TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


El premio

02/05/2020

El premio es jugar con público. Te ofrecemos no jugarla pero darte el título. No. Jugarla a puerta cerrada… pero ya. No. Plaza europea la juegues o no, pero renuncia. Y no. El premio, digo, es crear un ambiente histórico en esa final de Copa para la historia, Real-Athletic, inédita y vintage, romántica se mire por donde se mire… y si el romanticismo se impone, eso tiene que jugarse con las gradas llenas, con donostiarras y bilbainos convirtiendo Sevilla en la Plaza Nueva y en la calle Fermín Calbretón, Cascos Viejos del viejo Botxo y la entrañable Donosti, y con una guerra de canciones que van y vienen alimentadas por más de cien años de (casi siempre) sana rivalidad, encuentros y desencuentros vecinales de apenas 100 kilómetros de capital a capital, casi 60 de frontera común Vizcaya-Guipúzcoa. El premio, como sugieren Liga o Federación empujadas por la UEFA e incluso algún verso suelto en las cúpulas de los clubes, no es la compensación de siempre. A los más viejos del lugar, incluso a los más jóvenes que tienen muy clara la diferencia entre el fútbol moderno y lo que de verdad merece la pena de este deporte, les importa un quintal de pimientos que ganar la Copa del Rey tenga billete a la Europa League «si la jugáis ahora, en las condiciones que te propongo». ¿Qué es la Europa League? ¿Qué satisfacciones deportivas, espirituales incluso, te reporta comparadas con las de un estadio lleno? ¿Podemos ganarla? Pues eso…

Alrededor de esta final de Copa, ésta en concreto y no otra, hay demasiada liturgia, peso histórico, ansias, décadas de choques, afrontas de cantera, mil risas, mil lágrimas y otros mil consuelos mano a mano como para renunciar tan gratuitamente a ella. Que se juegue cuando se pueda y se llene el estadio, la única condición que la mayoría tiene entre las cejas. Como si es dentro de cinco años…