«Aprendimos a hablar con los ojos»

Sergio Arribas
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El compañerismo entre los sanitarios de la UCI del Hospital General de Segovia fue clave para no desfallecer en los peores días de la crisis

Olalla, Alicia, Jesús, Eva, Sara y Merche, del equipo de enfermería de la UCI del Hospital General. - Foto: Rosa Blanco

Cuenta la enfermera Mercedes María, a quien todos conocen como ‘Merche’, con 14 años en la UCI del Hospital General de Segovia, que los sanitarios de la unidad han desarrollado una cualidad poco frecuente. «Hemos aprendido a hablarnos con los ojos. Era lo único que nos veíamos», explica la sanitaria, en alusión a aquellos días cuando la unidad llegó a atender a 27 enfermos críticos y enfermeras y auxiliares atendían a los pacientes Covid con una indumentaria propia de los astronautas: tres mascarillas, dos gorros, gafas, pantalla, bata y calzas.

Por fortuna, hoy, ya sin enfermos críticos por la pandemia en la UCI, el trabajo ordinario se realiza con uniforme y mascarilla. «Nos mirábamos entonces e incluso ahora y nos hablamos, transmitían si tenemos ganas de llorar, si estamos hasta el moño, si estás diciendo por favor ayúdame. Los ojos lo decían y los siguen diciendo todo», explica Alicia González, con menos de dos años en la UCI, aunque, como Merche, vivió en primera línea aquellos días del horror, cuando ingresaban entre 50 y 70 pacientes diarios por Covid y cuando la UCI, que tenía 10 camas, pasó a atender a más del doble de enfermos críticos, en salas que fueron adaptadas a toda velocidad ante la ‘avalancha’ inesperada de pacientes.

Que médicos, enfermeros, auxiliares y celadores en la UCI hayan aprendido a comunicarse con tan solo una mirada es una señal de la complicidad y compañerismo con la que han combatido con la Covid; algo clave, según los sanitarios, para no desfallecer y poder trabajar sin descanso en turnos de 8 y 10 horas, sin tiempo de respiro, para comer, desayunar o incluso ir al baño; horas de trabajo ininterrumpidas en las que incluso se optaba por no beber agua, cuando, por ejemplo, estaban tan bien acopladas las tres mascarillas que volver a ponérselas suponía un riesgo.

Parte del equipo UCI del Hospital General de Segovia.Parte del equipo UCI del Hospital General de Segovia. - Foto: D.S.

«Hemos estado todos a una, trabajando codo con codo», añade Alicia, que recuerda cómo sus compañeras no dudaron en acompañarla la primera vez que tuvo que poner a un paciente boca a abajo, para que mejorase su respiración, en una técnica a la que no estaba acostumbrada. O cuando han compartido sus ‘trucos’ para ponerse los equipos individuales de protección (Epi). «Llegabas un día y nunca habías atendido a un paciente Covid. Y una compañera te decía, no te apures, me visto, entre yo y luego tú. Eso te generaba mucha seguridad», recuerda.

La enfermera Olalla de Santos, que trabaja en la UCI en turnos de noche, comenta que una vez superados aquellos días «de locura» el personal de la unidad ya puede parar diez minutos a tomar un café. Son charlas en las que los profesionales recuerdan cómo veían aquellos días el Hospital General, que llegó al colapso, con todas las plantas ocupadas por enfermos Covid y manifestaban lo que les dolía, de las duras experiencias que habían vivido. «Para mí ha sido una terapia, esa unión es la que emocionalmente nos ha salvado. Después de todo esto, de esta tragedia, mi conclusión es que estoy encantada de trabajar con esta gente».

En cada turno de UCI hay cinco enfermeras de mañana, cuatro de tarde y otras tantas de noche; el mismo número de auxiliares de mañana, que son dos por la tarde y dos de noche. La dirección reforzó con un auxiliar más por la tarde y otro por noche. «Había mucha carga de trabajo y eso hacía que, a veces, retrasabas la atención de otro enfermo que tuvieras a tu cargo. Pero es que no dábamos más de sí porque apenas hemos tenido refuerzo de personal», comenta Alicia; mientras su compañero Jesús comenta que el trabajo solo pudo salir adelante gracias a la ayuda mutua de los compañeros de la unidad. «En un ingreso estabas, como poco, hora y media, había que coger vías, poner sondas, en algunos casos intubar, poner tratamientos, hacer placas… todos estábamos pendientes de todos, sin esa unión no hubiéramos podido salir adelante», añade el enfermero.

Alicia, por su parte, subraya que los profesionales vivieron 24 horas al día incapaces de desconectar. La palabra omnipresente en las conversaciones, dentro y fuera del Hospital, era Covid y el número de infectados y fallecidos. A ese estrés se unían las precauciones que adoptaban en casas y son sus familias. «No desconectabas. Era un estrés añadido. ¿Lo estaré haciendo bien? ¿Y si infecto a mi familia? Hablaba con mis compañeros y todos nos sentimos igual», comenta Alicia.
«Era de película». Jesús Sierra, enfermero destinado en UCI desde 1994, recuerda que tras el primer ingreso en la unidad de un paciente Covid regresó a trabajar tras unos días de descanso «y ya teníamos 6 ó 7 críticos y al día siguiente todo lleno. Era una pesadilla, algo que solo veías en las películas, aunque cuando te ves envuelto en el trabajo, ya te olvidas». Jesús confiesa hoy que entonces estaba mejor trabajando que en casa. «Te metías en la dinámica de no parar, no te podías parar a pensar. En casa uno daba vueltas a la cabeza, pensabas constamente en la familia, en tus compañeros….», dice Jesús, que admite que los sanitarios sufren hoy un «agotamiento mental y emocional».

El Hospital General ya ha ofrecido a los sanitarios, también a los de UCI, la posibilidad de recibir atención psicológica. «Siempre pensé que el deporte, la bicicleta, era mi mejor terapia. Pero ahora noto que tengo los sentimientos a flor de piel», comenta Merche. La enfermera recuerda que el peor día fue cuando un día, desayunando en casa, abrió el whatsapp y a las seis y media de la mañana leyó un mensaje de sus compañeros. Solo ponía «¡relevo!» «¡Cómo estarán! ¡Un mensaje a esas horas! Me entró una llorera que no podía reprimir», comenta.

Quien tampoco podía controlar sus sentimientos es Eva Miguelsanz, que recuerda también cómo trabajaba «con una coraza emocional», aunque «llegaba a casa y me ponía a llorar y no sabía el porqué, supongo que por impotencia».

«¿Héroes? Si lo hubieran sido los políticos no tendríamos que ser héroes los demás». El miedo a un rebrote y revivir la pesadilla está presente entre los sanitarios que desempeñan su labor en la UCI. Merche pide «prudencia y sentido común» mientras su compañera Olalla avisa de que «no hay que relajarse, aunque venga el calor». «Creo que nos relajamos mucho, vamos a una terraza, tiramos la mascarilla, nos reunimos en casa… y hay que ser prudentes. Tampoco hay que ser alarmistas ni volvernos locos, sino volver a esa nueva normalidad con todas las cautelas», afirma. Jesús, por su parte, tiene claro que el confinamiento primero y después el distanciamiento social y el evitar espacios cerrados con acumulación de personas han sido fórmulas eficaces. «Tenemos que acostumbrarnos, al menos hasta que haya tratamientos eficaces y una vacuna. El virus sigue aquí».

Cuando se les pregunta sobre el calificativo de «héroes» que les han dedicado, los sanitarios ponen un gesto de cierta contrariedad. «Claro que todas las muestras de cariño son de agradecer. Pero es que éste es nuestro trabajo. Ojalá fuéramos héroes, que son los que tienen superpoderes y hacen cosas maravillosas. Si los políticos fueran héroes no tendríamos que ser héroes los demás», razona Olalla, mientras su compañero Jesús considera que la crisis ha enseñado una importante lección. «Nosotros, pero también los transportistas, los empleados de supermercados, los polícias, la gente que se ha quedado en casa…. Los únicos que no han dado la talla han sido los políticos», añade. 

Entre las lecciones aprendidas de la tragedia Sara Arahuetes y su compañera Alicia González, ambas enfermeras, indican la necesidad del aumento de personal y de dotar a Segovia de una segunda infraestructura hospitalaria.  «Los políticos deberían ser capaces de admitir que han tenido a Segovia olvidada», dice Alicia.