Alfonso Reguera, condenado por amenazar a un policía local

D. A.
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La jueza le condena a una multa de 480 euros más una indemnización de 240 al agente que le denunció por decirle "si no llevaras el uniforme te daría dos hostias y te partiría la cara", altercado tras el que presentó su dimisión en junio de 2018

El exconcejal Alfonso Reguera (derecha) y el policía local que le denunció, en los instantes previos al inicio del juicio que se celebró el pasado 9 de mayo.

El Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 4 de Segovia ha condenado al exconcejal Alfonso Reguera a una multa de 480 euros, más 240 en concepto de responsabilidad civil, por un delito leve de amenazas contra un policía local que le denunció por haberle dicho "si no llevaras uniforme te daría dos hostias y te partiría la cara". La sentencia no es firme y, previsiblemente, será recurrida.

Así se resuelve en el ámbito judicial, de momento en primera instancia, el altercado que tuvo Reguera con un agente de la Policía Local, delegado sindical del CSIF, la noche del 22 de junio de 2018, durante el acto inaugural de las fiestas de San Juan y San Pedro.

El juicio se celebró el pasado jueves y la acusación pidió entonces para Reguera una multa de 90 días con una cuota diaria de 12 euros (1.080 en total), aparte de 240 euros como indemnización por el tiempo medio estimado de curación del "trastorno adaptativo" que habrían causado al agente tales amenazas. Y la jueza sitúa la pena de multa en 40 días, en lugar de 90, con una cuota de 12 euros, mientras mantiene tal cual la cantidad solicitada como responsabilidad civil.

En la sentencia, dictada con fecha del 13 de mayo, apenas cuatro días después del juicio, la jueza da credibilidad a la denuncia del policía local, valora que narró los hechos de forma clara, "concisa" y "reincidente", esto último, en referencia al hecho de que haya mantenido la misma versión desde el inicio de la instrucción hasta el día del juicio. Asimismo, tiene en cuenta que Reguera haya reconocido los hechos denunciados, al menos en parte, aunque los describiera como "un hecho mínimo"; y también valora que mostrase arrepentimiento.

El abogado del agente, Miguel Tovar, preguntado por El Día, se muestra "satisfecho" con la sentencia, "pero con todas las reservas, con prudencia porque todavía no es firme y seguramente se recurra".

 

El juicio. "Mire usted, yo he estado 35 años trabajando, señoría, y yo he visto algunas situaciones parecidas a ésta. Evidentemente, ha habido un enfado por una serie de circunstancias previas en el que yo digo en un acto una serie de palabras que parece ser que, en un sitio donde había un montón de gente, nadie las oyó menos él. Yo he ido inmediatamente después a pedirle disculpas, lo he hecho en varias ocasiones y me he encontrado con lo que me he encontrado. A mí particularmente, y es mi opinión, me parece todo esto que está pasando aquí una absoluta desproporción sobre un hecho mínimo. No tengo nada más que decir». Con esas declaraciones, reproducidas íntegramente en estas líneas, ejerció el exconcejal Alfonso Reguera su derecho a la última palabra durante el juicio que se celebró el pasado 9 de mayo en el Palacio de Justicia por las amenazas que profirió a un policía local, delegado sindical, la noche del 22 de junio de 2018 en el acto inaugural de las fiestas de San Juan y San Pedro.

«Si no llevaras el uniforme te daba dos hostias y te partía la cara», sostiene el agente que le dijo. «Sentí que si no llego a tener el uniforme en verdad me habría dado dos hostias, y llegué a sentir miedo», añadió durante el juicio.

Aquel incidente derivó en la dimisión de Reguera, cuyas diferencias con los sindicatos ya habían llevado a estos en marzo a pedir su marcha. Y aunque haya sido condenado en el ámbito judicial, mayor le ha resultado la condena política para él y para su partido, dado que era el número 2 de Luquero, portavoz del Grupo Socialista y responsable de las concejalías de Hacienda y Urbanismo. Un asunto menor a nivel jurídico (delito leve de amenazas), pero de evidente impacto social y que, en buena medida debido a la cantidad de recursos y escritos presentados por la defensa de Reguera en los últimos diez meses, se terminó juzgando en la misma víspera del inicio de la campaña de las elecciones municipales, y con la sentencia dictada en plena campaña.

Su defensa, curiosamente, la ejerció Jesús Tovar, abogado con numerosos casos en su historial contra los intereses del Ayuntamiento, y por ende los del actual equipo de Gobierno: desde el largo litigio de la Casa Buitrago, donde representa a la propiedad, hasta el reciente caso que denunció Centrados y que derivó en la anulación de los nombramientos de puestos de libre designación. Y en el otro lado, en la acusación, Miguel Tovar, abogado que suele llevar los casos del CSIF y sobrino de Jesús Tovar, a quien ya se había enfrentado en otras muchas ocasiones.

 

La versión del policía. El agente denunciante, a través de las preguntas que le formulaba su abogado, expuso su versión de lo ocurrido el 22 de junio en el Azoguejo. Aquella noche estaba de servicio como escolta de protocolo o guardia de honor de la Corporación municipal, con uniforme de gala. Cuenta que vio al concejal de Tráfico, Seguridad y Transporte, Ramón Muñoz-Torrero, se saludaron con normalidad, estrechándose la mano, y en ese momento, Reguera, que estaba “como a un metro de distancia”, se lo reprochó a su compañero de gobierno. “Ha pedido la dimisión de la Corporación”, dice el agente que le señaló Reguera a Muñoz-Torrero, a quien supuestamente le dijo algo así como “haz lo que tengas que hacer para que no vuelva a representar a la Corporación en ningún acto más”. “Yo (el agente) le dije (a Reguera) que se estaba equivocando, que no era el momento ni el lugar, a lo que me respondió que sólo se estaba dirigiendo a mi concejal, que no me quería volver a ver, que no se sentía cómodo estando yo al lado y que si no tuviera el uniforme puesto me daba dos hostias y me partía la cara”.

¿Se sintió amenazado? Le preguntó su abogado. “Sin lugar a dudas”, respondió. “Lo dijo sin importarle dónde estábamos, en la calle, en un acto de protocolo, rodeados de una multitud de gente y con las formas empleadas. Yo pensé, sentí, que si no llego a tener el uniforme en verdad me habría dado las dos hostias, y llegué a sentir miedo porque me dije: si en este entorno reacciona así, ¿cómo podrá actuar si me ve a solas o en cualquier otro entorno?”.

El abogado de la acusación también le preguntó a su cliente por el “trastorno adaptativo” que habría sufrido a raíz de este incidente. “Yo ese día y los siguientes lo pasé sumamente mal, no conciliaba el sueño, estaba con una situación de estrés que no cabía en mí. Fui a la doctora de cabecera y me dio un día de reposo” que le permitió encadenar varias jornadas sin trabajar porque libraba justo después. “(La médica) me dijo que cuando tuviera que incorporarme, si me encontraba igual, que volviera y me derivaría al especialista. Yo me encontraba igual, me derivó, y el especialista me ha ido viendo cuando él ha considerado oportuno, y también me daba libertad de llamarle cuando me encontrara peor, cosa que he hecho. Sobre todo, cuando ha habido actuaciones relacionadas con este proceso”.

Durante el juicio, Jesús Tovar trató de restar credibilidad a la versión del agente denunciante, así como a los informes médicos que apuntan el «trastorno adaptativo» de éste, o la relación entre los hechos juzgados y las supuestas consecuencias para su salud. Formuló decenas de preguntas, y también fueron decenas las que rechazó la jueza, visiblemente contrariada por la reiteración al considerarlas improcedentes, fuera de lugar o ya respondidas durante la instrucción.

 

La versión del exconcejal. Reguera, en su declaración, sólo negó de forma explícita la segunda parte de la frase que le atribuye el agente, «te partía la cara», y la acusación aludió a las «contradicciones» del exedil en estos meses. Negó todo en un primer momento; después lo admitió en parte, tras conocer que alguien había grabado el sonido del momento en que fue a disculparse al cuartel, según la acusación; y en el juicio no dejó opción a más aclaraciones para averiguar exactamente qué parte de la abrupta frase reconoce a día de hoy haber dicho porque decidió ejercer su derecho a negarse a responder preguntas de la acusación. Sólo respondió la primera que le planteó Miguel Tovar, si conocía la grabación, y su respuesta: “Yo me ratifico en lo que he dicho en esa grabación, me ratifico en la declaración que hemos hecho, salvo en lo de partirle la cara, que ha sido un error por nuestra parte, o por mi parte afirmarlo, jamás he dicho como se dice en la grabación que ustedes han aportado, y lamento comunicarle que no le voy a responder a ninguna pregunta”.

Sí contestó a su defensa, que le preguntó si realmente tuvo voluntad de agredir al agente: “En ningún momento, no sólo de agredirle sino de no hacerle daño, porque si hubiera querido hacerle daño lo tenía muy fácil con haber iniciado un expediente administrativo en el momento en el que se plantaron en el pleno y lo interrumpieron, y fui yo precisamente el que dijo que para reconducir la situación no se abriera ningún tipo de expediente a los que alli estaban y que bueno, que íbamos a intentar negociar y yo me separé de las negociaciones”. Así se refirió al pleno al que decenas de agentes, la mayoría de los que no estaban de servicio y por tanto sin uniforme, acudieron con pancartas para pedir respeto y la dimisión de Reguera por unas declaraciones en las que había cuestionado las quejas de los sindicatos por el deterioro de los equipos e instalaciones y el hecho de que sean (según datos oficiales) los agentes que menos cobran de entre los de capitales de provincia de Castilla y León.

Jesús Tovar sugirió además si Reguera pudo decir «si no fueras policía» en lugar de «si no llevaras uniforme». A bote pronto pueden parecer dos frases igual de malsonantes, pero no es lo mismo a nivel jurídico para demostrar si, efectivamente, pudo tratarse de una amenaza real o no. Básicamente, porque el denunciante no puede dejar de ser policía y por tanto sería más fácil defender en ese caso que la supuesta amenaza sólo fuera una frase sin fondo.

En el juicio declaró como testigo el jefe de la Policía Local, quien no vio los hechos, pero sí al agente «bastante desencajado» tras el incidente. Una descripción similar a la que aportó el compañero del agente denunciante, que tampoco se percató de lo ocurrido hasta minutos después: «Nunca le había visto así», dijo, pese a que trabajan juntos hace más de 30 años. «Tenía la cara desencajada, me contó que Reguera le había reprochado cosas sindicales y que le dijo que si no llevara el uniforme le pegaba dos hostias y le partiría la cara. Se sintió amenazado, y más viniendo de un superior».

Así que la acusación, frente a la petición de libre absolución de la defensa, terminó confirmando su petición de condena: una multa de 1.080 euros (tres meses con una cuota diaria de 12 euros) más una indemnización de 240 por los ocho días de curación que calcula el médico forense que se suele tardar en recuperarse de un trastorno adaptativo, aunque el agente declaró que en estos meses ha seguido siendo tratado por un psicólogo. Y la jueza, al final, se ha quedado con la versión del denunciante, aunque la condena se queda en los citados 720 euros entre la multa (480) y la responsabilidad civil (240).