COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Preguntas sin respuestas

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, no dejó de ser interpelado por los otros cuatro candidatos a la presidencia del Gobierno de los partidos nacionales: Sobre Cataluña, sobre su política de pactos poselectorales, sobre algunas de sus intenciones en materia económica, sobre su futuro político tras la sentencia de los ERE, sobre Venezuela…

Ninguna de las preguntas fue respondida con claridad, cuando no ignoradas. Fue su papel defensivo en un debate electoral, caracterizado como estaba previsto por un todos contra Sánchez. Fue por eso, un debate previsible, de repetición de consignas, de las ideas fuerza que cada uno de los líderes lleva repitiendo desde el comienzo de la campaña, con pocas novedades argumentales. Cada uno de los candidatos desempeñó el papel que tenía prefijado. Pedro Sánchez estuvo en plan institucional, convencido de que repetirá al frente del Gobierno y proponiendo el desbloqueo como principal medida de sus propuestas que fueron muchas y muy variadas y con el llamamiento constante al voto que otros olvidaron conscientemente.

El presidente del Partido Popular, Pablo Casado, fue el más duro en sus alegatos contra el presidente del Gobierno en funciones; el de Ciudadanos. Albert Rivera, estuvo más desdibujado que en otras ocasiones y volvió a considerar a Casado a veces su principal adversario como si las encuestas todavía le dieran alguna posibilidad de sorpasso y convertido en el defensor de la familia y los habitantes de la España vaciada. A un Pablo Iglesias empeñado en que Pedro Sánchez dijera que busca la gran coalición con el PP le contestó Pablo Casado:-“ya le he dicho que no vamos a pactar”. El líder de Podemos volvió a ser el máximo defensor de la Constitución, como hizo en el debate de las anteriores elecciones.  El líder de Vox, Santiago Abascal, estuvo como se preveía, solvente y convincente en la defensa de sus postulados, que también se traía muy trabajados: populismo en estado puro con un punto de agresividad en algunas de las cuestiones. Guante blanco entre Casado y Abascal, que es premonitorio de lo que puede pasar si el PP gana las elecciones.

El debate estuvo embarullado en algunos momentos. Fue más vivo que en otras ocasiones pero por lo mismo no contribuyó a la claridad. Algunos de los líderes de los partidos de la oposición tampoco dudaron en acudir a argumentos que sonaban a medias verdades y a juicios de intenciones sobre todo relacionadas con el papel que pueden desempeñar los independentistas catalanes en el futuro desde los partidos de la derecha, que dan por hecho que Pedro Sánchez negociará su investidura con ellos. Tampoco “la derecha cobarde” (PP y C’s) –expresión que Sánchez ha tomado prestada de Abascal- ha negado que vaya a desprenderse de la “derecha agresiva” de Vox.   

Los enfrentamientos y las frases hechas han opacado las propuestas que todos los candidatos han realizado y que en muchos casos son coincidentes. Al menos es un signo de esperanza de cara al futuro para lograr acuerdos transversales sobre asuntos que mejoren la vida de los ciudadanos. Pero los anuncios más relevantes salieron de la boca de Pedro Sánchez que colocó sus mensajes con nitidez sobre  economía y la España vaciada, entró en el cuerpo a cuerpo salvo en una ocasión con Abascal a cuenta del franquismo. Y sobre Cataluña, ley y diálogo.