prestado ese servicio. Militares de la UME, celadores, camilleros o servicio de limpieza comparten risas en los descansos. Bomberos de la Comunidad están de retén contra incendios unos, y otros ayudan en la desinfección de las ambulancias que van y vienen. «Lo mejor es la solidaridad, te das cuenta de que en los momentos difíciles hay gente buena», afirman.
Los voluntarios también son los que han decidido poner un puesto para dar comida gratis a todos esos héroes de Ifema. Soledad López es una de ellas. Atiende la food truck de la firma castellana y leonesa Patatas Meléndez y destaca las ganas de ayudar de todo el mundo. «Todos venimos a echar una mano», cuenta López, que confiesa que lleva unos días emocionada, «desde que sabemos que se va a cerrar todo el mundo viene a despedirse y darte las gracias». Asegura que la experiencia le ha marcado, «ahora lo veo todo de una manera muy distinta, y aprendes a que deberíamos ser un poco más empáticos y ponernos un poco más en el lugar de los demás».
El hospital de campaña será un hito de la lucha contra la pandemia.El hospital de campaña será un hito de la lucha contra la pandemia. - Foto: JUAN LAZAROEnrique Pacheco es encargado de seguridad de pabellones. Destaca «cómo la gente cambia el chip». Se confiesa maravillado con la respuesta y el comportamiento que se ha dado estas semanas en Ifema. Él mismo nos dice que trabaja «por cuadrante», pero luego se queda como voluntario para seguir echando una mano. «Es una satisfacción poder hacer algo por los demás». Pacheco ha trabajado desde el principio y reconoce la dureza que se ha vivido en momentos en los que llegaban a entrar 250 pacientes diarios al recinto. «Los enfermos lo han pasado muy mal», pero aclara que él ha trabajado sin miedo. «Si tengo miedo me quedo en casa, aquí no se puede venir con miedo».
Con la salida del último paciente cierra una de las muchas historias de éxito que ha dejado la pandemia. En el recuerdo quedarán los esfuerzos, la solidaridad, los desplazamientos de enfermos ayudados con deslizadores eléctricos, los aplausos con cada alta, las videollamadas en grupo. Felipe VI dijo durante su visita al recinto que pasaría a la Historia, pero ya es uno de los símbolos de la lucha frente a la COVID-19.


Más fotos:

Los dibujos de agradecimiento ponen color a las paredes.
Los dibujos de agradecimiento ponen color a las paredes. - Foto: JUAN LAZARO
El almacén está operativo.
El almacén está operativo. - Foto: JUAN LAZARO
Uno de los pacientes que quedaban esta semana.
Uno de los pacientes que quedaban esta semana. - Foto: JUAN LAZARO
La desinfección se realiza aún por si se vuelve a necesitar.
La desinfección se realiza aún por si se vuelve a necesitar. - Foto: JUAN LAZARO
El silencio actual contrasta con el bullicio de hace semanas.
El silencio actual contrasta con el bullicio de hace semanas. - Foto: JUAN LAZARO