CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


El debate de la sensatez

Un debate sin debate. La comparecencia parlamentaria del presidente para exponer las causas que derivaron en la declaración del Estado de Alarma fue una sesión de emergencia en la que primó la sensatez, la cordura, el guante blanco. Con alguna excepción. Pero los grupos mayoritarios, incluido el principal partido de la oposición, estuvieron a la altura de las circunstancias.

Circunstancias que se visualizaban en una cámara con apenas una treintena de diputados, una ujier que limpiaba el atril antes de que se iniciara la intervención de los portavoces, y un presidente de gobierno al que nadie reprochaba que volviera a romper la cuarentena a la que estaba obligado.

Sánchez fue sincero, “lo más duro está por llegar”, y no negó que España podía entrar en recesión. Le faltó autocrítica –no forma parte de su línea habitual de comportamiento- aunque reconoció levemente que había actuado en función del avance de la ola letal del corona virus. Anunció más medidas, sobre todo para reforzar el sistema nacional de salud, y un Pablo Casado comedido, que reiteró que no era el momento de la crítica, ofreció “lealtad” al presidente. Con una puyita cuando afirmó que esa lealtad será superior a la de sus propios socios de gobierno. Es de dominio público que Iglesias intenta sacar rédito político de la situación y que prácticamente obligó a Sánchez a incluirle en la comisión del CNI en el mismo decreto Ley que recoge las ayudas económicas con las que afrontar el Covid-19. Su portavoz parlamentario Echenique exigió a Sánchez más medidas en el sentido de las que Podemos prometía en su programa electoral.

Frente a algunas voces discrepantes, lo que queda del debate es una certeza y una sensación.

La certeza, apuntada por Sánchez en su intervención final, es que lo que toca ahora es reconstruir España y que esta crisis, importante crisis, nos va a cambiar a todos, porque habrá que asumir un cambio de prioridades. La sensación, que una vez superada esta crisis, que será larga y dura, va a quedar un país en el que no será imposible que los grandes partidos nacionales que se mueven en el centro derecha y el centro izquierda, puedan llegar a algún tipo de acuerdo, incluso de gobierno. Dejarían así de lado a los extremistas que, en esta situación dramática, han preferido hacer electoralismo, afianzar liderazgos o amarrar prebendas personales, en lugar de pensar como piensan los que de verdad tienen aptitudes de líderazgo: aportar ideas, iniciativas, con las que paliar los problemas de los ciudadanos.

En los últimos años ha ocupado los centros de poder una generación de políticos poco hechos; en algunos casos demagogos y oportunistas, mediocres. Podría ocurrir que esta tragedia del corona virus mande a segunda fila, o a la nada, a los que no tienen remedio; y lleven a primera posición de gobierno y oposición a los que cuentan con aptitudes para convertirse en dirigentes en los que confiar.