El jugador que llegó tarde, pero a tiempo

Juan José Lahuerta (EFE)
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El jugador que llegó tarde, pero a tiempo - Foto: Juan José Lahuerta

Partidario de la prohibición del móvil en los vestuarios y convocado con la selección a los 30 años, Jaime Mata rompe con el arquetipo de futbolista está en la élite

Jaime Mata (Tres Cantos, Madrid, 30 años), es una de las sorpresas de la temporada. Suma 14 goles y solo otro español ha marcado más en Liga, Iago Aspas. En el Getafe, aunque parezca increíble, disputa su primera temporada en Primera División. Ha llegado tarde, pero a tiempo.

 

¿Pertenece a esa generación que de pequeño todavía jugaba en campos de barro?

Sí. He jugado en campos de tierra. Incluso en juvenil había campos así. Era diferente, campos tremendamente distintos. Ahora, desde prebenjamin se empieza a jugar en hierba. En el Tres Cantos, hasta que se hizo artificial, jugué en tierra varios años.

 

¿Eso crea un estilo de jugador diferente? ¿Nota que los chavales de su época eran más pícaros? Ahora todo tiene que estar perfecto, que no pase nada...

Se nota. Desde pequeño hay muchas escuelas de tecnificación. Todo es muy profesionalizado. Antes era mucho más de picaresca para unas cosas, un fútbol diferente e incluso se hacía fútbol de calle. Por las tardes, estabas mucho tiempo sin que hubiese tanto peligro como hoy en día, que hay mucha sobreprotección con los niños. Antes estabas en la calle con gente mayor y tenías que espabilar. Es otra generación.

 

Tiene 30 años, su compañero de ataque Jorge Molina, 37... Cuando observan a los jóvenes del vestuario, ¿ven diferencias de comportamiento respecto a cuando eran nuevos en un vestuario?

Nuevas generaciones y nuevas formas de entender el día a día. Estamos acostumbrados a otro tipo de sensaciones y situaciones. Antes llegabas y eras el primero en hacer todo lo que se te pidiese, el último en ducharte, el último en tumbarte en una camilla y el último en todo. Ahora el trato es más directo, todos a la misma altura, no hay clases.

 

Vivió la época sin teléfonos en un vestuario. ¿Se nota?

Sí. Soy de los que agradecen cuando hay entrenadores que prohíben el uso de los móviles en el vestuario. Favorece el trato. Parece una tontería, pero no es lo mismo entrar y hablar con el de al lado que estar cada uno con su teléfono hasta que aparece el entrenador.

 

Comenzó Derecho, después hizo un grado superior en Administración y Finanzas y luego otro en Comercio Internacional. ¿No las tenía todas consigo de que iba a llegar a la cima?

La prioridad siempre fueron los estudios. Me arrepiento de no haber terminado la carrera y haberme pasado a los módulos. Pero siempre lo hice con la prioridad de la formación académica. Del fútbol dependes de un montón de factores para poder llegar. Hay que tener los pies en el suelo. Lo primero, es la formación académica.

 

Jorge Molina dijo que aconseja a los más jóvenes del vestuario que estudien ¿Usted hace lo mismo?

Sí. Hoy justo hablaba con Hugo Duro (canterano). Tenía época de exámenes y me decía que con esto lo había dejado. Le he metido caña diciéndoles que no se le ocurra parar. Eso es lo primordial. El fútbol es un deporte injusto. Hoy estás arriba y mañana abajo.

 

En su primera etapa, cantera del Rayo, Móstoles, Tres Cantos, Socuéllamos... ¿estuvo a punto de dejar el fútbol porque veía que no llegaba a la cima?

Sí. Tuve la suerte de que todo llegó de la mano. Justo cuando acabé los estudios tuve la oportunidad de irme fuera de Madrid. Iba todo parejo. En ningún momento tuve una decisión complicada. Terminé los estudios con la idea de ponerme a trabajar y justo llegó la oportunidad de irme al Girona. Pensé que no pasaba nada por probar la experiencia. Si no, volvía y me ponía a trabajar. Nunca estuve entre la espada y la pared.

 

Conoció la crisis a fondo... es famosa su foto con los pantalones bajados con el Galáctico Pegaso protestando por impagos. ¿Cómo fue aquella época?

Por suerte me pilló viviendo en casa. Pero la gente veterana del equipo necesitaba ese dinero para comer, para pagar hipoteca, dar de comer a los niños... eran situaciones complicadas. Empatizas con la gente y con la necesidad que había de los sueldos. La crisis afectó mucho al fútbol modesto.

 

Cuando estaba con los pantalones bajados en 2009... Si le dicen que va a jugar en la selección, ¿qué habría pensado?

Le diría que está loco. No entraba ni en el mejor de mis sueños haber disfrutado de la experiencia de haber estado convocado con la absoluta. Fue una semana preciosa.

 

Y si en pretemporada alguien le dice que el Getafe a falta de cuatro partidos va a estar peleando por la Champions... ¿Le habría llamado también loco?

El objetivo era la permanencia con soltura para soñar con algo más, como estar cerca de Europa. Pero estar donde estamos era algo impensable.

 

Jugar la Champions, ¿ayudará a que figuras que podrían salir como Bordalás se queden en el club? ¿Puede atraer a más gente en vez de que el Getafe sea un club trampolín?

Sí, totalmente. Es lo que pienso. Si haces una buena base, tienes estos años buenos, un entrenador muy querido en el club con resultados y un buen proyecto... al final es un club para crecer. Tiene una Ciudad Deportiva que se pueden hacer muchas cosas, un buen estadio, cerca de Madrid. Tenemos todo para darle la vuelta a eso y que sea un sitio en que la gente quiera venir.

 

Entonces, Bordalás y usted... ¿tienen futuro aquí?

Sí. Totalmente. Primero, por contrato (ríe). A partir de ahí, se puede dar la vuelta y más si el equipo está arriba. Es un escaparate muy bueno para que los jugadores quieran venir.