Hotel Victoria, ¿cuántos recuerdan lo que fue y significó?

D. A.
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Una historia llena de hitos e ilustres clientes, un bar que marcó época, un cierre en 1989 que su responsable relata como «traumático»... El Victoria despierta nostalgia en varias generaciones, pero otras, las más jóvenes, sólo han conocido su ruina

Partidas de mus en el Hotel Victoria. Los torneos navideños se celebraron entre 1976 y 1989. - Foto: Nicolás Rascón Bravo

El Hotel Victoria alberga una historia centenaria que nadie podrá borrar, pero su deplorable estado actual amenaza su recuerdo. Allí se alojó Antonio Machado en 1919, justo antes de instalarse en la pensión donde pasó los 12 años de su segoviano vivir, y allí se gestó en los 70 y 80 del siglo pasado una etapa importante para la hostelería local que despierta la nostalgia de varias generaciones, mientras otras sólo conocen la fachada de un inmueble en ruina después de 30 años cerrado.

Machado estuvo pocos días porque no le daba «el pecunio» para más, según escribió en una carta. En sus mejores tiempos sólo lo frecuentaron huéspedes con cierto poder adquisitivo y no tuvo bar hasta que arrancó la etapa de la familia Rascón (1969-1989), aunque llegó a tiempo de ser el primero de Segovia en servir vino en copa. Lo puso al precio más caro de la ciudad, cinco pesetas, pero aun así se llenaba; y también introdujo en Segovia el whisky en vaso ‘on the rock’. 

Las tardes de mus en el bar alcanzaron la categoría de emblemáticas con los torneos navideños que se celebraron entre 1976 y 1989, aprovechando el tirón de Juanito Herrero ‘El de la Taurina’ y Antonio Lafuente, pareja segoviana que se había proclamado campeona del mundo de mus en Madrid en 1974.

Foto antigua de la entrada al Hotel Victoria, cedida por Tomás Rascón Bravo.Foto antigua de la entrada al Hotel Victoria, cedida por Tomás Rascón Bravo.

Un año antes, en 1973, rodaba Carlos Saura en el hotel su controvertida película La prima Angélica, protagonizada por José Luis López Vázquez y con un argumento que, entre líneas, sugería cierta crítica política y social contraria al régimen. Ya en democracia, por contra, acogió actos políticos con personajes como el líder de ultraderecha y fundador de Fuerza Nueva,Blas Piñar, o de UCD, si bien el hotel no se significaba con ninguna ideología.

Con tres salones para 154, 110 y 70 comensales, llegó a ser referencia para banquetes de boda en una época aún escasa de oferta hostelera local, sobre todo en los 70, pero hoy la historia es bien distinta. Del bar que ocupaba el hall apenas queda en pie la columna de piedra berroqueña que en su momento lució como adorno en medio del local. Y del hotel en su conjunto, nada más que la fachada y algo de su estructura interior, después de 30 años inhabitado en los que cambió de manos varias veces, pero sólo fue objeto de actuaciones puntuales de conservación, consolidación y demoliciones controladas para prevenir desprendimientos. De ahí que el Ayuntamiento, con semejante problema adosado en todos los sentidos desde hace tanto tiempo, haya decidido reanudar el proceso para la venta forzosa del número 5 de la Plaza Mayor tras tasarlo en 1,2 millones. Lo hace contra la voluntad de los herederos actuales, quienes, tras ver cómo la falta de financiación obligaba a sus antecesores a desistir de ubicar allí la residencia de ancianos que proyectaron en 2009, se han pasado los cuatro últimos años (la licencia caducó en 2015) dilatando el proceso administrativo. En este tiempo deslizaron la posibilidad de reabrir como hotel, o si no como apartamentos turísticos, residencia de estudiantes... Pero a la espera de un socio o comprador que no ha terminado de llegar.

Nostalgia de los 70 y 80. Con nostalgia vive la situación en la distancia quien fuera gerente del hotel durante su última etapa abierto, de 1969 a 1989. Nicolás Rascón Bravo cumple 75 años este mes y sólo tenía 24 cuando tomó las riendas con la ayuda de sus dos hermanos, Pedro y Gabriel (más jóvenes que él), tras arrendar el negocio a nombre de su padre, Pedro Rascón Herranz, a los herederos de los primeros propietarios, Félix y RamónGarcía. «El Victoria tenía ya hegemonía», así que pudo arrancar con fuerza. «Destacaba el Sirenas como el más moderno, pero entre los clásicos estaba el nuestro en primer lugar», incide, aunque sólo tenía una estrella. Coincidió con el Hotel Comercio Europeo, el Casas o el Alcázar, y años después abrió el Hotel Acueducto, ejemplo de cómo empezaba a crecer la oferta, y por tanto la competencia.

Decoración del Hotel Victoria tras la reforma realizada en los primeros años de los 70. Imagen cedida por Nicolás Rascón Bravo.Decoración del Hotel Victoria tras la reforma realizada en los primeros años de los 70. Imagen cedida por Nicolás Rascón Bravo.

«Nosotros veníamos con el oficio aprendido en hoteles y discotecas de Madrid y la Costa Brava», relata Nicolás. Su hermano Pedro era «el más profesional a nivel de barra» y se encargó de esa parte del negocio: «Enseñó a muchos camareros que después han continuado en la profesión». Gabriel entró de ayudante de cocina y ahí fue creciendo, y Nicolás asumió la administración y dirección. «Habíamos tocado toda la rama hostelera y nos atrevimos a hacer una importante reforma: cambiamos los colchones, reformamos infraestructuras, pusimos baños en las habitaciones... Fue muy importante aprovechar el hall del hotel para hacer el bar». Del éxito que alcanzaron en sus inicios da fe el hecho de que llegaran a contar con una plantilla de «18 fijos y 30 extras». 

«El primer año ya dimos más bodas que nadie», asegura. Empezaron con un menú de cuatro platos más postre por 180 pesetas. Entremeses de primero, con croquetas y ensaladilla; huevos cocidos con una salsa de champiñón, jamón y otros ingredientes, «un plato de exquisita aceptación» cuya receta «llegaron a pedir de otros puntos de España», pero que se ha perdido en el tiempo; trucha, merluza o langostinos; cordero o cochinillo con ternera; tarta y helado. En cuanto al alojamiento, tenía 62 plazas y una habitación en esos tiempos salía por 65 pesetas. 

Los primeros años los recuerda con el orgullo de haber promovido los ya citados hitos innovadores del Victoria: «Pusimos el vino en copa y además a cinco pesetas. Nos decían ‘mira dónde van estos chulos’, pero resulta que así llenábamos, gracias también a un buen servicio y a que teníamos unos aperitivos muy bien puestos para la época», continúa Nicolás. «El vaso ‘on the rock’ para servir el whisky también lo introdujimos nosotros, vivimos tiempos de creatividad», valora, pensando también en el «otro embolado» en el que se metieron esos años, el pub Oasis, en un local de la calle Real que hoy es una tienda de ropa.

Uno de los salones del Hotel Victoria. Imagen cedida por Nicolás Rascón Bravo.Uno de los salones del Hotel Victoria. Imagen cedida por Nicolás Rascón Bravo.

Orgulloso también se muestra de los tiempos de mus, «aprovechando el tirón» de la pareja que se proclamó campeona del mundo: «Los torneos duraban una semana y eran la atracción de las navidades. Llegamos a juntar a 69 parejas y no eran más porque no cabían más en el hotel. Hay gente que hasta me ha dicho que no ha vuelto a jugar desde que cerramos», destaca.

Sobre el perfil de sus huéspedes, Nicolás recuerda que de la etapa anterior heredó un colectivo de «cierta categoría social, médicos y gente de familias ilustres, pero la mayoría de la tercera edad». «Luego tuvimos un núcleo importante de viajantes de farmacia y otras actividades que venía mucho y se sentía como en casa; y en verano, mucha gente de Madrid que pasaba dos semanas o un mes con la familia y a la que le dábamos la misma habitación cada año».

Pero la competencia iba apretando hacia finales de los 70 y primeros de los 80. «Las bodas eran cada vez más grandes, en nuestro salón más grande cabían 154 invitados y los que eran más ya tenían otras opciones en la ciudad, como el Lago».

Barra del bar del Hotel Victoria. Imagen cedida por Nicolás Rascón Bravo.Barra del bar del Hotel Victoria. Imagen cedida por Nicolás Rascón Bravo.

Fue precisamente «en tiempos de las primeras manifestaciones políticas» cuando le pidieron un salón para el político franquista Blas Piñar: «No dudé en dárselo, igual que habría hecho ahora con Pedro Sánchez si me lo pidiera. Yo era apolítico y sólo quería dar el servicio. Recuerdo que después intenté saludar y dar las gracias al personaje, pero dos gorilas me pusieron los brazos delante al ver que me acercaba», relata.

Y el caso es que la competencia apretaba. «Empezaron a surgir nuevos establecimientos y estilos» por aperturas, reformas y ampliaciones. «Estaba el Sirenas, el Hotel Acueducto, Magullo... No es que tuviéramos que batirnos en retirada ni mucho menos, pero sí buscar el tirón de otras opciones como las excursiones del Imserso y los grupos de estudiantes». También la competencia dentro y fuera de Segovia le hizo perder «buenos profesionales de la hostelería» por la demanda de mano de obra y admite que costaba mantener el nivel de la plantilla, pero seguía viendo futuro para el Hotel Victoria. De hecho, confiesa que cerrarlo fue «traumático». «Allí conocí a mi mujer, nacieron y jugaron mis hijos... Yo quería seguir, pero no llegamos a un entendimiento con la propiedad (los herederos de los fundadores), renunciamos y después se lo vendió a otra persona». Los 30 años posteriores, los 30 últimos, sí se conocen en lo básico: la historia reciente de una crónica de traspasos sin avances y la degradación de un inmueble sin rumbo hasta encallar en la ruina de un futuro incierto.

Foto reciente del estado en el que se encuentra la entrada al Hotel Victoria.
Foto reciente del estado en el que se encuentra la entrada al Hotel Victoria. - Foto: Rosa Blanco