UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


La lista más votada

Tomemos un punto de partida nada discutible: nuestro sistema constitucional es estrictamente parlamentario, y nada presidencialista. Los ciudadanos elegimos diputados, no presidente del gobierno. Eso es lo que hicimos en abril y otra vez ahora. De manera que el Congreso tendrá que intentar de nuevo una investidura, con mayoría absoluta en primera votación o simple en la segunda, para elegir un presidente que pueda formar gobierno. Esa es la regla del juego, y así está establecida. Tan cierto es que la elección de los diputados y la elección del presidente obedecen a dos momentos y a dos mecánicas distintas, que ni siquiera es necesario que el presidente del gobierno sea diputado. Eso es lo que justifica que pueda ser presidente del gobierno un candidato que no ganó las elecciones, pues basta que consiga mayoría de diputados, aunque no tuviera mayoría electoral. Todo depende, como bien lo sabemos, de los acuerdos que puedan alcanzarse.
Así las cosas, no es mala opción la propuesta de que forme gobierno el candidato de la lista más votada; o mejor dicho, de que se le deje formar gobierno por parte de los que no están en condiciones de alcanzar una mayoría de diputados distinta. Por supuesto que se trataría siempre de una solución de segundo nivel: si hay una mayoría, la que fuera, confesable o inconfesable, tendría prioridad, y sería jurídicamente legítima, merezca el calificativo que merezca desde la perspectiva política o ética. Sólo si esto no es factible, dejar paso a la lista más votada, facilitándolo con abstenciones, es una alternativa racional para evitar bloqueos.
El problema es que tal opción debe ser aceptada por quienes tengan la capacidad para hacerle efectiva, y eso, supongo, exige un plus de cultura política que, hasta el momento, no parece que haya formado parte de nuestra trayectoria democrática. Tampoco juega a favor el hecho de que haya antecedentes contrarios, porque ya hubo ocasiones en que la regla de la lista más votada pudo haberse aplicado y no se hizo. Así que habrá que pedir un esfuerzo de racionalidad, y también de rectificación, a quienes corresponda. Lo que supone pedir generosidad, que suele ser por donde empieza el cambio necesario.