Ni lavan ni cortan

Nacho Sáez
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La facturación de las peluquerías y de los centros de estética ha caído un 37 por ciento, los locales que han tenido que cerrar se han multiplicado en Segovia y el sector clama por una bajada del IVA al 10%.

Ni lavan ni cortan

Los locales comerciales con el cartel de ‘Se vende’ o ‘Se alquila’ se han convertido en uno de los símbolos de la crisis provocada por la pandemia. Si hubiera que realizar una distribución por zonas en Segovia el reparto sería equilibrado, pero en cambio por actividades económicas la peor parte se la lleva la hostelería y seguramente las peluquerías y los centros de estética. Un rápido paseo por la ciudad permite descubrir cerca de una decena de estos últimos cerrados. En la calle José Zorrilla, en la avenida Vía Roma, en Teniente Ochoa, en Miraflores... Las cortapisas que ha puesto el coronavirus a la vida social y la sangría fiscal que sufren han puesto contra las cuerdas a un sector que ha decidido rebelarse y se manifiesta cada mes.

Una bajada del IVA del 21 al 10 por ciento es su principal demanda. Y más después de que estos días se haya conocido que su facturación ha caído un 37,8 por ciento en el primer trimestre del año respecto al mismo periodo de 2019. «La gente lo está pasando bastante mal… Ya ha habido compañeros que me han dicho que han cerrado, otros que tienen a los trabajadores en ERTE y solo trabajan para cubrir gastos…», cuenta Miriam López, propietaria de la peluquería que lleva su nombre en el número 100 de José Zorrilla. Ella se siente una privilegiada por poder subir aún la persiana de su negocio todos los días. Se dedica al oficio desde los 18 años. Cuando tenía 30 montó su propia peluquería y casi una década después puede decir que está consiguiendo resistir a su segunda crisis. «Empecé con la otra crisis pero soy de las que doy gracias a Dios porque con las cosas que te cuentan... Solo tengo una trabajadora y, cuando tuvimos que estar encerrados, mi casero me perdonó el alquiler», explica.

El último año ha sido un continuo examen. Por la falta de ayudas públicas. Por las restricciones. Por el miedo de su público más fiel. «Al principio a la gente mayor le daba miedo y también su familia les decía que no salieran. También se ha notado que clientas que venían todas las semanas, ahora a lo mejor vienen una vez al mes o cada mes y medio para cortar y ya está. Cuando antes venían todas las semanas a peinarse. Y luego tenemos el tema del aforo, que no nos permite coger a todo el mundo», apunta. Ni siquiera tiene claras las premisas que debe seguir: «Nos sacaron el BOE un domingo por la tarde y al día siguiente teníamos que trabajar. Cada uno lo hace de una manera. Una chica que conozco tiene una peluquería pequeña y puso mamparas. Yo lo que he hecho ha sido quitar sillas y hacerlo por metros para que las señoras nunca estén a menos de dos metros. Trabajo al 50 por ciento».

Ni lavan ni cortanNi lavan ni cortan - Foto: Rosa Blanco

Pero insiste una tercera vez en que se considera una afortunada. Repican en su cabeza las historias de dificultades que han compartido con ella colegas del gremio. «Una tiene cuatro trabajadoras, entre ellas una hermana, su hija y una empleada que lleva veintitantos años. A ella no la da para ganar un sueldo y se tiene que conformar con no tirar de la nómina del marido para mantener abierta la peluquería», revela esta peluquera, que está metida en grupos nacionales y locales del sector en los que claman por esa bajada del IVA. «Nos lo subió el PP en 2012 y Podemos logró que se aprobara una PNL (Proposición No de Ley) en 2018, pero ahora que están gobernando no les interesa. Unos por otros la casa sin barrer. Se lo bajaron a floristerías, cines y teatros y nosotros fuimos el único grupo al que no nos bajaron el IVA».

«Que se espabilen un poco», reclama a los políticos mientras piensa en una primavera y un verano en el que las peluquerías y los centros de estética volverán a estar huérfanos de nuevo de comuniones y bodas. «La gente dice: ‘Para ir a casa, no me peines’. Mi peluquería es pequeñita, pero lo notamos. Aparte de estar cerrados, el año pasado perdimos todas las bodas y comuniones y este año tampoco tenemos nada de esos eventos», continúa Miriam. El sector calcula que han cerrado cerca de 30.000 empresas y se han destruido 50.000 puestos de trabajo. «Tengo la suerte», subraya de nuevo, «de que estoy en una zona en la que no dependo del turismo y de que José Zorrilla es una de las zonas que más se mueven ahora en Segovia, pero estoy en contacto con gente de pueblos y sí que hay peluquerías con muchos años que han tenido que cerrar». «Otra compañera se puso en contacto conmigo para que la ayudara a vender el producto porque su casero la quería subir el alquiler», lamenta.

INTRUSISMO. A esos obstáculos hay que sumar otros como el intrusismo. «Cada día es mayor. Aquí en La Granja somos cinco peluquerías y a lo mejor hay cuatro o cinco personas que van por las casas. No pagan impuestos y se llevan a las clientas», se queja Luis Domingo Lozano, al frente desde hace más de dos décadas de LD Peluqueros, en el Real Sitio de San Ildefonso. «He llegado a tener hasta cinco empleados, pero eran otros tiempos. Había muchas bodas, muchos eventos y se podía mantener. Ahora es imposible. El que lo haga que me diga cómo lo hace», asevera al comienzo de una nueva jornada de supervivencia.

Su hija es ya su única ayuda y resiste gracias a las clientas de siempre. «Sobrevivo. Aparte del IVA, yo ahora mismo no puedo tener un solo trabajador. No sacas para ello. Nosotros trabajábamos mucho con el Parador, pero con los cierres perimetrales ya no viene la gente de Madrid, no hay eventos...». Y mientras tienen que seguir aguantando que en el IVA se les considere un servicio de lujo. «Somos de primera necesidad porque todo el mundo necesita cortarse el pelo y necesita peinarse. Además, muchas veces actuamos como psicólogos. Cobramos por hacer nuestro oficio, la peluquería y poner guapa a la gente, que es muy bonito, pero a la vez damos un servicio de psicólogos. Hay mucha confianza con las clientas, nos cuentan su día a día y todos sus miedos nos los transmiten a nosotros, que nos lo tragamos», argumenta el dueño de esta peluquería unisex.

Pero lejos de tirar la toalla además se han adaptado a las circunstancias. «Tengo un par de clientes que vienen como cada dos meses, pero los pequeluqueros hemos dado una confianza con las medidas higiénicas. Yo tenía ocho tocadores y ahora tengo cuatro, solo cojo de una en una… Creas a la clienta una seguridad. Mis compañeros y yo nos hemos tenido que reinventar y amoldar para hacer cinco señoras cuando antes hacías diez y con los precios más bajos porque hay mucha competitividad». Y alerta de lo mucho que está en juego. «Cada día hay más peluquerías que se cierran porque no se puede aguantar. Que sepa yo han cerrado tres o cuatro en lo que llevamos de año. Y cada día va a ir a más. Ya no es que cierren las peluquerías, es que se va mucha gente a la calle. Son muchos los puestos de trabajo que se pierden».