Cero colapsos por las pastillas con receta

Nacho Sáez
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El aumento de la vigilancia sobre la dispensación del Ibuprofeno de 600 o el Paracetamol de un gramo ha sido asumida con normalidad en Segovia por farmacéuticos, médicos y pacientes.

Cero colapsos por las pastillas con receta

Desde los colegios de farmaceúticos se insiste en que no se ha producido ningún cambio normativa y que la legislación es la misma que hace dos meses, pero lo cierto es que de unas semanas a esta parte, cuando un paciente pide Ibuprofeno o Paracetamol en la farmacia, la advertencia llega enseguida. «Sin receta no le puedo dar Ibuprofeno de 600 miligramos ni Paracetamol de un gramo», aclara el boticario sin perder tiempo. La razón es la entrada en vigor el pasado mes de febrero del Sistema Español de Vigilancia del Medicamento, que registra y controla más estrictamente todos los medicamentos para, entre otras cosas, evitar falsificaciones.
Con el objetivo de fondo de que se cumpla la Ley de Garantías y Uso Racional de los Medicamentos que fue aprobada en 2015 pero que hasta ahora no se ejecutaba plenamente, también se ha puesto en marcha para acabar con la irregular dispensación que se realizaba de los mencionados analgésicos en muchas farmacias. Y de momento los resultados son buenos en la provincia de Segovia, en opinión de los profesionales.«Había un abuso por parte de la población y hay estudios que dicen que dosis altas y prolongadas de estos medicamentos son perjudiciales para la salud», advierte el presidente del Colegio de Farmacéuticos de Segovia, Francisco Javier Alcáraz. 
Se asocian a daños en el hígado, los riñones o el estómago, pero su consumo está tan extendido y avalado socialmente que obliga a poner en marcha campañas de reeducación en este sentido. Según datos de la Consejería de Sanidad de la Junta de Castilla y León, el Paracetamol fue el segundo medicamento más consumido el año pasado en la Comunidad (2.241.378 envases se despacharon) y el Ibuprofeno, el octavo (911.747) con un coste conjunto de más de siete millones de euros.
Uno de los temores que existía en torno a la reacción de los pacientes, tras el aumento de la vigilancia sobre estos medicamentos, residía en la diferencia de precio que se han encontrado. «El Ibuprofeno de 400 es más caro y vienen menos dosis», recuerda el presidente del Colegio de Farmacéuticos, que insiste en las consecuencias de un mal uso «por mucho que creas que estás acostumbrado». «Si te duele la cabeza, la dosis de 400 te lo soluciona y es menos perjudicial. Es que te machaca el hígado», vuelve a remarcar Alcaraz.
Las farmacias que no cumplan con la obligación de exigir recetas se exponen a recibir sanciones económicas en las inspecciones que se van a llevar a cabo. Sin embargo, algunos sectores temen que los efectos de este cambio de hábitos se puedan trasladar a ciertos ámbitos concretos. El secretario general de la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM), Francisco Miralles, alertó recientemente de la posibilidad de que se produzca un colapso en los centros de Atención Primaria provocado por los pacientes en busca de recetas para el Ibuprofeno de 600 y el Paracetamol de un gramo.
En Segovia, el nuevo escenario no ha ocasionado contratiempos, tal y como confirma el presidente del Colegio de Médicos, Enrique Guilabert, que no ha detectado un aumento de las citas debido a esta circunstancia. Los mayores problemas se concentran en el medio rural, pero tienen que ver con el funcionamiento de la receta electrónica, según explica. Como su homólogo del Colegio de Farmacéuticos, se muestra de acuerdo con que se ponga coto al consumo excesivo de estos medicamentos. «Se debería haber exigido siempre», dice, al mismo tiempo que se refiere a «los tremendos problemas de salud» que diversos estudios apuntan que va a generar la utilización irresponsable de los antibióticos también.
Por eso, ambos colegios tienen previsto iniciar a la vuelta de las vacaciones una campaña de divulgación del buen uso de medicamento. De momento el primer paso está dado, aunque en opinión de Guilabert quedan otros en los que avanzar. Uno de ellos es la necesidad de insistir en admitir sólo como válidas las recetas expedidas de manera oficial «y no aquéllas que nos hace en un papelito de cualquier forma un conocido o un amigo que es médico», según concluye el presidente del Colegio de Médicos de Segovia.