UNA COL

Aurelio Martín

Periodista


Barrios con problemas

09/01/2020

Partiendo de la base de que todos los ciudadanos somos iguales ante la ley,  resulta razonable la reivindicación del concejal de Podemos, Guillermo San Juan, de dotar a los barrios de la ciudad de los servicios necesarios, incluso de iluminación navideña, aunque si ya es pobre en los lugares donde busca la animación por el comercio,  quizá se toque a bombilla por espacio,  es decir se iguala a todos por debajo. También en lo que respecta a actividades culturales es preciso buscar la rentabilidad social, en primer lugar, pero también económica, de la inversión.    
No hay duda que hay zonas con necesidades imperiosas en cuanto a asfaltado de calles,  aceras o pistas deportivas, todo sea bienvenido, siempre que existan recursos y que se plantee un reparto equitativo. En este sentido los presupuestos participativos que llevan obras a muchos puntos de la ciudad por elección de los vecinos, aunque la cooperación sea más bien escasa y desde otros barrios se critique el proyecto elegido. Va mucho con el carácter de estas tierras. 
Pero el diseño de la ciudad se debe hacer desde una óptica general, huyendo de planteamientos populistas, porque si  entran pocos recursos no hay que olvidar de dónde vienen. Estos días, ante la presencia masiva de personas en la llamada ‘Tardebuena’, que no se ha sabido manejar desde el Ayuntamiento, la alcaldesa, Clara Luquero, se refirió a la Plaza Mayor y a las calles próximas como la «sala de estar común de todos los segovianos a la tenemos que tratar con respeto». En realidad, este recinto histórico que tantas visitas atrae no se debe convertir de forma permanente en el barrio a donde van a mear algunos segovianos y a dejarlo como un estercolero, esa también es una misión que deben tratar de evitar los miembros de la corporación, tanto en campañas de concienciación,  posiblemente con poco éxito, porque parece mentira que haya que recordar a algunas personas cuáles son los comportamientos cívicos,  como en sanciones.
Lo primero que hay que tener en cuenta es que aquí todos son barrios, cada uno con sus problemas, pero no se debe hacer política tratando de dar a entender que existen agravios comparativos, dependiendo de qué zona, porque es demagógico. Se ha elegido el casco histórico como centro de celebración de fiestas que, incluso, pueden plantear problemas de seguridad. También se podían repartir por otros puntos de la capital.  Los vecinos, además de salir de sus casas entre vasos y botellas, deben aguantar acciones de algunos insensatos que, incluso, cortan accesos e impiden la libre circulación.
Tanto problema pueden tener muchos barrios como éste, indiscutiblemente producto de la especulación que se hace con su territorio, antes destinado a uso público, como por el vaciamiento que está produciendo por la voracidad recaudadora en alquileres de pisos para estudiantes o turísticos, y también de locales comerciales, acabando con lo poco que queda de actividad tradicional, con el tejido humano de una zona que hay quien aún considera privilegiada, pero que nunca la han querido para vivir, sino para divertirse.