TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Siendo Pogba

20/12/2019

Cuentan en los mentideros capitalinos que el regreso de Zidane (al mismo club que había dejado plantado tres Copas de Europa después) estaba condicionado a ciertos fichajes de renombre… y Pogba era el principal.

Cuentan también en Escocia que John Lambie, entrenador del Partick Thistle en los años 90, fue informado de que su delantero centro, Colin McGlashan, estaba conmocionado tras un choque y no recordaba quién era: «¡Perfecto! Dile que es Pelé y que vuelva al campo».

Zidane le ha dicho a Valverde que es Pogba.

Y Valverde es más Pogba que el propio Pogba.

Ya que no se lo dieron, Zidane se lo tuvo que inventar.

No le hizo falta un golpe en la cabeza para creérselo: la fe inquebrantable del futbolista uruguayo, histórica por ímpetu y capacidad competitiva, se une a un despliegue físico monumental: el del tipo capaz de recuperar al borde del área propia y terminar la jugada con un zurriagazo (añadan su espectacular golpeo de balón a la lista de virtudes) al bordel del área contraria.

El Real Madrid puede permitirse alinear a cuatro defensas y dos pivotes de corte defensivo (Valverde-Casemiro, algo que sólo permitirían a Zidane) porque en las eras de transición los equipos necesitan eso que unos llaman equilibrio, otros 'amarrar', otros músculo… Pero de repente, Pogba, o sea, Valverde, también domina facetas del juego que permitirán al equipo gobernar partidos a priori ingobernables como el del miércoles en Barcelona. El muchacho, 21 añitos, es un futbolista descomunal para muchos años... salvo que se crea Pogba de verdad, es decir, una 'vedette' con ínfulas y la cabeza traicione al cuerpo y al talento.