DE SIETE EN SIETE

Rafael Monje

Periodista


Y sin Guerra Civil

En muchos aspectos de la vida, quienes formamos parte de las últimas generaciones hemos crecido bajo un halo inquietante de que lo español era menos relevante y contaba con una entidad sumamente menor que lo ajeno. Y lo ajeno no era otra cosa que lo extranjero, con sus diferentes estereotipos, de manera que lo glamuroso y moderno tenía que provenir necesariamente de Francia; lo refinado y esnob, de Gran Bretaña; lo culto y exacto, de Alemania; lo elegante y musical, de Italia; lo futurista y, al mismo tiempo, conservador, de Japón, y lo poderoso e imperialista, de Estados Unidos, entre otros ejemplos. Y el cine, especialmente el estadounidense, conformó desde su impresionante industria, toda una forma de pensar y de observar la vida, suscitando miradas con arrobo hacia realidades que se nos antojaban vedadas. Con la inefable ayuda de Hollywood, tardamos un tiempo en darnos cuenta de que el marchamo español está ahí. Desde el encanto sensual y fascinante, hasta el refinamiento y la elegancia, pasando, por supuesto, por la modernidad y el poderío, y que todo en su conjunto también tiene cabida en lo que llamamos marca española. 
Todo lo anterior viene a cuento de lo que supone hoy el Cine Español, con mayúsculas, hasta el punto de que es fácil esbozar una sonrisa y comprobar cómo hemos superado todos los complejos. A punto de estrenar una nueva edición de la Seminci, es digno subrayar que estamos ante una marca que presenta con energía lo que somos capaces de hacer, el pasado denso e histórico del que gozamos y las perspectivas de un futuro en el que tendremos protagonismo. Hace mucho que la industria audiovisual española se encuentra en el grupo de cabeza mundial, sin que, a pesar de disponer de menos recursos, suponga un grave quebranto. La Semana Internacional de Cine de Valladolid despliega, en esta nueva edición, una pléyade de creaciones que marcan el pulso de la cinematografía moderna. Y créanme, en este contexto, la sección ‘Doc España’ es un ejemplo de lo que se puede hacer desde aquí, con talento, pasión y hasta con un ridículo presupuesto. No hace falta una gran dosis de chovinismo para valorar los trabajos presentados en ese apartado del festival, con temas espléndidos y, por cierto, sin que la sempiterna Guerra Civil aparezca como estrella invitada.