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Un diccionario de la lengua segoviana

Nacho Sáez
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De la A a la Z, El Día de Segovia recopila una lista de palabras que la provincia considera suyas y que corren el riesgo de perderse.

Diccionario de los majos

La ilustradora Celia Uve y los cómicos Bolonxis se sublevaron en defensa del vocabulario segoviano, cuyo estudio continúa siendo modesto. Apenas existen un puñado de investigaciones que han tratado de reunir el léxico diferencial de la provincia o de algunas comarcas sin que ninguno haya tenido el reconocimiento que merece un trabajo tan ingente. Quizás la obra más completa sea la que firmó en 1996 el profesor Tomás Callejo Guijarro. 'Contribución al estudio del vocabulario segoviano' recopila decenas de palabras corrientes en la provincia de Segovia y que no figuran en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. «[Realizar un estudio exhaustivo del léxico de una provincia] es un trabajo no solo ingente sino utópico. Y es que llevarlo a cabo supondría recoger el vocabulario propio de todas y cada una de las localidades de ella, cotejar los de unas y otras para ver el área de difusión de cada palabra, señalar las intersecciones de los elementos diferenciales de su léxico con los de las provincias limítrofes e incluso con los de otras regiones y países para poder saber las concomitancias históricas que las han producido, etcétera», señala Calleja Guijarro en ese libro.

El filólogo y profesor Mariano Fuente lo ha intentado con su pueblo en 'Diccionario de Valtiendas y del Duratón', publicado en 2020. «Las diferencias léxicas las marca la historia y economía de cada zona», explica. «En la sierra, desde Riaza hasta El Espinar, siempre han vivido de la ganadería y los bosques, y en la meseta distingo tres partes. La zona norte, con Sacramenia, mi pueblo y toda la ribera del Duero, el nordeste (Ayllón y Sepúlveda) y la tierra de pinares. Hay palabritas que están en la lengua, que vienen de nadie sabe dónde y que en los pueblos pequeños se conservan más. El vino, por ejemplo, tiene su lenguaje. De alguien que es tonto se dice: 'No sabe para quién vendimia'».

Un trabajo parecido al suyo pero centrado en Riaza llevó a cabo en 2018 la también filóloga María Herreros Marcilla. «Tiene dos características que lo perfilan como un lugar privilegiado para estudiar la variación de la lengua», señala. Primero, se trata de una villa rural situada en el corazón de la vertiente norte de la sierra de Ayllón, en un terreno accidentado que contribuye a conservar las variedades lingüísticas. Y segundo, presenta unas características demográficas singulares, con abundantes flujos de visitantes e importantes movimientos migratorios», añade.

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En muchos casos, el uso de ese vocabulario está interiorizado y se realiza de manera natural, pero choca con obstáculos. «Uno escribe tratando de contar una historia, que es lo que importa, y utiliza las palabras que te vienen de pronto a la cabeza para describir la situación, lo que está ocurriendo. Crees que estás intentando ser preciso y los correctores de las editoriales te hacen ver que esa palabra no existe. A mí me ha pasado», desvela el escritor Ignacio Sanz.