COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Rivera mantiene las espadas en lo alto

La reunión de la ejecutiva de Ciudadanos para definir su política de pactos, o ante los pactos, apenas ha aclarado nada. O de forma castiza podría decirse que lo mismo sirve para un roto que para un descosido. O volviendo la vista hacia como se negocia en Bruselas podría afirmarse que nada está acordado hasta que todo esté acordado. Además, tanto Ciudadanos como el resto de los partidos aún tienen tiempo –más breve en el caso de los ayuntamientos- para llegar a una verdadera negociación, por lo que todavía se puede dilatar la hora de tomar decisiones hasta que el tiempo se eche encima y sea imprescindible pasar de las musas al teatro, y firmar los acuerdos de investidura y de legislatura que doten de estabilidad a las instituciones.

Ciudadanos no está dispuesto a negociar gobiernos en los que estén VOX, Podemos o los nacionalistas, a la vez que elige al Partido Popular como socio preferente. Pero el único lugar donde esta coalición puede ser determinante sin el concurso de la ultraderecha es Castilla y León, mientras que en el resto de comunidades autónomas donde pueden gobernar, Madrid, Murcia y Aragón, la suma que proporciona la mayoría absoluta solo se alcanza con el partido de Santiago Abascal. Y además en el caso de Castilla y León el deseo de regeneración política que es una de las señas de identidad de C’s, puede desempeñar un papel determinante y desnivelar la balanza a favor de los socialistas para acabar con varias décadas de gobierno popular en la región.   

O sea que está muy difícil la cuadratura del círculo con las condiciones impuestas por la dirección de Ciudadanos. A eso se suma que no están dispuestos a sentarse en ninguna mesa con Vox, como ha propuesto el PP, y prefieren una formulación de pactos a la andaluza, mediante la negociación con el PP y que este partido lo haga con Abascal. Pero en esta ocasión Vox no está dispuesto a aceptar el ninguneo de Rivera y ha respondido a la presión de los ‘naranjas’ con una enmienda a la totalidad a los Presupuestos en Andalucía. Y eso no es un farol.

Las condiciones de Ciudadanos, tomadas de forma literal, benefician el pacto con los socialistas si se tiene en cuenta que ni en Castilla y León, ni en Murcia, ni en Aragón habría partidos nacionalistas necesarios y tampoco lo serían los escaños de Podemos. Distinto es la comunidad de Madrid, donde los dispensadores de credenciales tienen que decidir si consideran a Más Madrid, el partido de Íñigo Errejón, como populista o le conceden la vitola de constitucionalista. Queda la cuestión navarra, donde los socialistas podrían gobernar con apoyo de Bildu, -una posibilidad negada dese Ferraz-, que tendría onda expansiva al conjunto de los pactos.

Aún falta por dilucidar el poder que quiere tener Ciudadanos en los próximos gobiernos autonómicos, y si a cambio de apoyos exigir estar al frente de alguna comunidad o de ayuntamientos de relumbrón. Para lograrlo tiene más fácil al pactar con el PP, porque en las comunidades autónomas y alcaldías dependientes de sus votos su posición es todavía más subalterna con respecto a los socialistas que a los populares.

Cuestión distinta es la aplicación de esas líneas de negociación en el Ayuntamiento de Barcelona, donde con esos mimbres Manuel Valls no podría pactar con Ada Colau, a no ser que quien fue su candidato rompa con Cs.