Vidal Maté

Periodista especializado en información agraria


Dependencia exterior

La Federación de Industrias de Alimentación y Bebidas, FIAB, hizo públicos recientemente los datos sobre el comportamiento del sector en el último año donde la nota dominante ha sido la estabilidad, más bien un estancamiento en la producción, en el consumo interno y en las exportaciones.
Desde la perspectiva de la producción de las industrias alimentarias, el valor de la misma superó los 116.000 millones, aunque solo con un incremento del 0,1 por ciento por la propia ralentización del crecimiento industrial. El consumo total interior mantuvo su ligera recuperación hasta superar los 100.000 millones, aunque sin llegar a las cifras de 2008 previas a la crisis. Las sombras más importantes del balance de 2018 y lo más preocupante, desde la perspectiva del sector agrario, se hallan en el comportamiento de las exportaciones que han sido en los últimos tiempos la más importante válvula de escape que han posibilitado el incremento de las producciones agrarias más allá de las necesidades de la demanda interna y con ello, el sostenimiento de los precios. 
Frente al crecimiento anual de hasta dos dígitos en los últimos años, un dato negativo es que en 2018 solo pudo mantener a duras penas el nivel exportador con ventas por 30.470 millones de euros que suponen un descenso del 0,4 y el 26 por ciento del valor de la producción del sector. Pero, otro dato negativo fue la salida de la actividad exportadora de 1.340 empresas, fundamentalmente pequeñas y medianas. 
En los últimos años, una de las razones para hablar con optimismo y con la mirada en el futuro, era el hecho de que desde 2008 el número de empresas exportadoras había pasado de menos de 13.000 a más de 17.000. Además, se presumía de la existencia de una segunda o tercera generación en las pequeñas y medianas empresas familiares que ya salía al exterior, acudía a ferias, se organizaba en consorcios y dominaba idiomas. Hoy, por diferentes conflictos de intereses entre las grandes potencias los mercados exteriores, la realidad es que muchos de los más pequeños, pero con un peso importante en las ventas, se han retirado.
Todo ello configura un escenario menos optimista de los negocios alimentarios con una repercusión directa sobre el conjunto las producciones agrarias que tienen como principal destino de sus producciones a la industria para su elaboración o transformación, tanto para su consumo en el mercado interno.