DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


Teatro de riesgo

Hasta dónde llega la inconsciencia o la deliberada maldad de los políticos en campaña? ¿Son conscientes del daño que hacen a la convivencia de los ciudadanos por un puñado de votos? Puro teatro que el espectador corre el riesgo de interpretar como tragedia. Y ahí está la trampa y el daño irreparable.

Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero fueron reunidos por la Universidad de León en una tertulia organizada para conmemorar el 40 Aniversario de dos hechos que coincidieron en el tiempo: El referéndum de la Constitución y la creación de la Universidad leonesa. Lo más destacado, la sintonía en el optimismo con el que ven el futuro de España, frente a los agoreros de la negritud, y algunas anécdotas que revelan que ambos políticos son menos sosos de lo que aparentan. Debe ser la relajación de estar fuera del cargo y de la contienda. Un campo abonado para la broma y las confidencias cómplices. Tal era la sintonía, que no falto la pregunta de un espontáneo: ¿Y ese buen rollo? «Nos conocemos mejor», dijo Rajoy. Zapatero replicó más pragmático: «No competimos».

La discrepancia, legítima y enriquecedora, pervertida cuando se introducen elementos como victoria y derrota. Algo así debía pensar Rajoy, según reveló Zapatero, cuando ambos se enfrentaron en el debate televisado en las elecciones de 2008. Cuando esperaban juntos para ocupar sus sillas en el plató, Rajoy le dijo a Zapatero: «Fíjate, tu y yo, que nos llevamos bien, tenemos que salir ahí a atizarnos para que todo el mundo nos vea».

Pues eso, en grado superlativo y de forma permanente, es lo que nos ofrece ahora la campaña electoral, que tiene a los candidatos inmersos en un estado de ansiedad sin precedentes. No se cruzan propuestas para mejorar nada. El objetivo es conseguir un titular cada día, ser la referencia mediática. Que hablen de uno, aunque sea mal. Pero el listón es colocado cada día más alto. Algunos tienen difícil superarse a sí mismos. La astracanada de Vox pidiendo armas para que los «españoles de bien» puedan defenderse a tiro limpio en la calle de sus propios fantasmas va a ser muy difícil de igualar. Pero lo conseguirán. Crucen apuestas.