Todo listo para el Brexit

M.R.Y. (SPC)
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El Parlamento británico ratificará la próxima semana el Tratado de Retirada para que el divorcio sea efectivo el día 31

Todo listo para el Brexit - Foto: HANNAH MCKAY

Llega la hora de la verdad. Después de más de tres años de idas y venidas, de intentos frustrados y, sobre todo, de mucha incertidumbre, el Reino Unido se prepara ya para su divorcio de la Unión Europea.
Han tenido que pasar tres primeros ministros británicos -David Cameron, que dimitió tras el referéndum de permanencia; Theresa May, incapaz de lograr el respaldo de la Cámara de los Comunes para una separación acordada; y Boris Johnson, que se consolidó en el cargo el mes pasado tras conseguir en las urnas una abrumadora mayoría absoluta-, dos elecciones adelantadas en el país y unas europeas, un cambio al frente del Parlamento de Westminster y otro en las instituciones comunitarias para que el proyecto, anunciado en 2013 y ratificado por los británicos en 2016, llegue a buen puerto. Al menos, previsiblemente.
El viernes 20 de diciembre, por fin, se dio el primer paso hacia la ruptura definitiva. Los conservadores hicieron valer su dominio en los Comunes y aprobaron el proyecto de ley del Brexit, dejando medio camino hecho antes de irse de vacaciones de Navidad. La próxima semana se retoma la actividad parlamentaria y para el 9 de enero está previsto que el Tratado de Retirada sea avalado por la reina Isabel II tras recibir el visto bueno de las dos Cámaras legislativas.
El hecho de que la ruptura entre en vigor el 31 de enero sería todo un logro para un Gobierno que conseguiría su empresa de una vez por todas, ya que será oficial 10 meses después -estaba previsto, inicialmente, para el pasado 29 de marzo y ha sufrido dos prórrogas- y pondrá fin al período abierto después del referéndum de junio de 2016. 
Solo por eso, será un éxito para Johnson, aunque, en realidad, ese día no cambiará nada. El Reino Unido permanecerá en el mercado único y la unión aduanera -aunque sin voz ni voto en la toma de decisiones- durante el conocido como período de transición, que se prolongará, inicialmente, hasta el 31 de diciembre. Un tiempo -«insuficiente», a ojos de las autoridades comunitarias- durante el que Londres y Bruselas volverán a sentarse en la mesa de negociaciones para firmar un acuerdo comercial que guíe las relaciones bilaterales del futuro.
Serán 11 meses que Johnson ha aprobado por ley que no se extenderán, aunque los temas a debatir son lo suficientemente complejos como para que no dé tiempo a cerrar todos los flecos.
El mes de febrero será de descanso y el proceso de diálogo entre ambas partes dará comienzo el próximo 1 de marzo, fecha del pistoletazo de salida para la desconexión total.
Johnson prevé acordar un tratado comercial similar al que la UE tiene con Canadá, pero con ciertas mejoras. Sin embargo, no parece ser consciente de que ese pacto transoceánico tardó siete años en ser ratificado. 
temores. Para colmo, el calendario aprieta y en junio está prevista la Cumbre del Brexit, a la que Bruselas quiere llegar con un «acuerdo básico» que pueda ser ratificado por el Parlamento Europeo antes de noviembre. Además, ante el temor de un posible efecto contagio entre los Veintisiete, las autoridades comunitarias ya han avanzado que el acuerdo de libre comercio no será un camino de rosas, sino que plantarán cara a las exigencias de Londres. No hay que olvidar que, después de 47 años de alianza, tras el divorcio británico, la UE no solo pierde un socio, sino que gana un competidor comercial.
El principal miedo es que el conservador opte por rebajar las normas sociales y medioambientales y convertir a su país en un paraíso fiscal en Europa, lo que haría más complicadas las negociaciones.
Y, en el seno del Reino Unido, persiste la amenaza rupturista de Escocia, a la que se ha sumado Irlanda del Norte. Ambas regiones no quieren abandonar la UE y pretenden celebrar sendas consultas para separarse del control de Londres, algo que el propio Johnson ya ha avisado de que no será posible.
Las negociaciones serán arduas. El premier no solo ha blindado ante el Parlamento los 11 meses de transición. También ha avisado ya de que no pedirá «ni una prórroga más», por lo que la fecha del 31 de diciembre para la ruptura definitiva entre las partes se antoja inamovible. Aunque no haya un consenso entre las partes. Entonces, a pesar de que todo apuntaba a que el divorcio sería amistoso, volverá a sobrevolar la idea de un Brexit caótico, sin acuerdo y abrupto que dificulte las relaciones entre ambos lados del Canal de la Mancha.