LA RAYUELA

Óscar del Hoyo

Periodista. Director de Servicios de Prensa Comunes (SPC) y Revista Osaca


35 milímetros

Los carteles en las paredes de los quioscos parisinos generan una enorme expectación. Son muchos los que quieren asistir al acto en el que Auguste y Louis, que han crecido entre placas y negativos, van a presentar su nuevo proyecto. El Salón Indio del Gran Café es el lugar elegido para la ocasión. Seis filas con cinco sillas de madera y una gran sábana blanca colgada enfrente dan la bienvenida a los asistentes que hacen cola en el exterior. La mayoría son hombres, ataviados con capas y sombreros de copa. Algunos de ellos van acompañados de sus mujeres, que lucen espléndidos tocados, propios de la Belle Époque. 
Los hermanos Lumière están impacientes. Hace algo más de una década sorprendieron al mundo con su cámara fotográfica instantánea, pero lo que van a estrenar hoy, fruto de años de pruebas e investigación, irá mucho más allá. Será una auténtica revolución. 
Las luces se apagan y la sala se queda un instante a oscuras hasta que, como si se tratase de un truco de magia, comienzan a proyectarse imágenes en movimiento de un nutrido grupo de trabajadores saliendo de una factoría al final de su jornada laboral. La secuencia apenas dura un minuto, lo suficiente para que el público muestre su asombro. Jamás antes habrían soñado algo parecido.
Tras una breve pausa, el nuevo artilugio vuelve a funcionar. Sobre el lienzo blanco, una locomotora tira de varios vagones acercándose a gran velocidad. La perspectiva y el humo de la chimenea del tren son tan reales que provocan que alguno de los espectadores se arroje al suelo y se tape la cabeza para evitar el impacto. Los asistentes aplauden sin parar. Resulta extraordinario.
La sesión está a punto de finalizar. Auguste abre la enorme caja de madera, dotada de un objetivo y sujetada por cinco largas y estrechas patas, para proceder a cambiar la película perforada de 35 milímetros. Con el giro de una manivela hace que el rollo se mueva y se proyecte la última sorpresa. Todos miran absortos a la pantalla. Un jardinero con una manguera se dispone a regar, pero, de repente, la goma se enreda con una de sus piernas y tropieza. El hombre pierde el control, provocando que el chorro de agua le empape por completo. La escena es cómica y las carcajadas resuenan en una sala rendida al invento de los hermanos Lumière. Es 28 de diciembre de 1895 y su cinematógrafo dará la vuelta al mundo.
Este año se cumplen 125 años del nacimiento del séptimo arte, que, desde entonces, ha experimentado una enorme evolución en cuanto al lenguaje, con el desarrollo de los distintos géneros, y medios técnicos, donde se ha registrado una auténtica revolución con la era digital. De los tiempos del cine mudo con Buster Keaton, Harold Lloyd o el inigualable Chaplin, pasando por Lo que el viento se llevó; Psicosis, de Hitchcock; Barry Lyndon, de Kubrick; El último tango en París, de Bertolucci; y El Padrino, de Coppola, hasta llegar a películas como Matrix, El señor de los anillos o Avatar que son obras maestras de los efectos especiales.
La industria cinematográfica continúa creciendo. La taquilla global anual de los filmes estrenados se sitúa por encima de los 41.000 millones de dólares. Es llamativo que, mientras en la que algunos denominan región EMEA (Europa, Oriente Medio y África) y Latinoamérica la cifra de espectadores y la recaudación ha ido cayendo, en Asia se está disparando, convirtiendo a China y a Rusia en los dos mayores consumidores de cine del planeta. 
En España, pese al bajón que se experimentó en el quinquenio comprendido entre 2011 y 2016, donde se perdieron 440 salas, como consecuencia de la crisis, el controvertido IVA cultural, la piratería, el éxodo a los centros comerciales y la digitalización de las pantallas, el pasado año se obtuvieron los mejores datos de asistencia (105 millones) y de recaudación de la última década. 
El cine español goza de excelente salud. Dejando a un lado el Oscar que ganó Luis Buñuel por El discreto encanto de la burguesía (1972), José Luis Garci, Fernando Trueba, Pedro Almodóvar y Alejandro Amenábar han logrado alzarse con la afamada estatuilla, convirtiéndose en unos de los mejores embajadores de la marca España. Almodóvar y Banderas, ambos nominados por Dolor y Gloria, tratarán de llevarse este fin de semana el galardón, aunque la coreana Parásitos y el fabuloso elenco de actores seleccionados no se lo pondrán nada fácil.
El invento de los hermanos Lumière, capaz de generar un sinfín de emociones y que acaba de perder a dos de sus grandes figuras -Kirk Douglas y José Luis Cuerda-, continúa vigente más de un siglo después, porque como apunta Luis Eduardo Aute en una de sus canciones: «Cine, cine, cine, más cine por favor. Que toda la vida es cine, que toda la vida es cine, y los sueños, cine son».