CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Madrid, Madrid, Madrid

El chotis, dicen los expertos, tendría que ser posible bailarlo sobre un ladrillo. Si el chotis lo baila un trio, no una pareja, la dificultad es máxima.

El PP ha tenido que pactar con Vox por un lado, con Ciudadanos por otro, y finalmente hubo reunión de los tres partidos que acabó como el rosario de la aurora pues solo se hicieron la foto; semanas de negociaciones para otro pacto PP-Vox con cesión de exigencias por parte del partido de Abascal, traslado del PP a Vox el nuevo texto… y al fin Isabel Díaz Aguado toca ya con los dedos la presidencia madrileña.

Ha sido el parto de los montes, que demuestra cómo está el centro derecha español. Dividido, falto de diálogo y con el PP haciendo toda clase de equilibrios un lado y a otro para que no se rompa la baraja y brinden en Moncloa al ver a Gabilondo en el sillón presidencial madrileño.

En estas semanas una desconocida Isabel Díaz Ayuso se ha hecho un pequeño nombre, su rostro empieza a ser familiar y sobre todo su talante: no se amilana, negocia hasta la extenuación aunque todo se le ponga en contra. En Vox, Rocío Monasterio ha demostrado capacidad de aguante ante la actitud de Ciudadanos de tratar a Vox como una panda de apestados. Para Monasterio, todo era tragable con tal de que el gobierno madrileño no fuera a manos de la izquierda. Ciudadanos en cambio anteponía su animadversión visceral a Vox a la posibilidad de dar gobiernos a PSOE y Podemos. Solo se avino a ceder, tanto en Murcia como en Madrid, cuando esa animadversión empezó a pasarle factura y percibió el movimiento de desafecto de un sector importante de votantes.

La semana que viene Ayuso será presidenta si no se tuercen las cosas y empezará a gobernar con miembros de Ciudadanos ocupando casi la mitad de consejeros y la vicepresidencia. Un reto. En situaciones así las relaciones personales son tan importantes o más que las políticas, y si en Andalucía Juanma Moreno lleva bien el casamiento con Ciudadanos no solo por la forma de ser de Marin sino porque Ciudadanos-Andalucía cree firmemente en el pacto alcanzado y actúa –hasta el momento- con lealtad, Aguado tiene más vueltas que Marin, y la dirección nacional ha estado excesivamente pendiente del gobierno madrileño por su enorme proyección pública, por mucho que Andalucía sea la comunidad más poblada y el nuevo gobierno sea el primero que rompe la histórica hegemonía socialista.

Madrid, plaza clave para cualquier partido, no será sin embargo una aventura fácil para los nuevos gobernantes. Tendrán que demostrar que saben gestionar más allá de las promesas, pero también tendrán que esforzarse en limar las tensiones actuales: para que el invento funcione deben existir relaciones fluidas entre PP, Ciudadanos y Vox. Sí, también Vox, mal que le pese a Rivera y a Aguado. En manos de Monasterio está bloquear o no la labor de gobierno.