COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Rivera pide que los disidentes formen otro partido y en Cataluña le hacen caso

Al presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, le ha salido un tic autocrático cuando ha invitado a los disidentes de su partido, que se han mostrado favorables a facilitar la investidura de Pedro Sánchez, a que se vayan de su formación y que creen otro nuevo partido que esté dispuesto a santificar al líder del PSOE. A su juicio, todos los votantes del partido naranja estarían en fila india detrás de las posiciones de la dirección del partido sin ninguna duda. Una cuestión un tanto relativa dada la procedencia de una parte de los votantes de Ciudadanos que han allegado sus votos debido al desencanto con el PSOE pero que ante la tesitura de ir de la mano con un partido de ultraderecha como Vox o facilitar la gobernabilidad de los socialistas, quizá prefirieran esta alternativa.

Tras la crisis surgida a lo largo de la última semana en la que había enviado a sus escuderos a explicar las posiciones oficiales en contra de los críticos partidarios de acabar con el ínterín actual y que un próximo gobierno comience a trabajar, las declaraciones de Albert Rivera simplificando las posiciones del PSOE al sanchismo suenan muy parecido a un proceso de purga estalinista de esos que han sido tan frecuentes en partidos de la izquierda española y que tantas consecuencias han tenido a lo largo de los últimos 40 años.

Sin embargo, no parece que los críticos y disidentes de Ciudadanos vayan a hacer caso a su líder y, por el momento van a trabajar desde dentro del partido para que recupere alguna de las señas de identidad que creen vulneradas, como cerrar el paso al independentismo y avanzar en la regeneración de la vida política. El exresponsable de Programas de Ciudadanos, Tony Roldán lo ha hecho como se debe de hacer, ha dimitido de sus cargos y ha entregado el acta de diputado pero permanece en el partido en el que cree tanto como Rivera. El jefe de sus eurodiputados, Luis Garicano, tampoco va a salir del partido, lo mismo que Javier Nart, dispuestos a dar la batalla interna. Hasta el líder de Cs en Castilla y León, Francisco Igea, del sector crítico, ha seguido las directrices de su formación y ha sellado un pacto con el PP aunque no hubiera puesto problemas a un pacto con el PSOE para acabar con varias decenas de año de gobierno popular.

La primera gran crisis de Ciudadanos ha tenido su epicentro en Cataluña después de que el candidato de esta formación en el Principado, el exprimer ministro francés, Manuel Valls, decidiera votar con otros dos ediles a favor de Ada Colau como alcaldesa de Barcelona para frenar que se convirtiera en la capital de la república catalana, como quería el vencedor de los comicios, de ERC, Ernest Maragall. De los seis ediles logrados por la lista de Valls, cuatro permanecen Cs pero una quinta edil, Eva Parera, es la promotora del nuevo partido Lliga Democràtica, que pretende aplicar el "modelo de responsabilidad" de Manuel Valls tanto con Colau como con la investidura de Pedro Sánchez. Si se tiene en cuenta que desde las elecciones autonómicas catalanas a las municipales del pasado mes, Cs se ha dejado más de medio millón de votos, y que quizá a Valls le apetezca iniciar la aventura nacional, Rivera debiera tener cuidado en animar a que se le vayan activos importantes.