Diario de resistencia: 'Spain is different' y el Ciripolen

Sergio Arribas
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Así ha sido mi séptima semana de confinamiento, desde La Lastrilla, en Segovia. Ya lo dijo Bruce Lee: «Esperar que la vida te trate bien por ser buena persona es como esperar que un tigre no te ataque por ser vegetariano» (Bruce Lee).

Diario de resistencia: 'Spain is different'

España no era peor, era diferente. Con el ‘Spain is different’, el ministro de Turismo Manuel Fraga promovió en 1960 este lema para atraer al turismo extranjero y romper la imagen de país aislado y de tradiciones bárbaras. La ‘fiesta’ [de los toros] era algo exótico. ¡Claro que la diferencia es virtud! Lo aprendí de aquella novia que tuve de adolescente. «Me gustas porque eres diferente», me decía, con aquel rítmico movimiento de pestañas. Me regaló el oído por tiempo breve. Ella buscó las ‘diferencias’ con otro chaval y me dejó por él. Si diferentes somos los españoles es en el asunto de los saludos, muy afectuosos; con dos besos, y, no pocas veces, agarrando a la otra persona, a la vez que la besamos. Eso de que nos saquen la mano nos ofende, no nos gusta un pelo ¡ni que tuviéramos una enfermedad contagiosa! Solo lo admitimos con el jefe, en el primer día de trabajo.

El ‘saludo español’ —acompáñese de la sintonía del NODO—nada tiene que ver con el que practican los japoneses, que jamás se tocan; les basta una simple reverencia sin palabras o un ligero apretón de manos mientras bajan la mirada en señal de respeto. 

Tampoco nos parecemos a británicos —un solo beso rápido o un apretón de manos—, holandeses —solo ponen la mejilla si son familiares— o alemanes, donde los besos no suelen ser plato de buen gusto. Sí, somos besucones, cariñosos, afectuosos, nos gusta el roce… y este maldito virus amenaza con dilapidar una de nuestras señas de identidad. 

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Hasta que no inventan la vacuna, los besos quedarán en cuarentena. Y besar con mascarilla, como que no es lo mismo. Seremos tan fríos como los suecos, aunque morenos y más bajitos. Arranca mi séptima semana de confinamiento, en mi humilde apartamento de La Lastrilla, y con un solo pensamiento: Todo es diferente, pero ójala todo vuelva a ser igual.

Jueves, 23 de abril. Me levanto inquieto, con la noticia, conocida el día anterior, del fallecimiento de Marisol Sacristán, celadora, la primera sanitaria —sí, sanitaria, aunque la ley, injustamente, no les reconozca esta categoría— fallecida en Segovia por culpa de este virus tan cabrón. Marcho con Rosa Blanco, reportera gráfica, a cubrir el homenaje a Marisol  a las puertas del Hospital.

Emociona la despedida de sus compañeros, muchos a lágrima viva recordando a una mujer luchadora, divertida, que trabajó en urgencias hasta el último momento. Resulta que después me enteré que mis padres conocían a su padre, Elías y a su tío ‘Pedro el de la Bodega’ y a su marido, Rafa, con el que se pararon a hablar este verano… Buena gente. ¡Qué injusta es la vida!

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Soy de los que creen que sin empatía, no es posible ejercer ninguna profesión, tampoco ésta y —lo admito—conocer los testimonios de toda esta gente que sigue peleando, o enterarte de los que se han quedado por el camino, me está afectando.

Después de comer, redacto la noticia, de forma más lenta de lo habitual… Poner rostro a las cifras supone el mejor homenaje a los caídos. «No te olvidaremos», apuntaba una amiga de Marisol en facebook. Sería imperdonable. Es el Día del Libro y mi amigo, periodista, Carlos Álvaro, publica en la red social: «No solo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle, no pediría un pan, sino que pediría medio pan y un libro». Lo escribió Federico García Lorca, en 1931.

Viernes, 24 de abril. Ana Rosa Quintana, esa mujer que goza de mis reverencias —quienes sigan este humilde diario sabrán que es pura ironía—ha sido sustituida en las mañanas de Telecinco por Ana Terradillos. La ‘Quintana’ está de baja por problemas en la voz, «pero volverá pronto». ¡Vaya! —piensen aquí en este emoticono de la frustración—. Sin Eduardo Inda en el plató —ese que llama «pequeño gran hombre» al alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida—, Terradillos presenta un vídeo de una peluquería en China. Los peluqueros utilizan pértigas —han leído bien— para lavar, cortar y peinar a una distancia más que prudencial del cliente. Lluis Herrera, presidente de las empresas de peluquerías, atribuye las imágenes a una broma —¿cuántas nos habrán colado los chinos?— porque en toda peluquería «el contacto tiene que ser cálido»  y la distancia social es poco menos que casi imposible. Quieren abrir pronto — «sí, por favor», le pide Terradillos—, con mascarillas, mamparas y «lo que haga falta» para ofrecer un servicio personalizado sin riesgo de contagio. Hace años que no voy a una peluquería, por motivos obvios, aunque el ‘sesudo’ debate de Telecinco me anima a ir después del confinamiento, aunque sea para cortarme los pelos de las orejas. Si me los dejo crecer —los pelos— pareceré un Koala.

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Sábado, 25 de abril. El ejército de Tierra, el Regimiento de Ingenieros número 11, con base en Salamanca, empieza hoy a desmontar el hospital de campaña que levantó en el parking del Hospital General y que nunca llegó a utilizarse. Me asaltan las dudas. ¿Es posible que la Junta lo encargase sin saber que tenía que procurar la dotación de sanitarios y que, sin canalizar hasta allí el oxígeno, no sería más que una carpa?. Es como si comprase en Amazon un juguete para mi sobrina sin leer las condiciones del producto: «¡Atención! Este producto no viene con pilas. Precisa montaje. No viene con herramientas. No apto para niños menores de seis años. Made in China». Bueno, el regalo está hecho, así que ¡quejas ninguna! Subo varias noticias a la web y cierro algunas citas para el lunes.

La pereza me empuja a ver una película turca, de las de Antena 3—lacrimógena en grado superlativo—y es entonces cuando me acuerdo de mi amigo Alfonso Montarelo, segoviano residente en Madrid, que trabaja en «nuevos negocios» en Atresmedia. Siempre le ‘chincho’ con las películas que emite su cadena. ¿Cómo es vivir el confinamiento en soledad? «Lo llevo bien. Me ha pillado suscrito a HBO, Netflix, Movistar, Atresplayer y un montón de buenos libros en casa», me dice; nada que ver, pienso, como mi humilde accesibilidad televisiva. «No obstante, me paso casi todo el día trabajando. Hay muchas personas— continúa Alfonso— que me dicen que lamentan mucho que esto me haya pillado solo. Y me llama la atención esta reflexión porque más allá de estos 42 días, llevo viviendo solo 20 años y nadie hasta ahora lo consideraba un problema», me añade al otro lado del hilo telefónico, mientras pienso: ¿seré bobo?. Inoportuno, quizá.

Domingo, 26 de abril. «Cada derecho implica una responsabilidad, cada oportunidad, una obligación, cada posesión, un deber». Pienso en la frase del magnate del petróleo John.D. Rockefeller (1839-1937) al comprobar la irresponsabilidad de algunos padres —al parecer los menos, por fortuna—que se han pasado por el arco del triunfo las normas para sacar a la calle a sus hijos, los primeros beneficiados de la inminente escalada.

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Hace tiempo que dejé de creer en el buenismo, ideas bien intencionadas pero basadas en la ingenuidad. «Esperar que la vida te trate bien porque eres buena persona, es como esperar que un tigre no te ataque porque eres vegetariano», dijo Bruce Lee. Por lo que me llega, en Segovia se respetó, de manera general, la norma. No me gustan los ‘policías de balcón’ pero creo que es obligación de todos denunciar conductas incívicas. No soporto a los egoístas. Veremos el 2 de mayo, cuando se permita salir a hacer deporte de manera individual  o a dar paseos cortos en pareja con la persona que convivas. Ni un paso atrás contra los insolidarios. 

Lunes, 27 de abril. Apuro el desayuno y llamo a Oscar de la Fuente, de la Agencia Funeraria Santa Teresa. «Ha sido una catástrofe», me dice el empresario, orgulloso del trabajo de su equipo, a quien, por la tarde, policías, bomberos y sanitarios dedicaran un homenaje, al que también acudiré para el reportaje que tengo entre manos. No hay día sin malas noticias y yo me llega una que me duele profundamente. Mari Carmen San Félix, a la que conocí en aquel viejo diario de la calle de San Agustín y de la que fue compañero tantos años, ha fallecido. Persona entrañable, divertida, cariñosa, discreta… Aún la recuerdo en aquel despacho con Enrique Garla… Siempre tenía una sonrisa, un chascarrillo, un buen consejo… Y su risa contagiosa, que explotaba cuando el gran Fernando Peñalosa — ¡cuánto te echamos de menos!—contaba algún chiste o soltaba algún comentario, sin maldad, de algunos de los gerifaltes del periódico. Carmencita, no te olvidaremos.

Martes, 28 de abril. Soy injusto, lo sé, pero tiene un nombre tan rimbombante que me recuerda a un cacique del siglo XIX. Con todos los respetos, pero su aspecto físico refuerza mi imaginario, la del señorito con levita paseando por los jardines de su finca. Es Iván Espinosa de los Monteros, el portavoz del Congreso en Vox, que mantiene un rifi-rafe con Pedro J. Ramirez, el director del Español. ¡Y yo que pensaba que serían amigos! Resulta que el marido de Rocío Monasterio —a la que vi en persona cuando, en campaña concedió una entrevista a La 8 Segovia— suelta una declaración que me deja la boca abierta y hace que la magdalena descienda en caída libre a la taza del desayuno.  Afirma que el Estado debería pagar las nóminas de todos los trabajadores confinados. Y que ya se vería luego… ¡Oh Mondieu! Pedro J. —siempre admiró al periodismo americano, de ahí esa ‘jota’ traumatiza’— le pregunta si no se arrepiente de llamar ‘enterrador’ a Pedro Sánchez y de comentar que el Gobierno estaba haciendo una ‘gestión criminal’…. Pasapalabra, ese gran concurso que ahora emitirá Antena 3 y presentará Roberto Leal, el quinto presentador del programa tras 13 años de Christian Gálvez (en Telecinco). Está obligado a ser uno de los primeros platós en adaptarse a las leyes del coronavirus. A ver si invitan al señor Iván Espinosa de los Monteros…..

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Miércoles, 29 de abril. Hoy tuve la oportunidad de pararme a analizar el plan de desescalada. Pues solo saco una conclusión: como el virus de ha cebado con Segovia y seremos los últimos en recuperar la calle, el golpe será tremendo para nuestra economía, aunque otros, quienes tienen miedo al rebrote, lo verán como un alivio. Veremos si los últimos serán los primeros. Leo que la hostelería está encendida porque en la fase 1 (11 de mayo) se permitirá la apertura de terrazas con una limitación de aforo del 30%. Comprendo el desasosiego —es una putada— pero también entiendo que no deberían tener muchos clientes, solo los que puedan salir, por trabajos esenciales, porque el resto seguiremos confinados. «¡Imagina que uno se tira con un café toda la mañana¡ ¡menuda ruina!», decía una mujer el otro día —propietaria de un bar, según deduje— en el estanco del pueblo. Pero vamos a ver... me digo, si el cliente hace eso, es que tendrá que pagar el café y además la multa por saltarse el confinamiento. (A Mariano Rajoy le van a caer 600 pavos). La ‘barra libre’ tardará en llegar. Ya me veo con una pajita incrustada en la mascarilla apurando una cocacola entre pantallas y a dos metros del amigo de turno. No es ciencia-ficción.

Jueves, 30 de abril. Tom Moore. Así se llama el veterano capitán de la Segunda Guerra Mundial que hoy ha cumplido 100 años. El hombre, de aspecto entrañable, con sus medallas en la solapa, se marcó el reto de caminar, con su andador, 100 vueltas a su jardín de su casa del condado de Bedfordshire. Quería recaudar mil libras para la lucha contra el coronavirus. Pues el amigo Moore ha recaudado 33 millones de euros; y encabeza el ‘hit parade’ de las listas musicales del Reino Unido, con su versión del ‘Nunca caminarás solo’, del Liverpool. Pues yo me quedo con nuestro ‘Resistiré’, aunque no me imagino a ningún militar de la vieja guardia entonando el estribillo. No sé si el amigo Moore tomó ‘Ciripolen’, el afrodisíaco casero que inventó el Tío Cirilo, natural de Las Hurdes, y que popularizó por los mercadillos de Extremadura. Tomaré un chupito. Para resistir.

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