Rosa Arranz: comprometida con las personas del campo

Teresa Sanz Tejero
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Agricultora y ganadera. Fundadora de ISMUR y presidenta de la Unión de Mujeres agricultoras y ganaderas de España

Rosa Arranz: comprometida con las personas del campo

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Es una mujer de ideas firmes y voz clara. Con más liderazgo del que su propia modestia la deja reconocerse. Confía en el instinto femenino y en esa capacidad de las mujeres de cargar con  casi lo que sea. Lo ha visto muchas veces. En muchos ámbitos y situaciones tremendas. Por ello es una feminista cargada de argumentos para la igualdad.
Nació en  Campaspero en una España de escasez, años sesenta. Conoció un medio rural más poblado, con clases numerosas en colegios rurales llenos de vida. En su pueblo había alrededor de dos mil vecinos. Ahora hay un millar. Lo mismo sucede en Olombrada, donde vive desde que se casó hace 27 años. «Ha perdido la mitad; somos 560 habitantes», dice.
Rosa Arranz es un nombre de referencia que conocen y admiran en los pueblos de esa España vaciada que, de vez en cuando, como si se tratase de una moda pasajera, rellena espacios en los medios de comunicación. Luchadora honesta de causas sociales, le da rabia esa visión catastrofista que suele darse de los pueblos. Aún le ronda en la cabeza la imagen del programa ‘Salvados’ que  Jordi Évole dedicó al campo. «Tres ancianos frente a una pared mirando un horizonte yermo. Me pareció lastimera, irreal y derrotista. Los habitantes del medio rural no somos así. Somos luchadores y si no creyéramos que tiene solución no habríamos salido el 31 de octubre a las calles, ni estaríamos en Segovia trabajando en la Plataforma constituida con Codinse, la Unión de Campesinos, Ismur, Segovia Sur, Escuelas».
Reivindica rotunda, acostumbrada a hacerlo en foros  donde se analiza y se proponen soluciones a los problemas que conoce bien. Por eso, en 1996, impulsó la creación de ISMUR, Iniciativa Social de mujeres, ligada a la Unión de Campesinos. «Nos juntamos una serie de mujeres que éramos hijas de,  mujeres de, incluso algunas madres de agricultores, que eran los afiliados de la Unión de Campesinos de Segovia. En aquella época germinaban los movimientos sociales en los pueblos y, con todo respeto,  no veíamos que las asociaciones de amas de casa nos representaran. Íbamos mas allá y nos parecía fundamental la vinculación con la agricultura y la ganadería».
Ismur Segovia prendió el germen  en otras provincias. Un par de años después se formó Ismur Castilla y León, un territorio donde las mujeres autónomas que pagan la Seguridad Social agraria son el 17%. «Mujeres titulares de explotaciones, que perciben PAC son un 24%, pero es más fiable el dato de las que están dadas de alta porque que sean perceptoras de PAC no quiere decir que estén trabajando o en la Seguridad Social», explica. Ella es de esas pocas mujeres ganaderas y agricultoras a título principal de Castilla y León, y ahora presidenta de la  Unión Nacional de mujeres agricultoras y ganaderas además de presidenta de ISMUR, de madre de tres hijos, de mujer cuidadora de los suyos, gestora y profesional que estira los días.
Incombustible, aguerrida y contagia entusiasmo. Así la describen las mujeres que trabajan con ella y esas otras a quienes ha ayudado. No sabría decir de qué tipo de cursos está más satisfecha pero cuando lo piensa, se emociona con algunos ejemplos que hablan de solidaridad, de cómo la unión hace fuerza y consigue salvar dramas enormes. Sorprende oírle contar cómo de niña nunca sospechó que acabaría siendo agricultora y ganadera. «Mi padre trabajaba la piedra en Campaspero. Mi madre, ama de casa, cosía por la noche para las tiendas de Valladolid, Teníamos cuatro tierras y cuando llegaba la época, íbamos a destroncar y a amontonar remolacha, andando desde la escuela a la tierra. Es lo más relacionado con la agricultura que recuerdo».
Se marchó a estudiar bachillerato a un pueblecito de Valencia. «Éramos 5 hermanos y la familia ayudaba a que estudiaríamos». Con el bachillerato terminado en Xátiva y habiendo aprendido a hablar valenciano volvió a su pueblo. Empezó Filología Hispánica y, un día, trabajando en un restaurante donde arrimaba el hombro los fines de semana, una pareja le ofreció trabajar para la Fundación de Cultura del Ayuntamiento de Valladolid.
Fueron 12 años de gestión cultural que le permitieron realizar proyectos tan destacados como el germen de Las Edades del Hombre, codo con codo con José Velicia y José Jiménez Lozano. Luego, aquella oficina cultural cerró y ella aplicó los conocimientos de la gestión al ámbito agrario profesional. Lo mismo lleva un tractor, que da de comer al ganado o corta los colmillos a los cochinillos para que puedan mamar sin herir  a la marrana.
Profesional todo terreno, sostiene que «es difícil ser agricultora y ganadera; exige saber un poco de todo». A ella casi nada le achanta.La vida la ha puesto a prueba y también aprendió a reconvertir los más duros reveses en aliados. Tenía una hija, María,  de nueve años, cuando a su hijo Juan, con 5 años, le diagnosticaron un cáncer.  Fue  un tiempo de tristeza donde solo quedaba sacar fuerza y tesón. Juan tiene ahora 20 espléndidos años, a punto de acabar la carrera y es su vínculo más especial con la vida. «Después de meses de hospital, de quimio, de ver tanta tragedia, de años de medicación, se ha hecho un chico fantástico y nos ha dado una lección de vida a todos. Se aprende a  relativizar todo lo demás».
Sonríe cuando le pregunto de dónde le viene ese liderazgo que destila de manera natural. «Era tímida de pequeña pero cuando llegué a Valencia cambié al entrar en contacto con grupos de Fraternidad abierta cristiana». No se considera ni especialmente religiosa ni practicante, pero la formación cristiana recibida, los cursos de Teología con los Jesuitas, su implicación en el Comité Oscar Romero de Valladolid, la aproximó a gente «muy activista del compromiso social». 
A esta mujer, que los domingos por la mañana  gusta de  cocinar con la música de Aute, no le sobra un minuto. Del tiempo libre ni hablamos, pero ella, pragmática llena de sentido común, enseguida dice: «prefiero disfrutar con lo que sí puedo hacer. En eso consiste la felicidad, en disfrutar de lo que uno tiene en lugar de desear lo que no se puede tener». Cumplirá los 55 el 20 de noviembre. «Nací antes de que aquel muriera», dice con sorna quien fuera concejala socialista de su pueblo durante dieciséis años. «¡No deja de ser una paradoja  la coincidencia en la fecha!». ¿Y si no hubiese sido agricultora y ganadera?. «Pues creo que me habría gustado trabajar en servicios sociales». Lo dice como si no hubiese aplicado ese compromiso social a todas las facetas del campo.