Óscar Gálvez

Periodista. Director editorial Castilla y León Promecal


El PP, en forzosa recomposición

En el Partido Popular ya han llegado a la unánime conclusión de que estaban equivocados en la estrategia que les llevó a la mayor catástrofe electoral desde los tiempos de Manuel Fraga. Lo reconocen ya todos, sin excepciones. Por un lado, quienes hasta hace una semana estaban encantados de poderles decir a sus votantes fugados a Vox que no había razones para alejarse del PP porque les ofrecía lo mismo que el partido de Abascal; que, por cierto, tiene tela la demostración de congoja que existía en Génova 13 para caer en tal grado de mimetización. Y también lo manifiestan ahora abiertamente quienes parece que ya sabían que tanta derecha era un error, pero que no dijeron esta boca es mía. ¿Dónde estaban cuando Pablo Casado caminaba con su discurso hacia el precipicio? ¿No les respondía el líder al móvil? ¿Se lo dijeron pero no les hizo caso? ¿Esperaban a que se diera la galleta para poder reprochárselo después? A toro pasado qué fácil es decir desde dentro lo que resultaba evidente para los de fuera. Sin duda, más Feijóo y más Herrera y menos derecha rancia. Pero quienes lo afirmen ahora es de suponer que también asumirán el pecado de haber estado aplaudiendo al líder mientras le veían acercarse al abismo. 
Las elecciones del 26 de mayo no son una segunda vuelta para el PP sino un partido casi a vida o muerte. Con la diferencia de que ya no es Casado quien se la juega directamente sino los candidatos a las presidencias autonómicas y ayuntamientos. ¡Qué paradojas tiene la vida! Resulta ahora que, para mantenerse al frente del partido, Casado depende de que le ganen las municipales y autonómicas aquellos líderes territoriales de toda España a los que humilló no hace tanto en los procesos de designación de candidatos. Tiene suerte el presidente nacional del partido de que, por ejemplo, el candidato a la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, tenga la misma necesidad de ganarlos qué él. Pero con una pequeña observación: si gana (o gobierna) a ver quién manda a quién.

Hasta el 26 de mayo, a todos los candidatos que se la juegan les quedan apenas 20 días para convencer a sus electores de siempre de que el PP es justo todo lo contrario de lo que Casado ha estado empeñado en hacerles creer durante meses. En el interminable viaje al centro del Partido Popular, lo vivido en los últimos meses le ha hecho retroceder muchos kilómetros hacia la casilla de salida. También tiene suerte de que es muy posible que el efecto rebote que prevén los expertos se produzca. Pero no por Casado, sino porque partidos como PSOE o PP, con todos su defectos pero con experiencia de gobierno y sentido de Estado, resistirán incluso a quienes desde dentro pongan empeño en volarlos. Aun sin querer.