Victoria Lafora


Pío, pío, que yo no he sido

La sentencia de los ERE es gravísima, sin paliativos. Describe la práctica de conceder subvenciones sin control alguno a empresarios afines, con cargo a partidas presupuestarias opacas. El juicio a los dirigentes socialistas andaluces, que utilizaron este sistema para perpetuarse en el poder durante decenios, no deja resquicio de duda: todos lo sabían. Era una corrupción consentida e institucionalizada que ataba a las siglas del PSOE los votos de trabajadores y empresarios, permitendo colar a amiguetes en las prestaciones espurias.

No merma la gravedad de lo ocurrido el hecho de que los dos ex presidente Chaves y Griñán no se hayan llevado ni un duro a sus cuentas corrientes. No se trataba de enriquecerse; el objetivo era mantener el Gobierno de la Junta de Andalucía, comprando voluntades. Y eso es una forma de desvirtuar la democracia.

No hay corrupciones buenas y malas, no las hay honorables y vergonzantes. Es igual de abominable consentir la financiación de tu partido con mordidas a empresarios a cambio de contratas, que fidelizar votantes con dinero público. Y si lo que se mira es el daño social, resulta más grave la desaparición de 680 millones de los impuestos de los españoles.

Dicho esto, y a la espera de los recursos ante el Supremo, los actuales dirigentes socialistas que se quieren quitar este "marrón" de encima cuanto antes harían bien si, en representación de sus siglas, pidieran disculpas a los ciudadanos. Pedro Sánchez, que en aquellos tiempos era un simple concejal del Ayuntamiento de Madrid, debe comparecer en la Moncloa, donde tan cómodo se encuentra, para garantizar que la prevaricación y la malversación no volverán a producirse bajo un Gobierno del PSOE.

Resulta también reveladora la enérgica reacción de la mano derecha de Pablo Casado, el diputado murciano Teodoro García Egea, que forma parte del núcleo duro de la dirección, opuesta a cualquier acuerdo para que el PSOE no dependa de los independentistas. Tiempo han tenido en el PP para encontrar un argumento más convincente que reclamar la destitución de Sánchez por los ERE.

Ni el actual secretario general del PSOE estuvo nunca en la Junta, ni dirigía el partido en aquellos tiempos, ni tenía voz, ni capacidad de decisión, ni en Andalucía se le ha querido o apoyado. Por lo tanto la comparación con Rajoy y la Gürtel es pueril.

También es sorprendente la "comprensión" de Pablo Iglesias, martillo de corruptos hasta hace unos días, que se ha limitado a un twit en las redes sociales culpando al bipartidismo de este caso de corrupción. Que procedente es aplicarle el dicho de "Paris bien vale una misa"...

El único consuelo que le queda a la decepcionada ciudadanía es el de que la Justicia, lenta, perezosa, a destiempo, acaba sentando a los responsables políticos corruptos en el banquillo y con severas condenas de cárcel e inhabilitación.