DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


El valiente traidor

Quo vadis, Inés? La portavoz de los diez diputados que le quedan aún a Ciudadanos, candidata a presidir esta formación política, buscó con insolencia un traidor entre los parlamentarios socialistas para que se rebelara contra su jefe y frustrara la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. Habría de ser un valiente y no un cobarde porque la causa para Inés Arrimadas requería de la épica. Un fin realmente heroico, la salvación de España. El problema para la sucesora in pectore de Albert Rivera, tal vez cabría apostillar de momento, es que una inmensa mayoría de españoles no quieren más salvapatrias, sino gestores honrados de los bienes públicos, íntegros y leales, en quienes delegar el poder de representarlos. No es esa precisamente la imagen que hemos conocido estos días de la portavoz del exiguo grupo naranja, porque acaso no exista mayor felonía que el descaro de proclamar la traición como bien superior en el Congreso de los Diputados, templo sagrado de la democracia, del respeto a la voluntad popular expresada en las urnas, y que debería de serlo también de la cortesía y de la educación.
Cualquier español debería de sentirse abochornado por la imagen que algunos de nuestros políticos han dado al mundo estos días. Qué lejos quedan aquellos tiempos en los que fuimos referentes en la forma de superar conflictos mediante el diálogo y la negociación. La competencia entre los partidos de la derecha por mostrar quién expelía el exabrupto mayor solo es comparable a la pugna infantil de quién llega mas lejos o al terror de quien siente el más absoluto vacío bajo sus pies. Mucho se deben de jugar ellos o sus valedores.
Resultaba también inevitable ver en la patética imagen de Suárez Illana el contrapunto de lo que fue y representó su padre, Adolfo Suárez. El ostensible gesto de desprecio al diálogo frente al afán incansable de la reconciliación. El pueblo español ha asumido una deuda de gratitud permanente con el padre y sería lamentable que tan honrosa herencia pudiera ser dilapida por el hijo.