TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Un centímetro

Por culpa de un centímetro, la que hemos liado. Todas estas frases (el equipo está físicamente horrible, no juega ni a tabas, no extrañan los malos resultados que está cosechando en casa/fuera, necesita fichar un nueve como el comer, a qué está jugando Zidane/Setién, etcétera) serían aplicables a cualquiera de los dos conjuntos si el disparo de Vinicius, que iba otra vez contra el cuerpo de Ter Stegen, no llega a rozar ese centímetro en la bota de Piqué. O si el de Griezmann en la primera mitad no hubiese botado un centímetro antes y propiciado un remate muy elevado. Así que se las aplicamos al Barça. Con justicia y con rigor, lo que demuestra que el medio (el estilo) es negociable, no así el fin: la victoria.

Los a prioris del clásico eran evidentes: ambos equipos estaban cogidos con pinzas. Planificaciones flojas, infortunios en forma de lesiones graves, jugadores por debajo de su rendimiento, guerras internas -menos cacareadas las blancas, donde la figura inamovible de Florentino asegura cierta paz social- y una inequívoca sensación de declive y mediocridad: el Madrid se agarra a su historia y a la cada vez más endeble varita mágica de Zidane, el Barça a Messi, luego a Messi y finalmente a Messi.

Tres días de resaca después, en frío y sin las pasiones lógicas del momento, el centímetro es la única explicación porque nadie está mejor que nadie: si el madridismo saca pecho, se lo hunden rápido con la casi eliminación de la Copa de Europa y el pírrico punto de renta liguera sobre el peor Barça en años. Y si el culé quiere hundirse, algo muy típico en un evidente historial de pesimismo y autodestrucción, siempre podrá aferrarse a que la eliminatoria de'Champions' está de cara y a que la Liga está a muy poca distancia. Y a Messi, claro… cuando vuelva.