Los hosteleros segovianos, desorientados e indignados

David Aso
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Rechazan las mamparas y recelan de innovar «a ciegas», aunque barajan ideas como sensores de temperatura para los clientes, test a empleados y los aparatos de ozono. Aunque lo primero es que se den condiciones de viabilidad económica para reabrir

Los hosteleros segovianos, desorientados e indignados - Foto: Rosa Blanco

Ideas muchas pero certezas, entre pocas y ninguna, de ahí que se planteen incluso ignorar la posibilidad de retomar la actividad a corto plazo, por más que se les permita ir arrancando bajo mínimos. Los hosteleros segovianos barajan numerosas iniciativas para proteger a empleados y clientes pero, aparte de la preocupación sobre la viabilidad de reabrir con las condiciones de desescalada apuntadas por el Gobierno, recelan de hacer inversiones a «ciegas», sin conocer siquiera con claridad las medidas preventivas que estarán obligados a tomar.

Siempre caben las excepciones, dado que el propietario de cada establecimiento es libre de planificar su propia apuesta a partir de los mínimos legales que se establezcan, pero en general hay miedo a pasarse de frenada y repetir errores del pasado. En la mente de muchos están los gastos inútiles de los tiempos en que se gestaba la ley antitabaco, cuando hicieron reformas para habilitar zonas de fumadores que no sirvieron de nada.

Lo básico lo tienen más o menos claro en cuanto a equipos de protección individual como mascarillas, guantes o incluso posiblemente pantallas. También que habrá que invertir en desinfecciones a fondo, así como en el posible uso de máquinas generadoras de ozono para ello, aparte de asegurar el correcto funcionamiento de extractores de ventilación. Se ofrecerá geles hidroalcohólicos a los clientes, y probablemente también guantes. Asimismo, ya hay hosteleros que se están moviendo para asegurarse la realización de test a sus trabajadores en una clínica privada de Segovia, y no se descartan iniciativas como el uso de sensores de control de temperatura corporal a los clientes. ¿Pero cuántos se van a poder permitir inversiones como estas últimas después de dos meses cerrados y con pésimas perspectivas de negocio para los próximos?

Tampoco es lo mismo un bar de copas que uno de barrio, un pequeño restaurante o uno de los grandes, ¿Y los hoteles cómo van a hacer viable todo esto si ni siquiera van a poder alojar viajeros de otras provincias hasta finales de junio como mínimo? Alguno ya ha comprado mamparas para su recepción, pero la restauración segoviana recela de instalarlas; salvo que fuera obligatorio, obviamente.

Entretanto, la Agrupación Industrial de Hosteleros Segovianos (AIHS), como otras asociaciones del sector a nivel nacional, trabaja por la creación de una certificación que dé confianza al cliente acerca del cumplimiento de ciertas medidas de seguridad, pero la prioridad es aclarar las medidas preventivas mínimas que se deben cumplir.

Falta de información. «Lo primero que tiene que hacer el Gobierno es concretar las medidas sanitarias que debemos cumplir», recalca el presidente en funciones de la AIHS, Enrique Cañada. «En el sector se habla de sensores de temperatura, de máquinas de ozono y otras cosas, y como no se concrete todo esto pronto, habrá poco margen para preparar la reapertura y puede haber problemas de suministro», advierte. ¿Y qué aconsejaría a los hosteleros en estas circunstancias? «Yo personalmente recomendaría ir comprando lo básico, que son mascarillas, geles, también monos de limpieza y gafas protectoras para los hoteles… Tenemos que tener establecimientos seguros, pero también esperar a que saquen un estándar de medidas a aplicar y, una vez que se conozca, bienvenidas sean las que cada cual pueda aplicar a mayores».

«Que tengan paciencia, que no se precipiten y empiecen a comprar cosas sin sentido hasta que no haya un protocolo higiénico sanitario», considera el gerente de la AIHS, Javier García Crespo. «A veces hay que ser previsor, pero tampoco pasarse y que ocurra como con las inversiones de la ley antitabaco».

«Después es que la gente se vuelve un poco loca porque la prensa da voz a casos particulares de hosteleros en España que se han acelerado por su cuenta, pero aquí hay unas negociaciones que se están llevando a través de las asociaciones locales, regionales y nacionales, donde estamos representados y mandando propuestas. Y en contacto con el Gobierno, que es de donde deben salir las normas», concluye Crespo.

Jesús Castellanos, representante de cafés y bares en la AIHS y propietario del Haggen Acueducto y La Central, mantenía este miércoles precisamente una reunión con su equipo para hablar de las posibles medidas a implementar. Entre otras, poner geles hidroalcohólicos en la entrada, ofrecer guantes a sus clientes y que todos sus empleados pasen un test. «Después nuestra asociación nacional podría facilitar carteles para ‘certificar’ los establecimientos libres de Covid-19», pero ahora mismo hay más objetivos que certezas.

A título particular, pero desde la posición de un restaurante de referencia, habla la directora de la división gastronómica del Grupo José María, Rocío Ruiz: «Estamos continuamente en mesas redondas online, en contacto con asociaciones de hostelería de España, y estamos todos más o menos igual, esperando un poco a ver qué se va diciendo, porque no puedes hacer una gran inversión en medidas que luego igual no valen porque el Gobierno va en otra línea», opina. «Vamos a ser un poco cautos, vamos a esperar y en cuanto sepamos algo empezamos a trabajar en ello».

«Nosotros la suerte que tenemos, entre comillas lo de suerte, es que tenemos ocho salones y que si tenemos que abrir cinco para alcanzar el aforo que antes cubríamos con uno pues lo haremos. Y luego por supuesto contamos con reforzar la higiene, hacer una desinfección en profundidad, ofrecer los geles desinfectantes, trabajar con mascarillas y demás equipos de protección… También esperamos hacer test a nuestros empleados y se oyen cosas como lo de los sensores de temperatura, pero hay que esperar porque no sabemos más». Ni ellos ni nadie del sector.

Recelo de las mamparas. Ruiz considera las mamparas como «algo antisocial». «Sería lo último que haríamos, me opongo a la idea de estar comiendo entre cuatro cristales, salvo que nos lo pongan como obligatorio, claro», matiza. «Creo que el cliente tampoco va a ir buscando eso porque antes se quedará en casa que en el restaurante encerrado en una burbuja». Y aunque esa sea su opinión personal, es compartida por buena parte del sector en Segovia.

«Son un atraso», añade el gerente de AIHS. «Las mamparas pueden ser además de las zonas más contaminadas y contaminantes que puede haber por el tiempo que llega a permanecer el virus en materiales como el metacrilato». Pero todo son opiniones en medio de una tormenta de ideas en la que el sector hostelero amaga con ahogarse a la espera de concreciones a las puertas de una desescalada plagada de dudas.