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Hablar salva vidas

Eva Batalla (EFE)
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Compartir la experiencia de los intentos de suicidio ayuda a los afectados a liberarse de una mochila que a veces les impide continuar

Hablar salva vidas

El día en que la periodista María de Quesada compartió su experiencia sobre su intento de suicidio con otra persona que pasó por su misma situación sintió una «gran liberación». Aquello le hizo decidirse: daría voz a otros casos similares en un libro, La niña amarilla, convencida de que «hablar salva vidas».

De Quesada, de 41 años y madre de dos hijos, intentó suicidarse a los 15 por un cúmulo de circunstancias que no supo gestionar, como la falta de autoestima que le llevaron a una situación límite de no querer levantarse cada mañana y a un sufrimiento «que no podía soportar», rememora en la actualidad.

Recuerda que ingresó un viernes en el hospital y el lunes ya fue al colegio, y en la familia no se volvió a hablar del tema porque todavía sigue siendo «tabú» y un «estigma» social. «En algún momento llegué a pensar que no había sido real, sino una pesadilla». En otros «que estaba enferma o mal de la cabeza», así que decidió ocultarlo y no hablar más de ello.

La joven reanudó su vida con esta «pesada mochila» a sus espaldas, aunque no volvió a tener nuevos intentos de suicidio. «No me quería morir, era una situación límite, y cuando sobreviví entendí que quería seguir y poder vivir porque no me merecía eso, ni yo ni nadie, y no quería hacer sufrir a mis padres», señala.

Unos 20 años después, durante su estancia en Rochester (Nueva York, Estados Unidos), con su marido, un compañero de un grupo de formación, contó con total naturalidad en su presentación al resto que había intentado suicidarse a los 15 años y removió su historia personal.

Habló con este hombre sobre su propia experiencia y hacerlo le sirvió de «liberación» y le animó a contárselo también a su marido, a sus personas más allegadas y, «lo más duro», a abordarlo con su madre, después de tantos años de silencio. Pasaron más de tres horas hablando y compartiendo el dolor que también le había supuesto a ella la acción de su hija, que no había sabido afrontar, y su sentimiento de culpabilidad.

Víctimas silenciadas

Los familiares de las personas que sufren intentos de suicidio o muertes por esta causa son otras de las víctimas silenciadas por los prejuicios sociales que todavía existen hacia estas situaciones, señala la periodista.

De Quesada decidió entonces compartir su historia con otras personas que habían vivido su experiencia a través de las redes sociales, de internet y un blog personal, y se sorprendió por la respuesta que tuvo no solo de España sino de todo el mundo.

Fue así como surgió su proyecto personal La niña amarilla, que se ha plasmado en una publicación del mismo nombre, editada por Penguin Random, y en una asociación destinada a realizar acciones para prevenir el suicidio en diferentes ámbitos, desde centros educativos a asociativos, culturales y medios de comunicación. Los beneficios por la venta del libro irán íntegramente a la asociación.

La niña amarilla reúne 23 relatos de personas que sobrevivieron a un suicidio, con prólogo de la alpinista Edurne Pasaban y su historia de superación, quien a pesar de alcanzar la cima en 14 ochomiles sufrió una depresión que la llevó a intentar suicidarse en dos ocasiones.

El libro destapa también traumas por abusos sexuales infantiles intrafamiliares, maltratos, acoso escolar, trastornos alimenticios, «factores de riesgo brutales» que es necesario enseñar a detectar porque «catapultan al suicidio», advierte la periodista.

Lamenta también el daño que está provocando la imagen de vidas «idílicas» que difunden las redes sociales: «Todo el trabajo que estamos realizando con las víctimas, puede llegar un influencer con un comentario desafortunado sobre el suicidio y destruirlo por completo».

De Quesada insiste en la necesidad de aprobar un Plan Nacional integral del suicidio, que atienda tanto su abordaje en el sistema educativo como en el sanitario y en las fuerzas de seguridad, con una formación específica para detectar, atender y prevenir estos casos.

La periodista asegura que su experiencia traumática le ha permitido «escuchar y entender a las personas que lo están pasando mal por cualquier motivo», e insiste: «Hablar salva vidas».