Ortigosa y La Granja, las canteras del Acueducto

A.M.
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Javier Martínez, científico del Instituto Geológico y Minero de España, fija la procedencia de los sillares de los arcos centrales del monumento romano en afloramientos de ambos municipios

Cantera ‘El Berrocal’, en Ortigosa del Monte, donde se aprecian grandes bolos de granito - Foto: A.M.

Tras los últimos trabajos de investigación realizados este verano en el Acueducto, declarado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, se va estrechando el cerco en torno a la investigación de la procedencia del granito con el que se construyó esta gran obra de ingeniería hidráulica, a principios del siglo IIdespues de Cristo. 
En el transcurso del seminario ‘Lapides et marmora: la construcción de un imperio. Los recursos lapídeos de la Hispania romana’, organizado por el Museo de Segovia, dedicado al material lapídeo y a las canteras que eran utilizadas en la construcciones romanas, el científico titular del grupo de piedra natural y patrimonio monumental del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), Javier Martínez Martínez, dijo textualmente que «la parte central del Acueducto, parece ser la zona con menos reconstrucciones y que muestra la fábrica original romana, tiene un uso exclusivo tanto de sillares de Ortigosa del Monte como de La Granja-Valsaín».  
En su comunicación, Martínez se refirió a los resultados preliminares de la línea de investigación en la que colaboran el IGME, los ayuntamientos de Segovia y Ortigosa del Monte y la Junta de Castilla y León, que aún no ha alcanzado unas conclusiones definitivas. Este geólogo, que fue miembro del equipo que trabajó sobre una grúa, este verano, señala que «parece ser que cuatro canteras –las del barrio de San Lorenzo-Arroyo Cigüiñuela-Arroyo del Juncal, La Lastrilla-El Sotillo, ‘El Berrocal’ y La Granja-Valsaín– fueron las áreas extractivas que suministraron piedra para la construcción del Acueducto», aunque la parte central saliera de las dos últimas. 
El geólogo asegura que «tenemos datos esperanzadores y parece que vamos a obtener indicadores geoquímicos que nos van a permitir discriminar la procedencia de aquellos sillares que provienen de ‘El Sotillo’ y del afloramiento del Cigüiñuela, así como los de La Granja-Valsaín o ‘El Berrocal’, parece que nos va a  a aportar cierta garantía o fiabilidad sobre la procedencia de los sillares». 
En su opinión, los indicadores texturales centrados en el tamaño del cristal y su distribución tienen  patrones muy similares en La Granja y Ortigosa.  Martínez explicó que «hay cierto consenso al afirmar que alguno de estos afloramientos graníticos tuvieron actividad en época romana y que de estos materiales surgieron los sillares sobre los que se construyó el Acueducto, no fue una la cantera que suministró el material, sino que fueron varias debido al gran volúmen de piedra utilizado, alrededor de unos 1.500 metros cúbicos de piedra». 
En la misma comunicación del geólogo, en la que también participó el director del Museo, Santiago Martínez, el arqueólogo José Miguel Labadrador se refirió al proyecto en el que llevan trabajando, desde 2016, en ‘El Berrocal’,  – una de las canteras mejor conservadas de Segovia, con más de 250 hectáreas, con bolos de granito y lanchares–,  con apoyo del Ayuntamiento de Ortigosa y del Gobierno regional. 
Labrador habló de hallazgos de restos, que serán dados a conocer próximamente, que constantan que esta cantera ha estado explotada en diferentes épocas. Se encuentra a tres kilómetros de la mina de cobre de Los Almadenes, que fue aprovechada por los romanos. 

 

Ocho afloramientos de roca granítica

El geólogo Javier Martínez mantuvo en su intervención en el seminario que el granito en Segovia ha sido uno de los materiales de construcción principales empleados para el levantamiento de su patrimonio arquitectónico. Se debe, en su opinión, a las caracerísticas  estéticas, durabilidad y resitencia, así como su alta disponibilidad en los alrededores.  En un radio de 20 kilómetros del centro de la ciudad se encuentran ocho afloramientos de rocas graníticas. En la capital, está el afloramiento sobre el que se levanta el barrio de San Lorenzo, así como los de La Lastrilla-El Sotillo, Valseca y Torrecaballeros, La Granja-Valsaín, La Losa, Peña del Hombre, ‘El Berrocal’, de Ortigosa, y Otero de Herreros. En todos se encuentran evidencias de haber existido una explotación de roca granítica, a lo largo de los tiempos.  
Aunque han sido abiertas en época reciente, en ninguna hay marcas de corte moderno, fueron explotadas con sistemas tradicionales. 
Para Martínez, el conjunto de estas explotaciones ofrece un muestrario muy carismático de los métodos de explotación de los granitos, de bolos aislados, de domos y lanchares e intensiva de huecos a cielo abierto.  En todos, las técnicas de individualización de bloques son comunes se utilizan cuñas, surcos/rozas, barras y palancas, entre otros. 

 

Técnicas no destructivas

Según el geólogo Javier Martínez Martínez, la única forma de discriminar qué canteras tenían actividad en época romana sería buscando la correlación entre construcciones de la época con los materiales que se explotan en las diferenes áreas extractivas. Ese es el punto en el que se trabaja en el Instituto Geológico y Minero de España (IGME), en colaboración con ayuntamientos de Segovia y Ortigosa del  Monte y la Junta de Castilla y León, caracterizando petrológicamente los diferentes sillares que fueron utilizados para la construcción del Acueducto de Segovia.
Tras analizarse las diferentes rocas de los afloramientos graníticos del entorno de Segovia, la investigación se centra en el estudio petrológico de los sillares del Acueduto buscando indicadores petrográficos –mineralógicos, texturales, geoquímicos–,  características genuinas de las rocas que las relacionen directamente con alguna de las canteras.  
SegúnMartínez, los indicadores mineralógicos se determinan mediante disfracción y fluorescencia de Rayos X, pero  no son demasiado discrimonatorios para diferenciar los que provienen de La Granja y los de Ortigosa, debido a que tienen composiciones minerales muy similares entre ellos.
El geólogo aclara que se presentan la problemática de que para determinar la composición mineralógica de las piedras del Acueducto hace falta la obtención de muestras y llevarlas a laboratorio para su análisis, lo que es una técnica destructiva. 
En este sentido subraya que «el muestreo del patrimonio cultural es un problema porque nos limita a un número determinado de pruebas, ahora mismo estamos trabajando con técnicas no destructivas que permitan un muestreo ilimitado». 
Los indicadores texturales están centrados en el tamaño del cristal y su distribución,  mostrando patrones muy similares en La Granja y Ortigosa del Monte. A través de análisis digital de imágenes, que es una tecnología no destructiva. Actualmente, el proyecto se centra en los indicadores geoquímicos, según explicó Martinez, que se basan en  la obtención de evidencias a partir de la composición geoquímica, mediante un equipo portátil de fluorescencia de Rayos X, tecnología que tampoco es destrucitiva.
Este es el trabajo realizado en agosto con Rayos X, tomando 300 referencias  y, después, con la labor del arqueólogo Néstor Marqués junto a un equipo de topógrafos,  para fotogrametría y escaneado  láser de la parte monumental del Acueducto, incluso con empleo de drones.