Enemigos de La Gillette

Sergio Arribas
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Con barbas frondosas y tupidas, que algunos mantienen desde hace décadas, estos segovianos superarían sin problema el 'casting' para el papel de Papa Noel o Rey Mago

Segovianos con barba, algunos con 30 y 40 años sin afeitarse. - Foto: D.S.

Por su barba le conoceréis. Que se lo digan al segoviano, natural de Riaza, Agustín Zamarrón, médico y diputado socialista por Burgos, el más longevo de la actual legislatura y conocido como ‘El Valle-Inclán’ del PSOE, por su larga y poblada barba blanca, similar al del escritor de la generación del 98. No faltan por estas tierras ilustres de abundante barba, desde Salvador Lucio, el popular ‘Salva’, hasta el que fuera fiscal de la Audiencia Provincial, Antonio Silva, pasando por quien fuera delegado de la Junta y arqueólogo, Luciano Municio.

¿Quién no recuerda la barba del artista José María Moro, del cocinero Tomás Urrialde o del fundador de Amigos del Pueblo Saharaui, Luis Yuguero? El diputado Zamarrón pasaría sin problema un ‘casting’ para emular estas Navidades a Papa Noel o para desfilar en la Cabalgata, como otro segoviano con su mismo apellido, el músico y folclorista Pablo Zamarrón, también de barba frondosa. Y junto a él, un sinfín de segovianos enemigos de la Gillete, con hasta 30 y 40 años luciendo barba con orgullo. Unos la llevan por comodidad, otros por estética y hay quienes no se desprenden de ella porque les confiere al rostro una personalidad especial. 

Pablo Zamarrón, folclorista. «Al menos desde el año 80, que conocí a la que después fue mi mujer, tengo barba ‘estable’.  A estas alturas me vería raro sin barba. Mi mujer no me ha conocido sin ella. Un verano me la recorté mucho y me resultó bastante extraño. Forma parte de mi estética, aunque ha ido cambiando de color, de pelirroja a negra y ahora, blanca. Cuando vino la moda hipster me decían: ‘Ahora se lleva la barba que siempre has llevado tú’. En ocasiones he representado a un rey Mago en la Cabalgata».

El fotógrafo Alberto Benavente.El fotógrafo Alberto Benavente. - Foto: D.S.

Juan José Martín Larumbe, joyero: «Llevo barba desde 1976, cuando en la mili me salió un eccema en la cara y mi general me autorizó a llevarla. Toda la vida la he llevado y ahora voy a una barbería a arreglarmela. Me la quité una vez y me vi muy raro. Para mí es una comodidad, además de que, como padezco de la garganta, la barba ejerce un efecto bufanda».

Ramsés Gil, exfutbolista: «Me gusta ir cómodo. Puedo llevar la cabeza rapada o el pelo más largo o de repente me dejo barba y un día me la afeito».

Alberto Martín, publicista y escritor: «Empecé por la típica dejadez de no querer afeitarme regularmente y ahora no me imagino sin ella. Llevo unos 13 años sin afeitarme completamente excepto una vez que fue más por error que otra cosa y me pareció extraño verme sin ella».

El folclorista Pablo ZamarrónEl folclorista Pablo Zamarrón - Foto: Rosa Blanco

Guillermo San Juan, concejal de podemos: «A la vuelta de unas vacaciones no me reconocía con mis habituales patillas. Después de varias visitas a Javi Plaza, mi peluquero del barrio, mi gurú y confesor, decidí dar un giró estético. Ahí se inauguró, con el beneplácito de mi madre, peluquera de toda la vida, la barba como etapa vital (se ríe). Mi pareja se ríe mucho porque dice que tengo más lociones para la barba que botes de crema en toda la casa. La ventaja del día que me afeite, es que me quitaré 10 años de golpe».

Jaime González, reportero audiovisual. «Tuve una jefa que me obligaba ir afeitado todos los días. Cuando salí de aquel trabajo, opte por no afeitarme. Cada 20 días voy a la barbería. Cuando empecé a perder pelo en la cabeza, la barba hacía que se fijaran menos en mis entradas. No pienso quitármela, creo que me imprime madurez, aparte de que me veo más guapete (se ríe)».

Marcelo Galindo, periodista. «Llevo 34 años con barba. Empecé a dejármela tras unas vacaciones de verano en Málaga. Por pura pereza. Desde entonces, solo he estado un mes y medio sin ella, cuando hice la mili, que me obligaron a afeitarme y después me autorizaron a tener barba ‘bien cuidada’. No soy muy pejigueras con el tema del cuidado, aunque no me gusta en plan hipster. Las canas en la barba me ayuda a ver el paso del tiempo».

El exfutbolista y director deportivo de la Gimnástica Segoviana, Ramsés Gil.El exfutbolista y director deportivo de la Gimnástica Segoviana, Ramsés Gil. - Foto: J.Martín

Luis Martín. trabaja en innovación empresarial. «Llevo sin pasarme una cuchilla de afeitar desde los 20. Llevo estar barbas desde hace 8 años. Más que preocuparme de cuidar mi barba, otros se preocupan por mí. Me dicen: ‘anda y vete a que te arreglen la barba un poco, que se esta yendo de las manos’. Mi novia no me dejaría quitármela. La barba me da calorcito cuando corro en la montaña. Y ya es un símbolo personal: si no sabes quien es Luis, busca un barbudo y es ese».

Francisco Javier García Herrero, propietario de ‘Doblón’. «Juan Francisco Sáez Pajares abrió la tienda Doblón a principios de los 80 y ya con barba. En un negocio como el nuestro, de monedas y sellos y elementos antiguos nos da un punto de seriedad».

Amador Marugán, jubilado. «Llevo barba desde hace 40 años. Decidí dejármela porque pensé que iba con mi personalidad y convicciones. Mi hija de 39 años no me conoce sin barba. Al día de hoy no me reconocería sin ella, es parte de mi fisonomía».

El actor y titiritero Daniel Sesma.El actor y titiritero Daniel Sesma. - Foto: D.S.

Carlos Andonegui, emprendedor, fundador de Vinopremier.com. «Llevo barba desde los 18 años y desde entonces me habré afeitado con cuchilla no creo que más de cinco veces y ahora tengo 40 años. Tuve una época que me la dejé larga y ahí sí me la cuidaba más para no parecer un naúfrago. Forma parte de mi personalidad. ¡Sin barba no sería yo!».

Miguel Hernández, expresidente Junta de Cofradías. «Me acompaña la barba desde hace diez años. Me la arreglan en una peluquería, antes, cuando lo hacía yo, era un destrozo. No me imagino sin ella, da otro aspecto a la cara a los que no somos físicamente guapetes. Tener barba da un poco de seriedad y madurez, aunque también es un poco de vaguería, de no tener que afeitarse todos los días».

Daniel de Benito, youtuber y miembro de ‘Bolontxis’: «Llevo tanto con ella que casi ni me acuerdo cuando me la dejé. No me imagino sin ella, aunque mi novia lleva tiempo detrás de mi para que me afeite completamente, pero no lo consigue. Creo que me aporta personalidad».

El joyero Juan José Martín Larumbe.El joyero Juan José Martín Larumbe. - Foto: Rosa Blanco

Norberto García Hernanz, poeta. «De forma continuada, llevo barba desde hace cuatro años. Parece ser que, dada la moda imperante, no resultaba mal a la vista de los demás y valoré ademas su facilidad de mantenimiento. Evita el rasurado diario. Imagino que si volviera a ser mayoritaria la tendencia a no tenerla, volvería a prescindir de ella».

Alberto Valverde, cantante de ‘Anima’. «Cuando viví en Malasia, en 2011, me la dejé. Dejé de preocuparme de todo en general, de la barba también. Y me la cuido, porque sino parecería a Tom Hanks en ‘Naúfrago’. ¿Tampoco es plan de ir dando pena no? Ahora veo fotos mías sin barba y me entran todos los males, así que no me planteó quitármela».

Daniel Sesma, titiritero. «De una manera u otra siempre he llevado perilla o barba completa. Me gusta. Tener barba no es una cuestión de ser descuidado. Requiere cuidado diario, lavado y cepillado. ¡Claro que me puedo imaginar sin ella!, aunque, sinceramente, ahora solo lo haría por exigencias del guión. Creo que me aporta personalidad».

Alberto Benavente, fotógrafo: «Calculo que llevo con ella 17 años, por comodidad, pero también por un tema estético. Me gustará dejármela más larga, pero trabajo de cara al público y tengo que cuidar mi imagen. Me ha tocado afeitarme en alguna ocasión y parezco un niño. Creo que es una barba resultona (se ríe)».

Pepe Murciego, artista y editor. «Llevo barba desde hace unos 20 años en diferentes modalidades: barba completa con bigote, solo perilla muy frondosa o solo perilla fina. No me imagino sin ella. Hace muchos años tuve un accidente tonto, que provocó un esguince y la cancelación de mis planes navideños. Para ayudar a sanar el cabreo me corté radicalmente la barba y el pelo. Un día después, cuando vinieron mis padres a visitarme no me reconocieron. La barba me aporta belleza y protección. Es decir, me gusto con barba y como soy algo tímido, me ayuda a esconderme un poco».