Un profe a cuatro patas

Cristina Sancho
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Un profe a cuatro patas

El IES Marqués de Lozoya de Cuéllar baraja la puesta en marcha de un nuevo proyecto educativo protagonizado por perros adiestrados para estimular el aprendizaje.

Quien tiene o ha tenido un animal como mascota es conocedor del bienestar que este puede producir, más allá de la compañía. Al margen de los miedos existentes, desde hace algunos años se está apostando por realizar con los perros intervenciones terapéuticas, educativas y sociales en beneficio de las personas tanto en colegios e institutos como en centros de mayores. Marta Sanz y la perra Abril acudían recientemente al IES Marqués de Lozoya para presentar a la comunidad educativa este tipo de terapias que, en el caso de Marta Sanz, lleva desarrollando tres cursos en el colegio Albar Fañes de Íscar; y el curso que está a punto de terminar, en los centros de Olmedo y Pedrajas de San Esteban, los tres en la provincia de Valladolid.
Abril es un ‘labrador retriever’ que cumplirá cinco años en agosto. Se formó en Asturias, en la Escuela de Formación del Perro de Apoyo desde los dos meses de edad y ya desde los seis meses comenzó a participar en diferentes terapias. Marta Sanz, su guía, explica que en Galicia o en Asturias está mucho más normalizado que en Castilla y León que haya un perro en las aulas o incluso en hospitales. 
Sanz llegó a iniciarse en este trabajo con perros por casualidad, uniendo las dos pasiones de su vida, los perros y el trato con las personas. Profesora de Educación Infantil, comenzó la formación con perros cuando se quedó sin empleo y desde hace unos años profundiza en una nueva vía de educación.
En su visita al IES Marqués de Lozoya de Cuéllar, Abril y Marta fueron recibidas con gran entusiasmo entre los alumnos, e incluso algunos compartieron su almuerzo con la perra: «Abril trabaja con alumnos con necesidades especiales, en residencias de mayores, personas con daño cerebral adquirido y con toda aquella persona que necesite un apoyo en algún momento de su vida», detalla Marta. En el trabajo que se realiza con el animal en el aula, su guía bromea con que «no es necesario que la perra haga el pino puente». «Es un estímulo vivo para los alumnos, les da cariño, comprensión, aporta paz, y con los niños crea un vínculo que les hace sentir bien, aumenta su autoestima si tratamos con un colectivo que sufre más o tiene más tristeza».
La visita de Abril al centro educativo de Cuéllar forma parte de un proyecto que se quiere implantar el próximo curso, pero para ello primero es necesario que lo conozcan tanto los profesionales como los padres, porque para poder implantarse es necesario que toda la comunidad educativa esté de acuerdo. En los centros de Valladolid donde Abril está trabajando con los alumnos, los resultados son muy positivos. Esta iniciativa ha llegado a Cuéllar a través de Lucía, una profesora del centro que contactó con Marta tras ver un reportaje en TVE. «Normalmente llegamos a través de profesionales que quieren más diversidad en la escuela y que apuestan por alternativas educativas», comenta la guía. 
Introducir este tipo de terapias en los centros educativos es complicado porque la idea de tener un perro en el colegio o en un hospital es impensable en algunos lugares. Por el momento, Marta y Abril están trabajando en la provincia de Valladolid y también en Segovia. Hace unos años participaron en un proyecto educativo en Coca dentro de un programa de animación y fomento de la lectura asistida por perros. A través de esta iniciativas se consigue motivar a los niños para aprender a leer, mejorar las habilidades y adquirir un gusto por la lectura en compañía con el animal. 
Otro de los ámbitos en los que trabaja Abril es en terapias con personas mayores en residencias de ancianos. De hecho, la residencia La Alameda de Nava de la Asunción cuenta con esta terapia. «No es comparable trabajar con mayores y con niños ya que los mayores necesitan otro tipo de objetivos. En las residencias hay un ambiente de tristeza y soledad y lo que intenta la perra es crear un sentimiento de pertenencia al grupo», apunta Marta. En su relato describe una situación habitual como es la entrada de un mayor a una residencia, un momento que es duro para ellos, a través de la perra se produce un nexo con el resto de personas. De este modo el camino de integración puede ser más fácil y se consigue sacar una sonrisa a los mayores.
Para Marta Sanz, la terapia con animales implica un desarrollo importante de valores en las personas como pueden ser: bienestar, cariño, respeto, honestidad y responsabilidad, empatía, vínculos y colaboración tanto para la persona como para el propio animal. Por ello Marta lanza un mensaje final: «Es necesario que se implementen este tipo de programas y que se respeten a los animales».