CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Undécimo día de encierro

Y van once. Once días de encierro en solitario que no se llevaría tan mal si no fuera por las noticias que llegan de fuera. La tecnología permite estar conectada con el resto del mundo, pero permite también que nos enteremos de algunas historias que habría sido mejor no conocer, porque alteran el ánimo. Y si un plan ordenado del día, buena lectura, películas y series de televisión, meterse en la cocina para hacer algo apetecible, una horita de gimnasia bien aprovechada, más las llamadas largas de familiares y amigos, ayudan a sobrellevar la situación, seguir el día a día de los que gobiernan es, para desgracia de todos, un elemento desestabilizador. En lugar de servir de empuje para luchar contra la pandemia las peripecias de los gobernantes provocan una desazón que a ratos se hace insoportable.

Carmen Calvo ingresada. Otra asistente más a la manifestación del 8 de marzo. Anda que no se le dijo a Sánchez por activa y por pasiva que esa manifestación era una locura, como permitir el congreso de Vox… Con lo que estaba pasando en Italia, y al tanto de las medidas que tomaban ya Alemania y Francia, el sentido común aconsejaba prohibir aquellas aglomeraciones de las que no podían salir nada bueno. Es lo que sucedió, pero si Abascal ha pedido perdón, el presidente sigue sin entonar el mea culpa que habrían agradecido muchos de los que están sufriendo las consecuencias del corona virus. O que cumplen duelo por el familiar o el amigo muerto, a los que ni siquiera han podido acompañar en sus horas finales; doble o triple dolor que probablemente no superarán nunca. Si hay algo peor que perder a una persona querida, es perderla sin poder siquiera decirle adiós o agarrarle la mano en el momento del tránsito, para que se sienta acompañada.

Undécimo día en el que se sigue incrementando el número de afectados y de fallecidos. Nadie es capaz de predecir cuándo se llegará al fondo de la famosa V que, según los expertos, significa que saldremos adelante. Y eso es lo que preocupa ahora, cuándo, con cuántas víctimas y de qué manera saldremos adelante.

Hemos recuperado amigos con los que habíamos perdido el contacto, y familiares con los que hablábamos de pascuas a ramos: hemos descubierto vecinos encantadores y generosos que creíamos unos siesos, y que el teletrabajo abre posibilidades infinitas. Hemos descubierto también que se puede prescindir de cantidad de cosas que parecían imprescindibles, que no tenemos mala mano para la cocina pero que planchar sigue siendo un horror, como hemos descubierto que aquel libro tan recomendado pero que nunca teníamos tiempo de empezar era realmente apasionante.

Y hemos descubierto también en estos once días que el gobierno no estaba en lo que tenía que estar: en prevenir, en tomar medidas para protegernos. Mientras otros países se encontraban en alerta, en España el virus nos ha pillado con los gobernantes en Babia.