UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


Nueva normalidad

29/06/2020

Terminó el estado de alarma implantado el 14 de marzo y ampliado tras sucesivas prórrogas y, con una mayoría parlamentaria verdaderamente elevada, se aprobó la norma que regula esa llamada “nueva normalidad”. Si se tiene en cuenta cómo venía siendo de agitado el ambiente político, debemos concluir que las condiciones de acceso a esta nueva etapa disponen de un grado de acuerdo muy sustancial. Sin que eso suponga que nadie renuncie a sus posiciones particulares, saber, al menos, que los criterios que van a regir nuestra vida social durante los próximos meses están mayoritariamente admitidos, aunque no sepamos aún cuál vaya a ser su duración en el tiempo, tiene, sin duda, efectos beneficiosos. Ante todo, simboliza el compromiso de las fuerzas políticas que tienen la principal responsabilidad compartida de gestionar la situación en los distintos niveles de la administración, sea el nacional, el regional o el local, porque todos ellos están comprometidos en el empeño, cada uno en el ámbito de sus propias competencias, ahora ya recuperadas en plenitud.

Dicho esto, lo que no se puede olvidar es que, con la terminación del estado de alarma y la entrada en la nueva situación, una parte muy importante, y verdaderamente decisiva, de la responsabilidad pasa de las administraciones públicas a los ciudadanos, a cada ciudadano. No podemos negar que hay en el ambiente cierta preocupación al respecto; cada noticia de rebrotes, de nuevos focos, de una elevación de la cifra de contagios, por pequeña que sea, nos pone en alarma particular, aunque ya no haya alarma oficial. Tal vez en países como el nuestro, donde el modelo de relaciones personales y de vida social ha generado tradicionalmente costumbres muy arraigadas de presencia en espacios colectivos muy compartidos, tenga un efecto mayor esta equívoca sensación de que ya no hay problema y de que ahora, con el buen tiempo, se trata de recuperar el tiempo perdido y de compensar el confinamiento con más callejeo.

Si así fuera, está claro que el peligro más próximo podamos ser somos nosotros mismos, y el exceso de confianza y la inconsciencia, por no llamarlo de otra manera. Así que se trata de que no se nos olvide lo que ha pasado para no tener que repetirlo.