Segoviano, hippie, panadero y pastor de ovejas en Ohio

AURELIO MARTÍN
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Segoviano, hippie, panadero y pastor de ovejas en Ohio

Rafael Rodríguez, 40 años en Estados Unidos, donde fue contable en General Motors, ahora disfruta de una vida feliz.

A sus 72 años, después de haber trabajado de contable en General Motors, Rafael Rodríguez Sánchez, miembro de una conocida familia segoviana, sobrino del periodista Cirilo Rodríguez, es feliz ejerciendo de hippie en Nelson Township, un poblado al borde de Garrettsville, en Ohio (Estados Unidos). Disfruta de las ventajas que ofrece residir en una ciudad y de la tranquilidad de vivir en una granja donde cría corderos que comercializa entre la colonia saudí local.  Tambien abre a diario una panadería, donde irónicamente comenta que enseña a hacer pan a los norteamericanos. 
En la década de los setenta del siglo pasado, Rafael, que se considera «un hombre muy simple, pero muy afortunado», ejercía en Segovia como funcionario del Ministerio de Educación y Ciencia, profesion que compartía con la artesanía de objetos realizados con clavos.
Este periodo de su vida acabó cuando decidió emigrar a Norteamérica en con su esposa, Debbie, a quien había conocido en la capital segoviana durante los cursos de español para americanos, dirigidos por Luis Felipe de Peñalosa. 
Con las redes, el pañuelo que es el mundo se reduce aún más de tamaño, hasta el punto que de que los 6.395 kilómetros que separan Segovia de Ohio son insignificantes para poder establecer un contacto fluido con quien firma la conversación como: «El hippie, el panadero, el pastor de ovejas, el segoviano». Aunque suele comentar en broma que fue su crisis de los 30 años el principal motivo de salir de Segovia, en realidad esto se debio a un deseo por el desarrollo intelectual de la familia. Debbie había escogido inicialmente quedarse en Segovia en lugar de retornar a los Estados Unidos para acabar sus estudios universitarios. Sin embargo, Rodríguez observaba que, aunque llevaban una vida feliz y tranquila, ella necesitaba el reto de continuar con sus estudios de lenguas románicas, así que salieron hacia América «por un rato», dejando todo en Segovia, menos a su hija Barbara y al gato. 
Rodríguez adora América: «¡Todo es mejor en America, excepto el pan!, casi me vuelvo a España por culpa de eso, pero una profesora de Hiram College me enseñó a hacer pan y eso me dio una nueva vida». Ya elaboraba pan cuando trabajaba de contable para la General Motors, donde lo llevaba para el almuerzo y lo compartía. Asegura a EL DÍA que, «de repente comencé a recibir pedidos y me di cuenta de que podía ganarme la vida haciendo pan en lugar de hacer cuentas en una computadora; me jubilé con anticipación y puse una panadería –en el edificio mas antiguo del pueblo, que primero fue una iglesia y después el gimnasio de la escuela local–; y hasta hoy continúo haciendo pan». 
Algo similar ocurrió con las ovejas: «Me encanta el cordero, pero es dificil encontrar carne de calidad en esta parte de los Estados Unidos, ¿la solución? Ahora tengo un rebaño de unas 150 ovejas. No lo hice como negocio, pero, por ejemplo, ahora se celebra el Ramadán y aquí hay una colonia muy numerosa de saudíes que compra mis corderos; me encanta América, hay una solución para cada problema, incluso [las ovejas] me cortan el césped gratis». Su vida diaria discurre siendo « muy feliz, muy ocupado, un poco desorganizado, muchos proyectos a medio hacer, muchos más en mi cabeza… ninguno acabado… Como dicen por aquí: This is work in progress. Me ayuda a estar vivo, porque si me muero, esto va a ser un lío». 
Rafael Rodríguez reflexiona: «Me acerco al ocaso de mi vida, y mirando atrás y pensando en la gente de Segovia, me atrevo a decir: no tengáis miedo de salir de esa maravillosa ciudad, porque siempre la llevareis dentro del corazón; y cuando estéis en un país extraño, portaros como embajadores de Segovia y procurad hacer las cosas bien y ser honestos, porque la gente de Segovia os esta mirando».
Su tío Cirilo Rodríguez, quien narró para España la llegada del hombre a la Luna, influyó en su decisión de quedarse en los Estados Unidos. Para Rafael, el periodista «era un enamorado de Nueva York y de los americanos en general. Durante un invierno, cuando vino a visitarnos a Ohio, hice un grandísimo Acueducto de nieve enfrente de nuestra casa y se emocionó mucho. Cirilo dejó un gran recuerdo en Ohio, donde dio una conferencia en un club local, invitado por la ciudad; un gran hombre, me dicen que me parezco a él en mis maneras, pero no… él era algo especial”. 
Cuando Debbie se graduó con el numero 1 de su clase, la familia decidió permanecer un tiempo más en Estados Unidos, aparte de que Rafael Rodríguez también estaba terminando sus estudios de Ciencias Economicas. Después de su graduación le contrataron en la General Motors como contable y su esposa continuó estudios de maestría en Lenguas Romances en la universidad de Kent, donde también se graduó con máximos honores que la cualificaban para estudios doctorales, que prosiguió en Ohio State University. Así las cosas, una vez conseguido el doctorado y una posición en la universidad, el matrimonio se dio cuenta de que ya estaban inmersos en la vida social de America, que era demasiado tarde para volver a Segovia, habían pasado casi 10 años. Rodríguez clara: «Tengo a Segovia dentro de mi, siempre, y Debbie y Bárbara también; después del fallecimiento de mi esposa, Bárbara llevó parte de sus cenizas y las depositó al pie del Alcázar y allí nos reuniremos algún día; es Camelot”.
 ¿Y, cómo vivió los años setenta en Segovia?. Rafael Rodríguez dice que todo lo que hacia no le preparaba en nada para el futuro, reconoce que se lo pasaba muy bien, la artesanía de clavos le proporcionaba un respaldo a su «pobre» salario de funcionario y era fácil acostumbrarse a esa vida de vino y rosas, discotecas y bares, y un trabajo fácil, seguro y en agradable compañia. Añade que «hay mucha gente que triunfa en ese ambiente pero no me sentía como un triunfador, percibía que había atrapado a Debbie y a Bárbara en esta jaula de oro llamada Segovia, quizás fuera porque me aproximaba a los 30 y mi vida estaba destinada a no cambiar, justo como tantos otros: nacer en Segovia, vivir en Segovia, morir en Segovia…; y decidimos saltar el charco, nunca me he arrepentido de esa decisión». 
Después de calificar como «artificiales» aquellos años hippies, hace hincapie en que «mis años hippies son ahora, antes era algo un poco artificial, era la moda, ahora es un estado de ánimo, me gusta la naturaleza, la música, el ambiente; alrededor de mis hermanos y hermanas hippies me encuentro como pez en el agua, comparto todo con ellos y ellos corresponden, e incluso respetan que yo no fume, simplemente le paso el porro al siguiente hippie, paz es mi religión y Grateful Dead es mi profeta”.
Apenas ve diferencias entre algunos aspectos de la política norteamericana y española, le preocupa la situación actual, sobre todo el trato a los emigrantes y nuevas legislaciones que, en su opinión son un paso atrás en el progreso de Estados Unidos, «y sobre todo la manera de actuar de los lideres de esta nación, soy de la opinión de que debemos resignarnos momentaneamente, tomar nota, y esperar el final de este periodo y ver lo que nos depara el siguiente», matiza. No obstante dice que América ha hecho de él una mejor persona de lo que era en Segovia, ciudad a la que ama pero en la que no podía crecer porque «estaba rodeado de tentaciones diariamente».

Segoviano, hippie, panadero y pastor de ovejas en Ohio
Segoviano, hippie, panadero y pastor de ovejas en Ohio
Segoviano, hippie, panadero y pastor de ovejas en Ohio
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