CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Los Reyes en Cuba

El gobierno se empeñó en dar categoría de visita de Estado al viaje que acaban e realizar los Reyes a Cuba, aunque los modos diplomáticos aconsejaban que fuera una visita oficial, menos encorsetada que las que tienen categoría de Estado, con la agenda oficial milimétricamente pre establecida. De esa manera se impedía que D. Felipe se entrevistara con dirigentes de la disidencia cubana, aunque permitió sin embargo que justo después del último acto de la agenda oficial y a instancias del gobierno de Cuba, se reuniera con Raúl Castro, la figura más influyente del país.

Poco antes de esa reunión el Rey había pronunciado un discurso en el que defendía la democracia y el respeto a los Derechos Humanos. Discurso que como es habitual en las visitas de Estado, lo conocía previamente el gobierno de Cuba. Es probable que fuera el propio Castro el que propusiera la reunión con el Rey, puesto que desde su cargo político como líder del PCC, y como ex presidente, era la figura más autorizada para “vender” a un jefe de Estado extranjero las bondades del régimen castrista, impuesto de forma implacable por Fidel y continuado por él mismo cuando sustituyó a su hermano al frente del país.

La visita real ha tenido una relevancia máxima, pero algunos puntos polémicos. Empezando por su propio carácter, de Estado, y finalizando porque se ha transmitido la sensación de que el gobierno de Sánchez la forzó excesivamente para apuntarse un tanto a su favor. El Rey sin embargo, obligado constitucionalmente a hacer suyas todas las propuestas del gobierno – debe avalar lo que ha avalado el pueblo a través de las urnas- sí marcó algunas pautas o sugerencias. No acudió a los actos del 500 aniversario de La Habana para no coincidir con personajes como Nicolás Maduro –el gobierno español reconoce a Juan Guaidó- y también expresó desde el primer momento la necesidad de referirse a la falta de democracia en Cuba.

Los Reyes han sido recibidos con afecto, han tenido gestos de cercanía que han entusiasmado a los cubanos de a pie –con un papel destacado de la Reina Letizia, a la que habitualmente solo se menciona en España para describir su vestuario- y reiterando que Cuba es un país muy querido para España, con lazos bien atados a pesar de la diferencias de sus modelos políticos. Era consciente el Rey Felipe de que su padre no pudo viajar a Cuba oficialmente –solo como partícipe de una Cumbre Iberoamericana- porque los sucesivos gobiernos no lo consideraron oportuno, y se quedó con ese sabor amargo del deseo no cumplido.

El gobierno había puesto mucho empeño en el viaje del Rey, positivo para D. Felipe, para España y también para Pedro Sánchez. Sin embargo, el propio Sánchez, volcado de lleno en la formación de un nuevo y polémico gobierno, colocó en segundo plano un viaje real que por muchas razones debería haber tenido el máximo protagonismo.