CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


La batalla de Madrid

La euforia del PP comienza a desmoronarse ante el aparente acercamiento de Ciudadanos al PSOE, afectado por la seducción que despliega Pedro Sánchez, más la dureza de Vox, que harto de que se dé por hecho su apoyo al PP ha exigido conversaciones a tres para llegar a acuerdos de gobierno. Para expresar aún más su disconformidad con PP y Cs, ha anunciado una enmienda a la totalidad a los presupuestos andaluces.

Pablo Casado y los suyos empiezan a asumir que no tienen fácil el objetivo que se habían marcado: Madrid. La lucha para conseguir el ayuntamiento y el gobierno autonómico es a cara de perro, sin piedad para el adversario, entre otras razones por conquistar Madrid permite aparecer como ganador al que ha tenido mal resultado en las elecciones.

La palabra Madrid se pronunciara en todas las mesas. Para Pablo Casado es pieza clave, porque solo si la consigue provocará que la gente de su partido no tenga tantas reticencias hacia su presidente, que ha cosechado el peor resultado de su historia. Casado necesita la plaza madrileña, para lo que necesita la colaboración indispensable de Ciudadanos y de Vox. Pero Sánchez, que también desea Madrid, está decidido a ofrecer a Ciudadanos lo que sea con tal de abortar el posible pacto con el PP.

Hace un año que el PP perdió La Moncloa con una moción de censura, y Casado no ha tenido todavía la oportunidad de demostrar sus capacidades como posible jefe de gobierno. Gobernar Madrid sería la forma perfecta de dejar claro que se pueden aplicar sus políticas fiscales a la baja para crear empleo, mantra que repiten los populares y que el PSOE considera incierto; las políticas sociales, educativas o sanitarias que se apliquen en Madrid servirían de referente para el resto de España y si van bien sumarán votos los que las han impulsado.

Gobernar Navarra o Pamplona tiene una carga política que a nadie se le escapa, como gobernar Cataluña o el ayuntamiento de Barcelona; que lo hagan los constitucionalistas sería un mazazo para los que nacionalistas radicales, para los que apoyaron el terrorismo de ETA, y para los independentistas. Lo de Madrid va de otra cosa, va de presencia tan importante o más que la de cualquier ministro. Para el PP sería campo de operaciones de políticas que el PSOE considera inaplicables, y sería también poner en valor una capital que lleva años en barrena, por mucho que Podemos insista en las bondades de una Carmena. Muy popular, pero un desastre como gestora.

PP y PSOE se van a empeñar a fondo en la pelea por Madrid, con una gran duda en sus cabezas: Ciudadanos. Lo que dice Rivera en campaña vale lo justo, conocidos los resultados puede promover lo contrario si le conviene. Su credibilidad sigue bajo cero aunque la dirección siga insistiendo que el PP es el socio prioritario. Así que lo que toca es esperar.