Cartas contra la soledad de los pacientes

Jesús Valbuena (EFE)
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Miles de ciudadanos intentan infundir ánimo a los enfermos por el virus con mensajes de apoyo en su momento más complicado

Cartas contra la soledad de los pacientes

«No nos conocemos, pero eso ahora da igual: estamos todos en el mismo barco». Héctor Anabitarte termina así una de las cartas que, como él, miles de ciudadanos anónimos están remitiendo a pacientes con coronavirus ingresados en hospitales de Madrid para tratar de aliviar la soledad provocada por el aislamiento.
A sus 80 años, Héctor es activista de diversas causas solidarias en Aranjuez y, en apenas 10 días, ha escrito ya una veintena de cartas al Hospital del Tajo, comenta.
Se animó a participar cuando escuchó a Marisol, la enfermera que coordina la iniciativa, en una radio local: «Intento transmitirles ánimos, que se hagan a la idea de que no están solos y de que están en buenas manos», dice.
Para él, «es una forma más de reivindicar la sanidad pública», aunque en sus mensajes rehúye de «cuestiones políticas o partidistas» porque no sabe quién las va a leer y no quiere «molestar».
La idea de enviar cartas a enfermos por Covid-19 surgió en el Hospital de la Princesa y pronto se extendió al resto de centros de la región, principalmente de la mano de los médicos residentes, que han habilitado cuentas de correo externas en las que recibir los escritos.
En algunos lugares, como el Hospital Infanta Elena de Valdemoro, los pacientes leen en una tableta las cartas que les remiten a través del formulario que la dirección ha habilitado en la página web del centro. En otros hospitales, las imprimen y se las entregan a los pacientes junto a la bandeja de la comida.
Es la fórmula que utilizan en el Hospital Severo Ochoa de Leganés, tal y como relata Paula Gómez, médico residente de segundo año: «De esta forma no gastamos EPI (equipo de protección individual) en dar las cartas a los ingresados, que son todos casos confirmados de coronavirus, porque no podemos andar metiendo cosas que sean vías de contaminación en pacientes que no lo sean».
En el Severo Ochoa, una de las instalaciones más castigadas por la pandemia, han recibido ya más de 15.000 misivas, tras una buena promoción en la radio. «Yo no esperaba este éxito», confiesa Paula, que echa en falta poder percibir las reacciones de los pacientes cuando leen las cartas, ya que no pueden entrar a verlos.
«Solo conozco a una persona que recibió el dibujo de un niño, le encantó, pero no se lo pudo llevar, esos papeles se deben tirar cuando dan el alta porque, en teoría, están contaminados», cuenta.

 

Una labor cuidadosa

El contenido de los mensajes suele tener unos parámetros muy determinados, asegura Paula. Al principio, la gente se describe, explica cómo está viviendo esta situación tan extraordinaria y «luego intentan transmitir fuerzas de alguna manera», bien con alguna referencia religiosa, con un cuento, un poema o con «un simple abrazo virtual». Antes de distribuir las cartas, Paula suele revisar el contenido.
En el Hospital Infanta Leonor se encargan de ello los profesionales del Servicio de Psiquiatría y Salud Mental con el objetivo de valorar «cuidadosamente» a qué pacientes se las pueden entregar. Este hospital de Vallecas ha recibido ya 3.000 misivas procedentes no solo de la capital, sino de otros lugares de España como Valencia, Sevilla o Asturias, y también de países como el Reino Unido, Argentina o México.
En su objetivo de seguir infundiendo ánimos en estos momentos difíciles, Jorge Rivera, responsable de Comunicación del Hospital Severo Ochoa, ha dado un paso más y ha puesto en marcha la iniciativa #CartasDesdeElBalcón.
Con ella, el personal sanitario del centro está poniendo voz a algunos de los escritos recibidos a través de vídeos que Jorge difunde cada noche en las redes sociales, justo después del aplauso de las ocho de la tarde.
La carta del pasado jueves, a la que él mismo le puso voz, refleja a la perfección el espíritu de este ejercicio epistolar que combate la soledad de los enfermos en los hospitales madrileños.
«Seguro que te parecerá una locura que, sin conocernos de nada, te escriba una carta. Tú, desde la habitación del Hospital Severo Ochoa, junto a nuestros queridos héroes, y yo, desde mi casa. Estamos aislados pero, sin darnos cuenta, estamos unidos. ¡Vamos, dame una sonrisa, la más grande que tengas! Pon tu mano derecha en tu hombro izquierdo y ahora pon tu mano izquierda en tu hombro derecho. Acabas de recibir un fuerte abrazo».