La disciplina 'azul' es historia

Nacho Sáez
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El PP de Segovia vive desde hace meses en convulsión: de la elección 'in extremis' de Génova de Pablo Pérez a las críticas del alcalde de El Espinar por «las promesas incumplidas» de la Dirección Provincial del Partido.

El presidente de honor del PP de Segovia, Francisco Vázquez, y a la derecha de la imagen la presidenta, Paloma Sanz. - Foto: Rosa Blanco

En una entrevista que publicará este periódico en los próximos días, el alcalde de El Espinar, el popular Javier Figueredo, carga con dureza contra la Dirección Provincial de su partido. «Esperamos todos los afiliados del partido en el municipio –que no somos pocos– que esto cambie. Llevamos mucho tiempo defraudados por una Dirección que hace caso omiso al municipio hoy en día más grande que está gobernando el PP. Vemos que día a día son promesas, promesas, promesas, y en esta campaña electoral, por ejemplo, no hemos tenido ningún apoyo por parte de la junta directiva del PP de Segovia. No es decepción, pero la gente se siente desengañada. Con una población de casi 10.000 habitantes y no tenemos representación [en la Diputación]. Es algo que tendrán que valorar ellos», señaló Figueredo el pasado jueves 18 cuando esta redacción le preguntó si estaba decepcionado por no haber sido elegido diputado provincial. Llega a decir que se lo habían prometido.
Sus palabras son el enésimo episodio en el convulso periodo en el que lleva inmerso el PP de Segovia los últimos meses, que ha hecho pasar a la historia la tradicional disciplina que se asociaba a los dirigentes y militantes de esta formación. Casi no hay semana tranquila para el aparato que dirige Paloma Sanz con Francisco Vázquez como presidente de honor. La armonía se empezó a quebrar con la elección ‘in extremis’ por parte de Génova de Pablo Pérez como candidato a la Alcaldía de Segovia cuando los favoritos de la Dirección Provincial eran José Mazarías, primero, y José Luis Sanz Merino, después. El portazo posterior de Silvia Clemente –la figura política más relevante de los populares segovianos probablemente en toda su historia– terminó de confirmar que algo estaba cambiando en un partido acostumbrado a lavar sus trapos sucios internamente para volver a mirar enseguida hacia adelante.
El aluvión de citas electorales trajo una tregua, al menos de cara al exterior, porque algunos incorporaron a su lista de enemigos a Miguel Ángel de Vicente (uno de los favoritos para suceder a Francisco Vázquez al frente de la Diputación) por su apoyo en el trabajo de campaña a Pablo Pérez. «Estaban esperando a que Pablo se diese un batacazo para pasarle la factura a Miguel Ángel, pero logró unos resultados que se pueden considerar buenos y Génova lo ha tenido en cuenta», apunta un afiliado que en el pasado ocupó cargos públicos y que ha vivido cerca los últimos acontecimientos.
Entre estos ha llamado la atención el ‘caso Javier Maroto’ y  el nulo peso que tiene Segovia en el nuevo Gobierno regional a pesar de la privilegiada posición como número dos de Castilla y León de Vázquez. Este ha sido nombrado vicepresidente de las Cortes, lo que ha dejado a la provincia huérfana de consejerías por primera vez en varios lustros. De Jesús Merino y Clemente a la nada, aunque el salto de Sanz Merino a la Viceconsejería de Infraestructuras y Emergencias sirve de pequeño consuelo.
Entre medias la elección de los diputados provinciales ha vuelto a tener un efecto de desgaste, tal y como confirman las declaraciones del alcalde de El Espinar. A pesar de que no se suele cumplir, los estatutos del partido marcan que los congresos provinciales deben celebrarse cada tres años. Paloma Sanz fue elegida en 2017, por lo que alcanzaría el final de su mandato el próximo año. Y parece que en esta ocasión sí que es muy probable que se sigan con rigurosidad los estatutos y que en 2020 el PP de Segovia vote para elegir presidenta o presidente.