"Nada en la vida tiene el sabor de la competición"

Nacho Sáez
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El exjugador de La Granja Mario Zúñiga ha sido otro de los premiados en la Gala del Deporte por su trayectoria.

"Nada en la vida tiene el sabor de la competición"

En el fútbol de Regional y de Tercera hace frío. «Sufres, no tocas mucho el balón, casi todos los campos en los que juegas están mal...», indica Mario Zúñiga Terleira (Segovia, 29 de abril de 1984), que sin embargo no habría renunciado nunca a los casi veinte años, tras acabar su etapa de juvenil, en los que ha disfrutado del fútbol. «Me acuerdo que nos lo decía Paco Maroto. Hay experiencias buenas y malas, pero nada tiene el sabor de la competición. Aunque es efímero», reflexiona.

Él comenzó a alimentar ese hambre en el equipo de fútbol sala que tuvo el histórico Bar Gallego y sobre todo en su barrio. En las calles y pistas de Nueva Segovia pasó horas y horas de niño dando patadas a un balón. Después llegó su incorporación al Quintanar y, más tarde, al Monteresma, desde donde recaló en el equipo de su vida. La Granja es su pueblo a pesar de que no pertenece a él. «Si no lo pienso después de trabajar, me planto allí. Han sido muchos años», señala. Enamorado del fútbol, nunca entendió el compromiso sin entregarse al cien por cien.

«No me borraba de ningún entrenamiento, aunque eso también me ha provocado más de una lesión», se ríe al hablar de una época que cerró con la tranquilidad de que La Granja iba a continuar en Tercera tras un curso de mucho sufrimiento. Porque su capacidad de sacrificio no ha estado ligada a una carrera plagada de triunfos. Ha vivido descensos, crisis institucionales e incluso se tuvo que marchar unos meses al Unami pese a que en El Hospital tenía la vitola de capitán.

Nada que le intimidara  en cualquier caso. «Lo que siempre me ha gustado es competir. Y cuanto más al límite estuviéramos, mucho mejor. Un ascenso es muy bonito, pero una permanencia tiene mucho más valor», asegura. Antes que cualquier derrota o disgusto, fue el nacimiento de  su primer hijo lo que le avisó de que el final se encontraba cerca. «Ya no duermes igual y entras en un ciclo en el que no recuperas y lo notas en tu rendimiento», revela. Ahora mata el gusanillo en la Provincial, aunque con una exigencia menor.