Voceras

Antonio Pérez Henares
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Voceras

En muchas provincias, los votos de Vox no han servido para nada, solo para que el PSOE gane

Los votos a Vox para el Senado y su intoxicación añadida 1+1+1, jaleado con entusiasmo y tenacidad por sus terminales mediáticas con Federico Jiménez Losantos a la cabeza, para terminar de impedir un cambio de voto de muchos de sus electores que optaran por ellos en el Congreso y dieran un voto útil al PP en el Senado, lograron el pasado día 28-A su objetivo: darle la mayoría absoluta a Sánchez y al PSOE en la Cámara Alta. Ellos no han sacado, nunca tuvieron y lo sabían posibilidad alguna de hacerlo, un solo senador, pero han conseguido que el PP perdiera 70. Gran hazaña. El Senado, clave en las reformas constitucionales, techo de gasto o aplicación del 155 ha pasado a ser controlado por el PSOE y tendrá, además, una fuerte presencia nacionalista.
El ejemplo de lo que se podía y debía hacerse era haber intentado a nivel de España lo que se hizo en la Comunidad Foral de Navarra. Allí, el acuerdo UPN, PP y Ciudadanos consiguió imponerse a la izquierda, a Bildu y a Geroa Bai (versión Navarra del PNV) y sacar los tres senadores propuestos. Pero a escala nacional ese pacto fue rechazado tanto por Ciudadanos, que ha obtenido cuatro senadores como por Vox que se ha quedado en cero. Pero eso sí, gran victoria, han conseguido que el PP perdiera 74 de los escaños que tenía y se quedara en 56 por 121 del PSOE, gran vencedor de la contienda.
Ha habido otras señaladas hazañas de Vox. La más reseñable, conseguir con el puñado de votos que sacaron en Álava que Bildu por tan solo 300 arrebatara al PP su puesto en el Parlamento. No se cuenta, claro. Mejor no hablar de ello. Porque eso puede hacer que la gente piense. Y eso puede ser peligroso.
La propia jornada electoral, el ruido de Vox en redes, rumores y hasta presuntos sondeos era ensordecedor. Quien no le daba 50 escaños es porque le daba 60, 70 o más. En eso estaban. Era un verdadero terremoto, una incontenible riada. Llegaron los resultados y no fueron eso ni se le acercaron. Ni Amazonas, ni Duero, un afluente. Se quedó en un 10 por ciento de los votos y 24 escaños. Que no son moco de pavo, que son muchos votos, 2,6 millones, pero que supone ser la quinta fuerza. No la primera, ni la segunda, ni la tercera ni la cuarta. Pero el ruido nos había confundido a muchos, incluido quien suscribe, reconocido queda y las veces que haga falta, y también a no pocos electores que se quedaron desolados cuando las urnas empezaron a cantar y lo que salió fue que en muchas provincias, los votos a Vox no valían para nada. Bueno sí, para darles parlamentarios y senadores al PSOE. Y eso hizo empezar a pensar a mucha gente que llegaban las municipales y que quizás habría que corregir el tiro.
Así que era necesario recomenzar de inmediato el vocerío y volver a crear todo el ruido posible para que la gente volviera a la confusión e inventarse algo, otro 1+1+1 y comenzar a extenderlo por las redes. Si había tanta gente que decía por los WhatsApp y todo tipo de sitios similares que iban a votar a y resulta que luego no era porque había habido pucherazo. Y en eso están ahora.
El sistema electoral español es desde luego mejorable y debería reformarse (ir, por ejemplo a dos vueltas en la municipales) es una necesidad, pero las reglas de juego son la que son y no vale jugar el partido y cuando se pierde negarse a aceptar el resultado. Pero con algo muy, muy grave. Decir que ha habido fraude en el recuento. Lo que es una insensatez absoluta y un cuestionamiento de todo nuestro sistema democrático. Y esta vez ya no puede callarse ante los voceras y hay que poner pies en pared y enfrentarse con decisión a ellos. Porque es una falacia, es un insulto y es descrito para todos y cada uno de nosotros y en particular para las muchas decenas de miles de ciudadanos que en las mesas, como vocales, presidente, interventores, apoderados, también de Vox como de todos los partidos, han vigilado y son fedatarios de la total y absoluta limpieza de ese recuento. Un recuento que, además, se trasmite a las juntas electorales provinciales donde se vuelve a revisar y a cuadrar los resultados. Un recuento y proclamación definitiva de resultados que hará por último la Junta Electoral Central. Las garantías son totales, la transparencia total y los controles máximos. Y resulta que tras esa jornada electoral, donde se produjeron anomalías mínimas, como en todas, donde los apoderados e interventores de Vox no dicen ni pío y a lo largo de ella resulta que pasado un tiempo comienzan a extender la especie de que ha habido pucherazo. Y que se haga recuento nuevo y que por las redes se extienda como el humo tóxico la sospecha.
 

Respetar la democracia. La cuestión es en el fondo muy clara. Si alguien tiene pruebas de que existe alguna irregularidad o fraude en el proceso y recuento electoral era, y es, su deber denunciarlo ante la Junta Electoral y ante el juzgado. Denuncias sobre hechos, denuncias con base, denuncias que no sean que es muy raro y que se diga, por ejemplo, que es que ha habido en la Comunidad Valenciana un uno por ciento de votos nulos. Pues sí. Parece que lo ha habido. En las elecciones de 2016 hubo un 0,87. ¿Y? Habrá habido, en cada elección las hubo, alguna anomalía, algún descuadre, alguna disputa. Todas se acaban investigando y dilucidando, algunas incluso con largos procesos, incluso judiciales pues llegaron a los tribunales de Justicia. Pero de eso a establecer una causa general contra la democracia porque un partido, Vox, no ha obtenido los resultados que pensaba va un mundo y se cruza una raya que nunca debió cruzarse. La de quienes respetan la democracia y las normas y quienes no lo hacen.
La rica lengua castellana tiene entre sus registros algunas palabras de su pueblo más llano, que son a veces precisiones y descripciones lingüísticas maravillosas. Entre ellas hay una que viene al pelo: voceras. Ser un voceras que dicen por los pueblos y todos saben lo que quieren decir con ello. Que no es precisamente una de esas estupideces de genero podemitas, cosecha Irene Montero, para que no la digan portavoz, porque ya saben que la pobre z, además de ser la última del abecedario ahora ha sido declara letra machista, sino que retrata con precisión y sonoridad un fenotipo personal y puede que hasta colectivo. Pues eso, mejor bajen diapasón, controlen un algo el vocerío, no sean que lo acaben teniendo como mote. 
Claro, que no solo hay voceras por Vox. No sería justo aplicársele solo a ellos. Pocos pueden tirar la primera piedra, desde luego. Ni hay partido exento. Pablo Casado es de quienes tenía que hacérselo mirar porque, por ejemplo, ¿cree que la mejor manera de volver a atraer a gentes que votaron a otros hace tan solo unos días y que se lo piensen para las municipales es ponerles encima epítetos ofensivos? El PP y el mismo se juegan el ser o no ser en el próximo encuentro con las urnas. Se lo juega con Cs y ahí se va a dirimir la primogenitura del centro derecha en España que ha quedado con las espadas en el aire. Mejor que antes de ponerse a hablar tracen algún tipo de estrategia y sepan lo que van a decir porque sino Rivera les va a comer la tostada. Mejor que todos dejen de hacer el voceras.