VERDADES ARRIESGADAS

Víctor Arribas

Periodista


El escaño 89

La vorágine de noticias que reciben los ciudadanos en la celebración de unas elecciones generales como las recientes del 10-N impide una disección ordenada de todo ese caudal informativo, y deja muchas cosas importantes sin digerir lo suficiente por los espectadores, que no son otros que los mismos votantes. Hay pequeños hechos sin aparente relevancia que quedan sepultados en la avalancha de impactos propagandísticos de los partidos y los medios de comunicación, como esa noticia sin importancia que se difundió la pasada semana, pocos días después de cerrado el recuento de los votos: “El PNV pierde un escaño por Vizcaya que pasa al PP”. Ocurría durante un nuevo recuento al que asistieron los populares, que habían recibido mensajes de una posible manipulación de las papeletas por los interventores de la formación nacionalista. Y, ¡sorpresa!, el nuevo escrutinio asignó un escaño al partido de Casado, su número 89, y uno menos a los jeltzales. ¿Alguien ha explicado lo ocurrido en Vizcaya, la manipulación de votos en mesas electorales por los propios delegados que un partido político envía a vigilar el buen desarrollo del recuento? No lo esperen.

La soberanía popular, en entredicho por comportamientos de los que nadie habla y que se tapan con una vergonzosa manta de impudicia, y los españoles escuchando hablar día y noche del testamento de Franco y de los privilegios de la escuela concertada, ese demonio del Averno que será el próximo en caer, con la duda de si caerá antes o después que la Monarquía. Si ocurrió en Vizcaya y solo ha sido destapado por un nuevo conteo de votos, ¿en cuántos lugares más ha podido ocurrir?. Si se produjo tan despreciable hecho y ni siquiera aparece en los titulares destacados de cualquier medio informativo, ¿cuántos hechos como éste se hurtan al conocimiento de la opinión pública?

La sociedad española ha asimilado como si nada una noticia que de pequeña no tiene nada. En orden a magnitudes diferentes, algo parecido ocurrirá con la archiconocida sentencia de los ERE fraudulentos que robaron dinero de los andaluces. Unos días, pocos, en titulares destacados y siempre derivando en la corrupción del PP. Y luego, al desván de los recuerdos indeseables. Como dicen los abogados defensores de los condenados en el PSOE andaluz, que son muchos los abogados y los condenados, ellos no se llevaron ni un euro a sus bolsillos. Los sueldos públicos percibidos durante docenas de años haciendo trampas y cometiendo delitos, llegando a las elecciones autonómicas y generales dopados con dinero público malversado empleado en comprar votos, eran un derecho divino adquirido de los malversadores.