CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Todos se la juegan

Ha arrancado la campaña para las elecciones europeas, autonómicas y municipales en la que todos los partidos, todos sin excepción, se la juegan.

Sale el Psoe con ventaja sobre sus contrincantes, pero no solo necesita volver a ganar, sino que para mantener o ganar nuevos gobiernos regionales y municipales necesita también, como el comer, que Podemos tenga un resultado aceptable y, en menor medida, Ciudadanos pues, a pesar de que Rivera sigue diciendo que nunca pactará con el PSOE y Sánchez ha lanzado dardos envenenados contra Rivera, al final mandan las matemáticas. A nadie le cabe duda de que si Ciudadanos puede entrar en gobiernos autonómicos y alcaldías con los socialistas, y no con los populares, lo hará sin que le tiemble la voz cuando explique su presidente que estaba obligado a ello por el bien de España al impedir que Pedro Sánchez llegara a acuerdos con populismos, independentistas y antiguos miembros o simpatizantes de ETA. Aunque a estas alturas ya habrá calibrado Albert Rivera los riesgos de llegar a acuerdos de gobierno con aquel del que públicamente abominaba…

Unos se la juegan más que otros, y es Pablo Casado el que más arriesga. Su partido está manteniendo un comportamiento ejemplar de lealtad a pesar de que con el nuevo presidente se ha alcanzado el nivel más bajo de su historia y han aparecido figuras de medio pelo que no aportan nada. Si se repite el fiasco, es difícil que no surjan voces críticas, porque si se pierden plazas de envergadura el PP corre el riesgo de desaparecer. Para suerte de Casado en las municipales y autonómicas se vota más a los candidatos que a las siglas, y en las listas no ha metido Casado tanta mano como en las generales. Aunque sí la ha metido en Madrid, tanto en la lista del Ayuntamiento como de la Comunidad. Tendrá que hacer encajes malabares el presidente del PP si pierde el feudo del Gobierno de Madrid, porque habrá quienes no se lo perdonarán porque se empeñó en imponer candidatos casi desconocidos cuando había mucho bueno donde elegir.

Con un poco de suerte, esta campaña sirve para que los españoles se enteren de la importancia de contar con una buena representación en el Parlamento Europeo, cuyas normas y leyes les afectan más que muchas de las que se toman en el Congreso. Ya va siendo hora de explicar que un eurodiputado no es un señor o una señora que gana muchísimo dinero sin dar palo al agua. Ganan mucho dinero, sí, pero no tienen vida, trabajando sin descanso en Bruselas y Estrasburgo y con disponibilidad permanente para viajar a cualquier del mundo en el que se puedan tomar iniciativas que afectan a los ciudadanos europeos.

Tienen estas elecciones un ingrediente de morbo: ver si Puigdemont consigue escaño de eurodiputado. Si no… los independentistas sufrirán un importantísimo varapalo y los constitucionalistas brindarán con entusiasmo. Crucemos dedos para que ocurra.