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Francisco Muro de Iscar

MUY PERSONAL

Francisco Muro de Iscar

Periodista


La España irrelevante

20/12/2021

Cuando la política interna está como está, pedir que tengamos una política exterior sólida, ambiciosa y, en la medida de lo posible, consensuada con el principal partido de la oposición, no solo es una utopía sino un sinsentido. Y como en las últimas décadas el desprecio de los Gobiernos de turno por el papel de España en el mundo ha sido evidente por no decir simplemente deplorable -Zapatero, Rajoy y, ahora, Sánchez-, tampoco nos vamos a extrañar ahora de lo que nos pasa. Pero nos pasa y la irrelevancia de España en Europa y en el mundo es un factor enormemente negativo para nuestros intereses políticos, económicos, culturales y de todo tipo.

El cambio en el Ministerio -Albares por González Laya- ha puesto algo de sensatez, pero el nuevo ministro, que tiene frenos en el propio Gobierno, parece haber perdido parte de sus primeros impulsos. No es culpa suya, claro, pero hemos desaprovechado el Brexit para atraer empresas e inversiones que querían seguir en la Europa comunitaria y tampoco lo hemos aprovechado para cerrar una negociación sobre Gibraltar que limitara los privilegios de la última colonia británica. Y ellos cada vez van ganando posiciones, mientras nosotros callamos. La salida de Merkel está provocando un nuevo reparto del poder en Europa. Macron, pese a su debilidad interna, está tratando de consolidar el eje francoalemán, al que se ha sumado Draghi con inteligencia. España ni está ni se la espera y, además, Europa desconfía de nuestra capacidad de gestión de los fondos europeos. Lo más destacado de la política española en los últimos tiempos es el viaje privado en Falcon oficial de la vicepresidenta Díaz a ver al Papa. Europa, ausente también del concierto internacional -decepcionante el papel de José Borrell-, se juega su futuro y ni el Gobierno de Sánchez ni la posición del PP que quiere alcanzar el poder pintan nada en ese debate y, lo que es peor, no tienen ningún proyecto para la Europa que viene en el nuevo orden mundial que se está configurando. Y, sin una Europa fuerte, España aumentará sus riesgos. Ni siquiera Europa -y España debía haber jugado un papel importante en este asunto- ha sido capaz de multiplicar el envío de vacunas a los países más desfavorecidos, no solo como un gesto de solidaridad, sino de protección.

En África, especialmente en el norte, España sigue sin resolver el contencioso con Marruecos, tiene una mala relación con Argelia y con los demás países funciona más el marketing que la cooperación real. Ese desafío, fundamental para nuestro futuro y para regular de alguna manera la inmigración tampoco está en la agenda política. Y en cuanto a Hispanoamérica, mucho peor. Hemos abandonado las relaciones de fraternidad, nos hemos dejado acusar, sin defendernos con argumentos y con datos, de genocidio y xenofobia por gobiernos corruptos y culpables de desatender a sus pueblos durante siglos, mintiendo y esquilmando sus riquezas, y hemos escondido nuestro principal, activo en esas tierras, la Corona y la lengua, desapareciendo allí como nación, callados ante la vulneración de derechos de millones de ciudadanos o favoreciendo conductas vejatorias y antidemocráticas como hace el expresidente Zapatero en Venezuela, con el apoyo explícito de Podemos, el socio del Gobierno de Sánchez., o como sucede en Cuba, en Nicaragua y otros países. Y lo estamos haciendo, precisamente, cuando las autocracias totalitarias están imponiendo un profundo retroceso de las democracias. La irrelevancia de España nos debería avergonzar.